Sra Merkel, quiérame un poquito


Sra. Merkel, quiérame un poquito


Hello dear friends and welcome to Spanishpodcast. I am Mercedes speaking to you from Barcelona. In our 159th episode (Ms. Merkel love me a little), Matilde, Paula and Gregorio (mother, daughter and granfather) are talking about the crisis and the Spanish situation now a days. Paula has been working in Germany for three years  and she is become now to spend a hollidays week with her spanish family. Their points of view are obviously very different because they belong to three different generations and have three different perspectives of the world.

Hola, queridos amigos, y bienvenidos a Español Podcast. Soy Mercedes y os hablo desde Barcelona. En nuestro episodio número 159 (Sra. Merkel, quiérame un poquito), Matilde, Paula y Gregorio (madre, hija y abuelo respectivamente) están conversando sobre la crisis económica en general y sobre la dramática situación de España en particular. Paula lleva tres años trabajando en Alemania y ahora está pasando una semana de vacaciones con su familia, en España. Lógicamente, los puntos de vista de los tres corresponden a tres generaciones muy distintas y a tres perspectivas del mundo. 

Episodio nº 159, Sra. Merkel, quiérame un poquito. ¿Tenéis ganas de saber cómo están viviendo muchos españoles el tutelaje alemán sobre nuestra economía? ¿Queréis conocer los pros y contras de ello? ¿Os interesa saber en qué medida los prejuicios pueden obstaculizar una percepción racional de la realidad? Pues ya sabéis el método: acompañadnos un ratito y os enteraréis hasta de los más pequeños detalles. Allá vamos.

Matilde :Ay, hija, han vuelto a recortarles el sueldo a los funcionarios. Tu padre está que trina.

Paula :Lo sé, mamá, y lo siento, pero ésa va a ser la tónica en el futuro.

Matilde :Paula, no digas eso. Esto se va a arreglar.

Paula :Sí, mamá, se va a arreglar dentro de ocho o diez años. Pero las cosas nunca volverán a ser como antes.

Matilde :Pero, hija, ¿por qué lo ves todo tan negro?

Paula :No, mamá, no es que lo vea negro, es que intento ver las cosas como son, intento ser realista.

Abuelo :Eso, en mis tiempo, no pasaba.

Paula :¿El qué, abuelo?

Abuelo :Que vinieran los alemanes a quitarnos los cuartos.

Paula :Abuelo, no es por llevarte la contraria, pero es más bien al revés. Los alemanes no vienen a quitarnos nada, vienen a prestarnos dinero.

Matilde :Sí, hija, no lo dudo, pero hay que ver a Sra. Merkel paseándose por Europa como si fuera la dueña del mundo.

Paula :Del mundo, no, pero de Europa, lo es, hoy por hoy. Mira, mamá, quien paga, manda. Y Alemania es el país que más dinero pone para los fondos europeos y el que más presta. Por lo tanto, tiene derecho a poner condiciones.

Matilde :Pero, hija, que nos están quitando aquello por lo que llevamos toda la vida luchando: nuestro sistema de Educación, de Sanidad, de Empleo, de consumo,…¡qué tristeza, por Dios! ¡Qué situación tan terrible!

Abuelo :¿Ves? Lo que yo decía, que nos lo están quitando todo.

Paula :¡Por el amor de Dios!, ¿queréis los dos dejar de decir barbaridades? Aquí, los únicos que nos han quitado algo, hemos sido nosotros mismos, nuestros malos Gobiernos, nuestros malos Bancos, nuestras malas empresas, los ciudadanos españoles que vivíamos en una mentira, y sobre todo las personas sin escrúpulos que han hecho de la corrupción su modo de vida. 

Hay que aceptar que hemos gastado el dinero a manos llenas, a tontas y a locas, sin control. Primero, con dinero real: producíamos, crecíamos, gastábamos. Y después, pidiendo créditos, con dinero prestado, un dinero cada vez más imaginario que real. 

Matilde :Ya, hija, ya, …

Paula :En los últimos diez años, nuestra moneda no era el euro, era la deuda. Con nuestras deudas comprábamos de todo: casas, coches, neveras, ordenadores, teles,…hasta las vacaciones y los viajes exóticos los pagábamos a crédito, endeudándonos cada vez más y sin dinero real con que pagar las deudas.

