¿Tú das propina?


¿Tú das propina?




Hello dear friends and welcome to Spanish Podcast. I am Mercedes speaking to you from Barcelona. In our 157th episode  (Do you let a tip?) we attend to a conversation on the tip between Lydia and her American friend, Hellen, at the end of the lunch. The positions of both about let or not a tip after dinner are completely opposite. Let's see why.


Hola queridos amigos y bienvenidos a Español Podcast. Soy Mercedes y os hablo desde Barcelona. En nuestro episodio número 157 (¿Tú das propina?) asistimos a la conversación que Lidia y su amiga norteamericana Hellen mantienen sobre la propina, al final de la comida. Las posiciones de ambas respecto a dejar o no dejar propina, o en qué cantidad, son totalmente opuestas. Veamos por qué.







Hellen :Lidia, déjame invitarte. Es lo menos que puedo hacer para agradecerte que me alojes en tu casa.

Lidia :Oye, Hellen, no tienes que agradecerme nada. Lo hago encantada.

Hellen :Lo sé, pero insisto: invito yo. A ver…son 22 euros. Dejaré 25.

Lidia :No tienes por qué. Yo suelo dejar 1 euro.

Hellen :Bueno, dejo 3 porque son el 15% del importe.

Lidia :Ya, ya, pero es que aquí las propinas no son exactamente el 10 ó el 15 por ciento de la cuenta, y menos si tomas el menú del día.

Hellen :Entonces, según tú, ¿cuánto dejo?

Lidia :Con este menú, yo siempre dejo 1 euro, tanto si vengo sola, como si venimos dos o tres.

Hellen :¿Y el camarero no te monta un pollo?

Lidia :¡Claro que no! La propina es un detalle que tienes con el camarero, pero un detalle voluntario, y siempre que el servicio haya sido correcto. Si no, ni un céntimo.

Hellen :¿Qué dices? ¿Tú puedes decidir no dejar nada? En Estados Unidos eso sería impensable. Las propinas suponen una parte importante del sueldo de los camareros.

Lidia :Lo sé, Hellen, y ése es el problema.

Hellen :No te entiendo…

Lidia :Claro. Si las propinas les son necesarias a los trabajadores de la hostelería para sobrevivir, entonces se entiende que te la exijan, pero entonces no es una propina (que para mí siempre es voluntaria y un detalle por un buen servicio). En esos casos es una especie de impuesto de servicio obligatorio, pero disfrazado de aportación voluntaria.

Hellen :Claro, hay que entender que funciona totalmente diferente en USA que en España.

Lidia :Bueno, en España y en otros muchos países. En Japón, las propinas son impensables. En Francia o en Italia son similares a España, aunque en muchos sitios ya la pagas puesto que hay el concepto de “servicio incluido” o “no incluido”, depende.

Hellen :Es cierto, en EE UU estamos acostumbrados a dar propinas en todos sitios: en cafeterías, restaurantes, hoteles, taxis,… todo tipo de servicios. Y si no las das, te persiguen para que expliques por qué. Te pueden montar un pollo de aquí te espero, y encima quedas como un roñica.

Lidia :Pues, mira, a mí eso de que te persigan y te pidan explicaciones, me parece intolerable. Son los empresarios hoteleros los que tienen que pagar sueldos dignos a sus empleados y no trasladar el problema al cliente. ¿Por qué tengo yo que asumir que esos ricos empresarios paguen un sueldo miserable a sus empleados?

Hellen :Eso es cierto, pero en Norte América, dar propina es una costumbre totalmente asumida. 

Lidia :Sí, pero no es así en otros países,Hellen. En cada país hay costumbres diferentes. Yo lo que digo es que la propina tiene que ser voluntaria y reflejar un buen servicio. Cuando me toca un camarero maleducado, o grosero, o descuidado, yo no dejo propina. ¿Por qué tendría que premiar un comportamiento así? Yo soy el cliente y a él le pagan por darme un buen servicio. Si el servicio es bueno, y yo puedo, doy propina. Si no, ni propina ni nada; alguna queja, si lo creo necesario.

Hellen :Para mí, el problema es cuánto dejar.