Todo el mundo creía estar en Creditolandia y que eso sería para siempre.

Matilde :Es verdad, hija, todos lo creímos…

Paula :Pero, al final, la deuda creció tanto, tanto, y el dinero real disminuyó tanto, que todos los países mágicos en los que vivíamos (Creditolandia, Consumolandia,…) se desintegraron, desaparecieron.

La deuda de los Gobiernos (y su mala gestión), la deuda de las empresas, la de los Bancos (y su mala gestión), la deuda de las familias y la de los ciudadanos,  se alejó totalmente del dinero real, de la productividad y de las ganancias, y todo se fue al carajo. Y mientras tanto la corrupción crecía y crecía, y no era castigada.

Matilde :Sí, es verdad, la mala gestión de los Gobiernos, y la corrupción y el abuso han destrozado este país.

Paula :Pero la Sra. Merkel tuvo poco que ver en esto. De hecho, mamá, esto pasó de forma similar en Alemania, hace diez años, y ellos entonces hicieron lo que fue necesario para salir de una situación de crisis.

¿Por qué crees, si no, que en Alemania, una cuarta parte de la población activa trabaja en minijobs, con sueldos miserables y sin contrato estable?

Matilde :No sé, hija, quizás tengas razón. Pero, para mí, todo esto es muy doloroso. Tu padre y yo llevamos toda la vida trabajando para dejaros a vosotros, a los jóvenes, un futuro mejor. Y ahora tengo que oír en la tele que los del Norte nos consideran unos gandules, poco trabajadores…¡Vamos, no hay derecho!

Hija, no me negarás que este gente cree que estamos todo el día en la playa, en los toros, echando la siesta o bebiendo sangría…

Paula :Mamá, eso sólo puede pensarlo gente ignorante. Pero lo que sí que es cierto es que somos menos productivos y que eso hay que revisarlo. Hay que revisar los horarios de trabajo, los sueldos, la productividad, la dedicación, estimular el empleo y cortar la corrupción de raíz.

Matilde :¡Ay, hija mía! Llevas tres años trabajando en Alemania y ya piensas como ellos.

Abuelo :¿Ves? Ya la han estropeado, a la niña, con lo maja que era…

Paula :Mamá, deberías ser más agradecida con el país que me está dando trabajo. ¿O es que ya no te cuerdas de los dos años de paro que tuve que sufrir al acabar la carrera?

Matilde :Mira, hija mía, yo soy más vieja que tú y todavía recuerdo los miles de españoles que tuvieron que emigrar a Europa en los sesenta, en condiciones durísimas, separados de su familia, con trabajos y horarios hechos para esclavos.

Paula :Sí, mamá, pero se iban porque allí les daban trabajo y aquí se morían de hambre.

Matilde :No sigas, Paula, que me están entrando ganas de llorar…

Abuelo :Los checos sí que hacían buenos coches. Y buenos fusiles, sí señor, ¡maquinaria de calidad!

Paula :Abuelo, que ahora no hablamos de los checos.

Mamá, por favor, que yo también estoy profundamente triste por los efectos de la maldita crisis sobre nuestro país, sobre España. Pero intento ser objetiva y no dejarme llevar ni por las emociones ni por los prejuicios.

Matilde :Ya lo sé, hija, pero es que hay tantas cosas que no entiendo y tengo tanto miedo al futuro, que no puedo pensar con claridad.

Paula :Pues no tengas miedo, mamá. Aprenderemos que vivir de otra manera, pero saldremos adelante.

Matilde :Eso. Y decirle a la Sra. Merkel que nos quiera un poquito, que aquí somos gente buena, trabajadora y honesta.

Abuelo :Eso, trabajando toda la vida, para ahora tener que pagar más medicinas. Y yo tomo nueve al día…

Paula :Mamá, lo único que quiere la señora Merkel es que le devuelvan lo que presta. No es una cuestión de afectos. Yo no necesito que me quiera, sólo que no me ahogue para poder devolverle el préstamo.

Abuelo :¿Alguien me baja a la plaza a tomar el sol?


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Tres generaciones mirando la crisis que asola mi país, España. Tres generaciones que intentan entender qué pasa, qué ha pasado y qué pasará, es decir, qué nos depara el futuro.

La madre, Matilde, transmite su angustia a su hija, Paula, sobre la segunda reducción de sueldo de los funcionarios, otro de los recortes que el Gobierno ha impuesto, entre muchos otros, para intentar controlar la situación de caos económico de España.

Ya hemos hablado en otros episodios de los dramáticos recortes que el Gobierno de España está haciendo, por ello no insistimos más sobre este concepto. Si quieres ampliarlo, pon la palabra “recorte” en el buscador de Google de nuestra página inicial (home) y te saldrá todo el trabajo sobre este término.

Pero sí que vamos a recordar que ya se ha producido el segundo recorte, o el segundo ajuste (o la segunda bajada, como prefiráis) de la nómina de los empleados públicos. Por eso la madre dice:


- Ay, hija, han vuelto a recortarles el sueldo a los funcionarios. Tu padre está que trina.


Esta frase hecha: alguien está que trina, quiere decir que alguien está muy, muy enfadado por algo, y que además protesta enérgicamente por ello.


Puedo decir:


- Jorge está que trina. Le han subido la hipoteca y le han bajado el sueldo.


O:


- Pepito, esta noche tu padre y yo hablaremos contigo sobre tus malas notas en el colegio. Pero…¡prepárate para la bronca!, ¡tu padre está que trina!


O:


- El vecino de arriba ha tenido un escape de agua y nos cae agua en nuestro dormitorio. Pablo está que trina. Dice que los va a denunciar. Llevamos dos días así y aún no lo han arreglado.


Recordad que las frases hechas son como son y no le les puede cambiar ni una letra, ni una coma,…¡nada!


Esta es:


  • Fulanito o menganito está que trina


-…Está que trina


Y suele usarse refiriéndonos a una tercera persona.


Paula intenta consolar a su madre:


- Lo sé, mamá, y lo siento.


Pero, al mismo tiempo, pretende transmitirle a su madre la certeza de que esto no es una situación ni breve, ni transitoria, sino que va para largo y que significa despedirse de un modelo socioeconómico insostenible. Por eso dice:


- Lo sé, mamá, y lo siento, pero ésa va a ser la tónica en el futuro.


La madre no quiere oír esto, o no puede. Le duele demasiado, por eso dice:


- No digas eso, Paula. Esto se va a arreglar.


Cuando queremos decir de una forma suave, incluso un poco cariñosa, que algo no es tan grave como parece, decimos esta fórmula:


- No digas eso


Como en:


- Estoy muy preocupada. El cáncer de mi padre se agrava y nos tememos lo peor

- No digas eso, mujer, ya verás como va a mejorar un poco



O:


- No soporto estar separado de Emma, no lo soporto. Voy a volverme loco…

- No digas eso, hombre, ya verás como todo se arregla dentro de un tiempo


O:


- Si la crisis sigue machacándonos, tendremos que devolverle el piso al Banco y emigrar a otro país a buscarnos la vida

- No digas eso, cariño, yo aún mantengo la esperanza de que saldremos de ésta


¿Veis? Lo mismo, una fórmula que es como es, y no de otra forma. Esta es:


- No digas eso…

Acompañado, o no, del nombre del interlocutor, o de las maneras coloquiales de nombrarle como “hombre” o “mujer”:


- No digas eso, Pablo…

- Ruth, no digas eso…

- No digas eso, mujer…

- Hombre, no digas eso…


Etc.


Paula matiza:


- Sí, mamá, se va a arreglar dentro de ocho o diez años. Pero las cosas nunca volverán a ser como antes.



Cuando algo se arregla es porque se soluciona. 


Y la madre, Matilde, le pregunta que por qué lo ve todo tan negro. “Verlo todo negro” es una frase hecha para decir que alguien tiene un punto de vista muy pesimista, que no deja lugar a la esperanza, que ve siempre el lado negativo de las cosas.


- Pero, hija, ¿por qué lo ves todo tan negro?


Paula intenta contestar suavemente a su madre, pero no quiere disfrazar sus pensamientos:


- No, mamá, no es que lo vea negro, es que intento ver las cosas como son, intento ser realista.


Decimos que alguien es realista cuando percibe la realidad lo menos deformada posible, cuando intenta ser racional, pragmático, con lo que pasa, y no se deja llevar por sus emociones, sus deseos o sus prejuicios. 