Lidia :Pues…depende. Yo suelo dejar 1 euro si voy de menú del día. Si hacemos una comida de entre 40 y 50 euros, dejo unos dos euros. Y si sube de 60 euros,…bueno, ahora con la crisis, siempre vamos a sitios baratos, pero buenos, ¿eh! En otros casos, hacemos lo que se llama el “redondeo”: que son 14 euros, dejas 15; que son 23´50, dejas 25; que son 37´75, dejas 40. A ver, un redondeo con sentido común, no que la cuenta sea 25´50 euros y dejes 30, ¿me entiendes, no?

Hellen :Perfectamente. Lo nuestro son 22, y dejo un euro (¿uno y medio?) de propina.

Lidia :A mí me parece bien.

Hellen :Es que, además, este camarero ha sido muy agradable y muy atento.

Lidia :Por eso le dejas un euro y medio.

Hellen :Ja ja ja…., ¡eres implacable!

Lidia :¡Que va! Es que aquí, en España, el asunto de las propinas funciona de otra manera. Y ahora, en estos tiempos económicamente tan difíciles, tienes que pensarlo todavía más.





Ya veis, amigos, los diferentes puntos de vista de Lidia y de Hellen  respecto al tema de las propinas.

La propina (p r o p i n a) es una cantidad equis de dinero que tú das voluntariamente, aparte del precio convenido por un servicio.

En España consideramos la propina como una pequeña aportación económica voluntaria que sueles dejar en una cafetería o en un restaurante, si estás satisfecho, si estás contento con el servicio.

El servicio es todo: que la comida esté bien, que el camarero haga su trabajo con corrección, que no tengas que esperar siglos para que te traigan las cosas, que te hagan caso si llamas al camarero,… todo. Así, pues, si tú estás satisfecho con el servicio recibido, entonces das propina o dejas propina, que de las dos maneras se dice:


- Dar propina


- Dejar propina



En España, las propinas no son grandes cantidades de dinero. Suelen oscilar entre los veinte céntimos de euro, el medio euro o el euro, en bares y cafeterías, por cunsumiciones típicas de bar (café con leche, expreso, cortado, desayuno, aperitivo, refresco, copa, tapa, etc.). Y el euro, o dos o tres euros, en restaurantes y dependiendo del importe total de la comida.

No es habitual, en los restaurantes españoles, encontrar en la nota un añadido que diga:


- Servicio incluido (en el importe)


O:


- Servicio no incluido


Este concepto de pagar por el servicio es más habitual en otros países europeos o americanos (norte, centro y suramericanos).

En España, un menú del día son 9 ó 10 euros, y ahí va todo incluido (a no ser que se especifique lo contrario en la cuenta)…, pero si no se especifica, está todo incluido: los platos, el postre, la bebida, y el IVA (el impuesto que se paga en este tipo de servicios). Todo lo demás, es decir, la propina, es cuestión tuya, pero siempre voluntaria, nunca obligada.

Muchas veces sí hay especificaciones de si el IVA está, o no, incluido en el precio, pero el IVA y el concepto “servicio” nada tienen que ver, son dos cosas independientes.

Nuestras amigas han comido dos menús del día. Hellen quiere invitar a Lidia para agradecerle que la haya invitado a pasar una semana en su casa.

Cuando te quieres mostrar cortés ante este agradecimiento, y contestar de manera adecuada, puedes decir esta fórmula que es muy usual en español:


- No tienes que agradecerme nada.


Es una fórmula para contestarle a alguien que te agradece algo que tú haces con gusto. Pero, además, puedes añadir:


- Lo hago encantada.


Este “lo” es “alojarte en mi casa”; eso es lo que hago encantada: acogerte en mi casa por unos días.

Bien. Hellen quiere invitarla. Mira la cuenta, la nota y ve que son 22 euros los dos menús, es decir, 11 euros cada menú. Hellen dice:


- Son 22 euros. Dejaré 25.


Es decir, tres euros más del importe de los dos menús.


Lidia se apresura a decir:


- No tienes por qué.


Es decir: “no tienes por qué dejar tres euros más del importe exacto”. Lidia apostilla:


- Yo suelo dejar 1 euro.