Fijaos bien y no os equivoquéis de palabra: aquí estamos hablando de prejuicios (opiniones negativas formadas sin conocer realmente aquello sobre lo que se opina), prejuicios…p r e…, p r e…, pre…prejuicios. Y no perjuicios (que son daños materiales, físicos o morales) y entonces es p e r…, p e r…, per…, per…, perjuicios. Prejuicios: opiniones negativas sin fundamentos; perjuicios: daños físicos o morales. Veis que ambas palabras tienen exactamente las mismas letras y que sólo cambia la posición de la segunda y tercera letras para formas dos palabras totalmente distintas. Repetidlas un poquito para fijarlas y memorizad los significados. Os irá bien.


En ese momento entra en escena el abuelo, un entrañable viejecito de 91 años, con la cabeza lúcida, pero con 91 tacos a sus espaldas. El hombre cree seguir la conversación entre su hija (Matilde) y su nieta (Paula), aunque no parece que lo logre del todo. Dice:


- Eso, en mis tiempos, no pasaba


Paula no sabe a qué se refiere.


- ¿El qué, abuelo?


Y el abuelo suelta:


- Que vinieran los alemanes a quitarnos los cuartos.


Los “cuartos” era la antigua forma coloquial y entrañable de algunos de nuestros mayores para referirse al dinero.

Paula se controla. Su abuelo es muy mayor y hay que tolerar que diga cosas raras, o inexactas, o equivocadas, o…En fin, Paula le dice:


- Abuelo, no es por llevarte la contraria, pero es más bien al revés. Los alemanes no vienen a quitarnos nada, vienen a prestarnos dinero.


Prestar algo es entregar algo a alguien, a condición de que lo devuelva en un plazo de tiempo determinado. Prestar algo es dejarlo temporalmente, no de una forma definitiva. Cuando se trata de dinero, se presta y se establece un plazo de devolución. Y si son instituciones, o Bancos, o Estados, se establece no sólo un plazo de devolución, sino también unos intereses sobre el dinero prestado, es decir, un beneficio para quien lo presta, para el prestamista. Los intereses los paga, obviamente, quien ha pedido el préstamo, es decir, el deudor.


Paula le dice a su abuelo que “los alemanes”, como él dice, no sólo no nos quitan nada, sino que nos prestan dinero, evidentemente poniendo condiciones para su devolución (plazos de tiempo, garantías, …) y fijando los intereses a pagar.


¿Que por qué nos cobran intereses? Ja ja ja… pues porque no son la Madre Teresa de Calcuta, ni Papá Noel, ni una Fundación Benéfica, y tampoco obtienen su dinero de una nave mágica extraterrestre,  ni tienen por qué arriesgarse a prestar su dinero si no es a cambio de algo.

Es que la cosa tiene gracia. Es como creer en los cuentos de hadas y creer que el hada buena es Alemania, con varita mágica incluida. En fin, de golpe, aparece otro de los prejuicios que está recorriendo Europa: la figura de Frau Merkel asociada a la prepotencia, al poder abusivo, a la ambición, al castigo a otros países, al autoritarismo, … en fin, la bruja mala de los cuentos sale mejor parada que Angela Merkel.


Por eso, la madre dice:


- Sí, hija, no lo dudo (que los alemanes presten dinero), pero hay que ver a la Sra. Merkel paseándose por Europa, como si fuera la dueña del mundo.


Eso es lo que provocan los prejuicios, que le atribuyas a las personas o a las cosas, cualidades negativas que no tienen, sino que tú quieres creer que sí tienen.

La señora Merkel no se pasea por Europa como si fuera la dueña del mundo, pero hay que aceptar de que se pasea como lo que es hoy por hoy: la política más influyente de Europa, la jefa de Gobierno del país más saneado económicamente de Europa (junto a otros países del Norte, como Holanda, Austria o Finlandia, pero Alemania con mucho más peso político).

Paula admite:


- Del mundo, no, pero de Europa, lo es (es la dueña de Europa)


Y añade:


- Mira, mamá, quien paga, manda.


Una frase hecha de una dureza y de una veracidad a prueba de dudas:


- Quien paga, manda


Es decir, quien pone el dinero, pone las condiciones. Y quien lo presta, también. Si pensáis un poco la frase, veréis cómo acabáis estando de acuerdo…


- Mira, mamá, quien paga, manda. Y Alemania es el país que más dinero pone en los fondos europeos y el que más presta. Por lo tanto, tiene derecho a poner condiciones.


Sí, es cierto, Alemania es el país que aporta más dinero a los fondos, a las reservas económicas de las que dispone la Unión Europea: casi un tercio del total, una tercera parte. Y sólo entre Alemania y Francia aportan el 45% -casi la mitad- de esos fondos.

Pero aquí, a veces, parece que nadie quiera admitir ese dato; antes al contrario, se tiende a negarlo.

Matilde está angustiada. Entiende perfectamente a su hija, pero también necesita hablar de sus propias frustraciones, de sus miedos, de su angustia, de su incomprensión de lo que está pasando. Por eso dice:


- Pero, hija mía, que nos están quitando aquello por lo que llevamos toda la vida luchando: nuestros sistema de Educación, de Sanidad, de empleo, de consumo, …¡Qué tristeza, por Dios! ¡Qué situación tan terrible!


Matilde no miente. Está triste, decepcionada, frustrada. Ella no puede entender que, después de luchar toda una vida trabajando sin descanso, sus sueldos estén en peligro y sus futuras pensiones de jubilación, también. Su marido y ella han trabajado duro a lo largo de toda su vida para asegurar su vejez y para mejorar las condiciones de vida de sus hijos. Matilde considera injusto todo lo que les está pasando. Ni su marido ni ella se lo merecen.


El abuelo oye algo de quitar y se suma al argumento de Matilde, desde su peculiar perspectiva, claro:


- ¿Ves? Lo que yo decía, que nos lo están quitando todo.


Paula empieza a ver nubarrones de tormenta en la discusión. Comprende perfectamente los sentimientos de su madre, pero cree que hay que aclarar algunas cosas:



- ¡Por el amor de Dios, ¿queréis los dos dejar de decir barbaridades? Aquí, los únicos que nos han quitado algo, hemos sido nosotros mismos, nuestros malos Gobiernos, nuestros malos Bancos, nuestras malas empresas, los ciudadanos españoles que vivíamos en una mentira, y sobre todo las personas sin escrúpulos que han hecho de la corrupción su modo de vida. 

Hay que aceptar que hemos gastado el dinero a manos llenas, a tontas y a locas, sin control. Primero, con dinero real: producíamos, crecíamos, gastábamos. Y después, pidiendo créditos, con dinero prestado, un dinero cada vez más imaginario que real. 

En los últimos diez años, nuestra moneda no era el euro, era la deuda. Con nuestras deudas comprábamos de todo: casas, coches, neveras, ordenadores, teles,…hasta las vacaciones y los viajes exóticos los pagábamos a crédito, endeudándonos cada vez más y sin dinero real con que pagar las deudas.

Todo el mundo creía estar en Creditolandia y que eso sería para siempre.

Pero, al final, la deuda creció tanto, tanto, y el dinero real disminuyó tanto, que todos los países mágicos en los que vivíamos (Creditolandia, Consumolandia,…) se desintegraron, desaparecieron.

La deuda de los Gobiernos (y su mala gestión), la deuda de las empresas, la de los Bancos (y su mala gestión), la deuda de las familias y la de los ciudadanos,  se alejó totalmente del dinero real, de la productividad y de las ganancias, y todo se fue al carajo. Y mientras tanto la corrupción crecía y crecía, y no era castigada.

Pero la Sra. Merkel tuvo poco que ver en esto. De hecho, mamá, esto pasó de forma similar en Alemania, hace diez años, y ellos entonces hicieron lo que fue necesario para salir de una situación de crisis.

¿Por qué crees, si no, que en Alemania, una cuarta parte de la población activa trabaja en minijobs, con sueldos miserables y sin contrato estable?


Y sí, es cierto, estar endeudado, o sea, deber dinero al Banco, llegó a ser la forma habitual de poseer cosas. Y la gente creyó que esa era la manera de hacer crecer el país: consumir, consumir y consumir; comprar, comprar y comprar, sin límite, pero a crédito, endeudándose, alejándose cada vez más del dinero real y sobrepasando las posibilidades reales de devolverlo, de pagar la deuda.