Recordad que el verbo “soler” quiere decir hacer algo habitualmente, tener la costumbre de…

Por eso, significan los mismo:


- Yo suelo dejar un euro


- Yo dejo un euro habitualmente


- Doy un euro normalmente


- Tengo la costumbre de dejar un euro 


- Yo siempre dejo un euro



Hellen se justifica:



- Bueno, dejo 3 porque son el 15% del importe



Hellen está acostumbrada a pagar el servicio de las cuentas de bares y restaurantes en New York, y ese servicio es del 15% (a veces, las menos, del 10%) y lo pagas sí o sí. Es decir, allá, la costumbre voluntaria se ha hecho norma y si tú no pagas -obligatoriamente- ese servicio, el camarero te perseguirá hasta la puerta del local y te exigirá que lo pagues. Y si te niegas, te exigirá también que des las explicaciones pertinentes por negarte a ello. Es decir, el camarero te arma un pollo de padre y muy señor mío, porque te niegas a darle la parte de su miserable sueldo que no le paga el impresentable de su jefe, el empresario.

¡Caramba! Debería haber un letrero en los establecimientos de hostelería, que dijera:


“Señores, el empresario me paga un sueldo miserable. Para vivir, necesito que ustedes, los clientes ,me paguen la otra mitad con un impuesto de servicio. Si no lo hacen, les montaré un pollo que se acordarán de mí el resto de sus vidas. La comida puede ser regular, los precios son altos, y yo no soy especialmente educado, pero usted, sí o sí, tendrá que abonar el “servicio”, o yo, personalmente, me encargaré de indigestarle la comida con la bronca que voy a armarle.”



Claro, si hubiese un cartel así, no habría ni dios en ese bar o en ese restaurante.

Bueno, pues ésa es la costumbre en otros países: el pago del servicio equivalente a una cantidad porcentual del importe, un porcentaje concretamente de un 10, un 15, o un 20 por ciento del importe, depende de los locales.

Lidia cree que Hellen tiene que saber cómo funcionan las cosas aquí, en España. Por eso dice:



- Pero es que aquí las propinas no son exactamente el 10 ó el 15 por ciento de la cuenta, y menos si tomas el menú del día.


- Con este menú, yo siempre dejo 1 euro, tanto si vengo sola, como si venimos dos o tres.


Hellen responde, sorprendida, con una frase hecha que le encanta para indicar una situación tensa, con discusión y conflicto. La frase es “montar un pollo” y que decimos cuando alguien monta un escándalo, una bronca, una discusión agresiva y violenta, con actitudes muy tensas y con un mosqueo evidente (un “mosqueo” es un enfado…, un cabreo evidente). Por eso Hellen dice:



- (…Y si dejas un euro…) ¿El camarero no te monta un pollo?



Y Lidia le dice que por supuesto que no, porque la propina es un detalle que tienes con el camarero, una pequeña deferencia para demostrar que el servicio te ha parecido correcto.

Pero es un detalle voluntario, es decir que si quieres lo haces y si no, no. 

Una cosa voluntaria es lo que se hace por voluntad espontánea, y no por obligación o por deber. Voluntario quiere decir optativo, libre. Y es lo contrario de algo forzado, algo obligatorio, una exigencia.


Recordad:



- Voluntario


Vs


- Obligatorio 



Lidia piensa que si el servicio no ha sido correcto, entonces no dejas propina, no dejas ni un céntimo, y nadie tiene que pedirte explicaciones por ello, ni tú estás obligado a darlas. Sí que puedes, si te ves con ánimos, quejarte de lo que consideras que ha sido incorrecto: los platos estaban fríos, han tardado una barbaridad en servirte, el camarero no te hacía ni caso cuando le pedías algo, el vino estaba caliente, has pedido dos veces un vaso más y no te lo han traído, …en fin, las mil y una cosas que pueden convertir en pésimo ese servicio.


Hellen no da crédito. Dice, asombrada:



- ¿Qué dices? ¿Tú puedes decidir no dejar nada? En Estados Unidos eso sería impensable. Las propinas suponen una parte importante del sueldo de los camareros.




Pues sí, es cierto, ése es el problema. En EE UU los trabajadores de la hostelería (camareros fundamentalmente) cobran sueldos muy bajos, la mayoría de las veces, sueldos miserables con los que difícilmente pueden vivir. Para completar ese sueldo que el empresario ha establecido, se le traslada la responsabilidad al cliente. A partir de ahí, todo se entiende. El camarero va a exigir esa propina, bajo el concepto de “servicio”, porque todas esas propinas juntas van a completar un sueldo un poco más digno.

¿Veis la jugada? El empresario paga un sueldo de miseria, pero se lava las manos como Pilatos y le traspasa su responsabilidad a los clientes. Todo el mundo se acostumbra a que las cosas funcionen así, y se acaban por establecer dos fuentes de ingresos: el patrono y el cliente. 