Fijaos en esas expresiones:


- Gastar el dinero a manos llenas

- Gastar a tontas y a locas


Dos frases hechas para hablar de gastar dinero compulsivamente, sin control, sin límite. Y recordad que el crédito es el préstamo que se pide a un Banco, con el compromiso de devolverlo con intereses en un plazo determinado. Y endeudarse es vivir lleno de deudas, pedir créditos para comprar todo tipo de cosas y llegar a acumular deudas a las que quizás después no puedes responder. Por eso, si la deuda crece por encima de tus ganancias, esa deuda se va haciendo gigantesca hasta que te ahoga, no puedes devolverla y caes. Y esto en personas, Bancos, empresas, o países.



La madre, Matilde, le da una parte de razón a su hija, pero dice que esto es muy doloroso para ella. Dice que le duelen especialmente las opiniones que se vierten por ahí sobre los ciudadanos del Sur de Europa. “Los del Norte” son ciudadanos alemanes, holandeses, austriacos, finlandeses, suizos, etc. Los del Sur son portugueses, italianos, griegos, españoles,…

Pero sí parece que, algunos partidos políticos en busca del voto fácil y demagógico, han hecho alguna alusión a la idiosincrasia de los de Sur, como que son unos “gandules” y poco trabajadores.

Gandul quiere decir vago, perezoso, que no te gusta trabajar. Pero, sería bueno destruir también este prejuicio, porque aquí, en España, o en Portugal, o en Italia, o en Grecia, se trabaja como en todos sitios: mucho, duro y, a veces, por poco sueldo. Otra cosa es que los Gobiernos, los Bancos, o las empresas, gestionen mal las cosas, los presupuestos, la productividad, o las ganancias, pero el trabajador trabaja durante toda su vida. 

Eso, por no hablar de los tópicos por los que alguna gente cree que los españoles nos pasamos el día dándole al vino o a la sangría, que nos echamos la siesta (dormir un rato después de comer) día sí y día también, que cantamos flamenco a todas horas, que vamos todos los domingos a los toros y que tocamos palmas en todos los saraos…¡y olé! 

Pues no, señores míos, a mí no me gustan los toros, me gusta sólo el buen flamenco y a pequeñas dosis, bebo vino sólo de vez en cuando y nunca toco palmas en las fiestas a las que asisto, en las que conversamos, oímos buena música y disfrutamos de los amigos. Y al igual que al resto de los mortales, me gustan los buenos libros, el arte, pasear por la naturaleza, me gustan las buenas conversaciones al calor de un café, la seriedad en el trabajo, ser competente en lo que hago, me gusta la ética en mis relaciones personales, …¿sigo? 

Sí, claro, a todos nos gusta vivir bien, ¿no? A los del Norte y a los del Sur, a las personas de cualquier lugar del mundo. Nos gusta estar lo mejor posible en el mundo, comer bien, reír, viajar,…pero eso no tiene nada que ver con trabajar duro, con intentar hacer tu trabajo lo mejor posible, con ser cada vez más competente en lo que haces, más útil socialmente. Además, en todos sitios hay gente estupenda y en todos sitios hay indeseables.


Ay, ay, ay, que me enrollo y el podcast se alarga y se alarga…, pero es que a veces no puedo evitarlo, es como charlar con vosotros, no es un guión aprendido…


Paula le dice a su madre que no haga caso de ese tipo de comentarios, pero cree, sin embargo, que hay aspectos del trabajo que se pueden mejorar, y mucho en algunos casos. Por eso cree que hay que revisar horarios, que hay que revisar la productividad, la dedicación, o los sueldos abusivos de algunos directivos.


Matilde, que no consigue que su hija le dé la razón en casi nada, exclama:


- ¡Ay, hija mía! Llevas tres años trabajando en Alemania y ya piensas como ellos.


La madre lo dice sin mala fe, pero con un poco de retintín para picar a Paula.


Paula le recuerda a su madre por qué se fue a Alemania. Y se fue porque no pudo encontrar trabajo aquí, en España, a lo largo de dos años y con su título universitario recién estrenado.

Por eso cree que su madre debería estar agradecida al país que le está dando trabajo. Estar agradecido quiere decir sentir gratitud por algo que has recibido, dar las gracias.

Así es. Paula acabó la carrera y durante dos años no logró encontrar trabajo aquí, en su país. Supo que en Alemania podía tenerlo, aprendió alemán básico durante tres meses y se fue para allá con la seguridad de un contrato laboral. Ahora lleva ya tres años. No es la tierra prometida, pero ella está contenta, tiene trabajo, se defiende con el alemán y está saliendo con Hans, un colega de la empresa. No sabe si volverá o no a España, pero de momento está bien allí.


Pero la madre querría compartir más cosas con su hija, aunque Paula se resiste a seguir con los tópicos. 

Para más inri, el abuelo, que va pescando algunas cosas de la conversación, se compincha con la madre y le dice:


- ¿Ves? Ya la han estropeado, a la niña, con lo maja que era…


Estropear es deteriorar una cosa, hacerla mala, echarla a perder. 

Maja o majo es una palabra muy usada en algunas zonas de España y que significa agradable, simpática, bonita,…y se aplica a personas y a cosas. Cuando se aplica a personas, y se dice de alguien que es muy majo, o muy maja, puede querer decir multitud de cosas: que esa persona es guapa, agradable, simpática, buena persona, lista, guapa, amable, generosa, …según el contexto puede ser muchas cosas, pero siempre son cualidades positivas.


Pero Matilde tiene una edad y una biografía. Ella aún recuerda el éxodo de cientos de miles de españoles a Centroeuropa, sobre todo a Alemania, en los años 60, para lograr un trabajo seguro y poder enviar dinero a sus familias, muchas de las cuales tenían que quedarse en España.

Matilde considera que todos estos jóvenes que tienen que emigrar de nuevo en busca de empleo a Alemania, a Reino Unido, o a Suiza, son el segundo éxodo de españoles, esta vez de gente mucho más preparada y con la posibilidad de obtener empleos más cualificados.


Ante tantos datos y tantas emociones, al abuelo se le va un poco la olla y cree que ahora están hablando de los checos y lo buenos que eran en algunos trabajos:


- Los checos sí que hacían buenos coches, y buenos fusiles, ¡sí señor! Maquinaria de calidad.


Paula deja al abuelo por imposible. Le dice a su madre que ella también está triste, muy triste, por la situación que atraviesa España en estos momentos. Pero gasta el último cartucho en intentar explicarle a su madre que es bueno pensar con el mínimo de prejuicios posible, intentando controlar las emociones.

Matilde acaba por confesarle que hay muchas cosas que no entiende y que tiene miedo…

(Ay que me emociono con lo que yo misma escribo…)

Paula la apoya, la acoge y la tranquiliza, porque está firmemente convencida de que la única emoción contra la que hay que luchar es el miedo. El miedo no entra en su vocabulario. Por eso le dice:


- Pues no tengas miedo, mamá. Tendremos que vivir de otra forma, pero saldremos adelante.


Cuando alguien habla de salir adelante habla de superar las dificultades, de dar solución a los problemas, de saber atravesar situaciones adversas.


Matilde, entre bromas y veras, dice:


- Eso, y decirle a la Sra. Merkel que nos quiera un poco, que aquí somos gente buena, trabajadora y honesta


El abuelo sale de nuevo por peteneras:


- Eso, trabajando toda la vida para ahora tener que pagar más medicinas. Y yo tomo nueve al día…


Paula hace un intento final de aclarar las cosas, aunque sabe que no va a tener mucho éxito:


- Mamá, lo único que quiere la señora Merkel es que le devuelvan lo que presta. No es una cuestión de afectos. Yo no necesito que me quiera, sólo que no me ahogue para poder devolverle el préstamo.


Y la verdad es que parece que el gobierno español no tiene muy claro eso de no ahogarnos…porque aquí está todo el mundo con el agua al cuello.


Ante el denso silencio que se apodera de la habitación, el abuelo se decide a reclamar su ratito de sol diario:


- ¿Alguien me baja a la plaza a tomar el sol?





Bien, amigos, volved a escuchar el diálogo del principio del episodio para poder captarlo ahora con todos sus matices.

Queridas amigas y queridos amigos, espero volver a estar con vosotros muy pronto, con un nuevo tema, nuevos repasos de algunos puntos gramaticales, nuevo vocabulario y nuevas expresiones coloquiales, para que sigáis enriqueciendo y perfeccionando vuestro español. Como siempre, os deseo lo mejor y me congratulo de disfrutar de vuestra compañía tan a menudo. 

Chao, nos vemos.



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