Si bien, aparentemente, la aportación del cliente (la propina) se disfraza de voluntaria, en realidad ha terminado por ser una exigencia real cuando pagas una cuenta de bar o de restaurante, una aportación forzada, obligada.

Hellen admite que en EE UU todo funciona con propinas prácticamente obligatorias. Y si no las das, se te piden explicaciones y encima quedas como un roñica.

Un “roñica” es una palabra entrañable y divertida para indicar que alguien no es generoso, que le cuesta muchísimo dar lo que los otros esperan, que no quiere soltar ni un euro por algo que lo vale. Un roñica es la forma coloquial de definir a una persona roñosa y avara, a alguien que no suelta dinero aunque sea para comprar el paraíso…

Hay un montón de palabras para designar a este tipo de personas, palabras como:



- Roñica 


- Roñoso


- Agarrado (o “agarrao”)


- Tacaño 


- Rácano 


- Miserable


- Rata



 Y otros tantos ejemplos:



- Necesito 200 euros para arreglar la moto y no sé de dónde sacarlos.

- Pídeselos a tu padre.

- ¿A mi padre? ¡Ni en sueños! Es tan roñoso, que no me daría ni 50…



- ¡Qué roñica! Mira que regalarme el reloj de plástico que daban con el periódico del domingo…



- Luis no querrá venir al teatro. Con lo agarrado que es, el precio de la entrada le parecerá astronómico.



- Venga, no seas tacaño, invita tú que para eso es tu cumpleaños.



- Jorge es un caso. Sólo fuma de lo que pide a los amigos…¡qué rácano! Todo por no comprarse tabaco.



- Ese empresario es un miserable. Está pagando sueldos que no llegan ni al Salario Mínimo Interprofesional. Habría que denunciarlo.



- El propietario del piso que tenemos alquilado es un rata. Hay un montón de cosas rotas que no funcionan, pero el tío no se gasta ni un duro en arreglarlas. ¡No hay derecho!




Bien, retomando el diálogo entre nuestras amigas, Lidia le está diciendo a Hellen que ella suele dejar 1 euro; o dos, dependiendo del importe. 

Y muchas veces, se hace un “redondeo”. Un r e d o n d e o es, como su propio nombre indica, hacer algo redondo. Cuando nos referimos a cantidades, redondear quiere decir proponer una cifra completa, no fraccionada. Se hace un redondeo pasando a una cantidad superior más completa, más redonda, más acabada.

Por eso, Lidia pone varios ejemplos de redondeo, redondeos pensados con sentido común -como dice ella-, o sea, con sensatez, con lógica, de una manera razonable y normal, redondeos como estos:


- Si son 14 euros, dejar 15

- Sin son 23´50, dejar 25

- Si son 37´75, dejar 40


No sueles dejar 30 si el importe es de 25´50; o sí, si tienes mucha pasta, pero lo habitual en este caso sería dejar 27 euros, o similar, (un euro y medio, o dos, de propina).


En fin, chicos, difícil debate en el que cada uno tiene una posición diferente, dependiendo de las costumbres de su país. Acabaremos con un pequeño diálogo de Lubitsch, de la película Ninotchka, entre Greta Garbo y el botonoes del hotel, cuando éste intenta ayudar a la diva con su equipaje:


Greta :¿Por qué quiere llevar mi equipaje?

Botones:Porque es mi trabajo, señora.

Greta :Eso no es un trabajo. Es una injusticia social.

Botones:Bueno, depende de la propina.


Ja, ja, ja, ….




Queridos amigos y queridas amigas, ¿qué os parece si volvemos a escuchar el diálogo de nuestro episodio, para ejercitéis un poquito más vuestra escucha, ahora a un ritmo más normal? Pues si vosotros queréis, yo estoy dispuesta:







Hellen :Lidia, déjame invitarte. Es lo menos que puedo hacer para agradecerte que me alojes en tu casa.

Lidia :Oye, Hellen, no tienes que agradecerme nada. Lo hago encantada.

Hellen :Lo sé, pero insisto: invito yo. A ver…son 22 euros. Dejaré 25.

Lidia :No tienes por qué. Yo suelo dejar 1 euro.

Hellen :Bueno, dejo 3 porque son el 15% del importe.

Lidia :Ya, ya, pero es que aquí las propinas no son exactamente el 10 ó el 15 por ciento de la cuenta, y menos si tomas el menú del día.

Hellen :Entonces, según tú, ¿cuánto dejo?

Lidia :Con este menú, yo siempre dejo 1 euro, tanto si vengo sola, como si venimos dos o tres.

Hellen :¿Y el camarero no te monta un pollo?

Lidia :¡Claro que no! La propina es un detalle que tienes con el camarero, pero un detalle voluntario, y siempre que el servicio haya sido correcto. Si no, ni un céntimo.

Hellen :¿Qué dices? ¿Tú puedes decidir no dejar nada? En Estados Unidos eso sería impensable. Las propinas suponen una parte importante del sueldo de los camareros.

Lidia :Lo sé, Hellen, y ése es el problema.

Hellen :No te entiendo…

Lidia :Claro. Si las propinas les son necesarias a los trabajadores de la hostelería para sobrevivir, entonces se entiende que te la exijan, pero entonces no es una propina (que para mí siempre es voluntaria y un detalle por un buen servicio). En esos casos es una especie de impuesto de servicio obligatorio, pero disfrazado de aportación voluntaria.

Hellen :Claro, hay que entender que funciona totalmente diferente en USA que en España.

Lidia :Bueno, en España y en otros muchos países. En Japón, las propinas son impensables. En Francia o en Italia son similares a España, aunque en muchos sitios ya la pagas puesto que hay el concepto de “servicio incluido” o “no incluido”, depende.

Hellen :Es cierto, en EE UU estamos acostumbrados a dar propinas en todos sitios: en cafeterías, restaurantes, hoteles, taxis,… todo tipo de servicios. Y si no las das, te persiguen para que expliques por qué. Te pueden montar un pollo de aquí te espero, y encima quedas como un roñica.

Lidia :Pues, mira, a mí eso de que te persigan y te pidan explicaciones, me parece intolerable. Son los empresarios hoteleros los que tienen que pagar sueldos dignos a sus empleados y no trasladar el problema al cliente. ¿Por qué tengo yo que asumir que esos ricos empresarios paguen un sueldo miserable a sus empleados?

Hellen :Eso es cierto, pero en Norte América, dar propina es una costumbre totalmente asumida. 

Lidia :Sí, pero no es así en otros países,Hellen. En cada país hay costumbres diferentes. Yo lo que digo es que la propina tiene que ser voluntaria y reflejar un buen servicio. Cuando me toca un camarero maleducado, o grosero, o descuidado, yo no dejo propina. ¿Por qué tendría que premiar un comportamiento así? Yo soy el cliente y a él le pagan por darme un buen servicio. Si el servicio es bueno, y yo puedo, doy propina. Si no, ni propina ni nada; alguna queja, si lo creo necesario.

Hellen :Para mí, el problema es cuánto dejar.

Lidia :Pues…depende. Yo suelo dejar 1 euro si voy de menú del día. Si hacemos una comida de entre 40 y 50 euros, dejo unos dos euros. Y si sube de 60 euros,…bueno, ahora con la crisis, siempre vamos a sitios baratos, pero buenos, ¿eh! En otros casos, hacemos lo que se llama el “redondeo”: que son 14 euros, dejas 15; que son 23´50, dejas 25; que son 37´75, dejas 40. A ver, un redondeo con sentido común, no que la cuenta sea 25´50 euros y dejes 30, ¿me entiendes, no?

Hellen :Perfectamente. Lo nuestro son 22, y dejo un euro (¿uno y medio?) de propina.

Lidia :A mí me parece bien.

Hellen :Es que, además, este camarero ha sido muy agradable y muy atento.

Lidia :Por eso le dejas un euro y medio.

Hellen :Ja ja ja…., ¡eres implacable!

Lidia :¡Que va! Es que aquí, en España, el asunto de las propinas funciona de otra manera. Y ahora, en estos tiempos económicamente tan difíciles, tienes que pensarlo todavía más.





Queridas amigas y queridos amigos, espero y deseo estar de nuevo prontito con todos vosotros, y continuar juntos esta hermosa aventura de conocer, ampliar, perfeccionar y hablar cada vez mejor esta fantástica lengua que es el español. Yo continuaré poniendo mi granito de arena para ayudaros a conseguirlos, y vosotros, con vuestra fidelidad, podéis poner el vuestro. Cariñosos saludos para todos. Nos vemos. Adiós.









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