Contexto y Cortesía verbal en español

 



Contexto y

Cortesía verbal en español



Hello, my friends, and welcome to Spanish Podcast. I am Mercedes speaking to you from Barcelona. Our 161st episode  “Quería, querría, quisiera: verbal courtesy in the Spanish Language”, contains four subepisodes. We publish today first and second chapters:

*  161 A: Contexto y cortesía verbal en español

*  161 B:  Quería, imperfecto de cortesía


 And in few days you will have the next two:

*  161 C:  Querría, condicional de cortesía

*  161 D:  Quisiera, imperfecto de subjuntivo


 So completing this work. 

The first is devoted to the relationship between the Context and the use of the Verbal Times and Modes of Courtesy, among other atenuatting elements of speech in communicative situations. 

The second is about the Imperfect of Courtesy (I wanted and others). 

The third subepisode is about the use of the Conditional of Courtesy of some verbs (including to want: I would like to). 

And the fourth is devoted to the Imperfect of Subjunctive (quisiera and other verbs).

This work has appeared in the Spanishpodcast Blog over eight consecutive weeks. In the Blog, each Chapter contains the text and the corresponding audio, in Spanish, of course. Now, the friends of Spanish Podcast that we only follow by iTunes, may also get this work in full audio, divided into four parts.

Everyone who want the four guides, in PDF format, can visit the website www.spanishpodcast.org and can download to easily read them. 

We hope that this new material will help you understand the use of these times and verbal modes, as well as you get to know this use with the multitude of examples that you will have access.


Hola, amigos, y bienvenidos a Español Podcast. Soy Mercedes y os hablo desde Barcelona. Nuestro episodio nº 161 “Quería, querría, quisiera:cortesía verbal en el español” , contiene cuatro subepisodios. Publicamos hoy los dos primeros:

*  161 A: Contexto y cortesía verbal en español

*  161 B:  Quería, imperfecto de cortesía

Y dentro de unos días podréis tener los dos siguientes:

*  161 C:  Querría, condicional de cortesía

*  161 D:  Quisiera, imperfecto de subjuntivo


Completando así este trabajo. 

El primero está dedicado a la relación entre el contexto y el uso de los tiempos y modos de cortesía, entre otros elementos atenuadores del habla en situaciones de comunicación. 

El segundo es sobre el imperfecto de cortesía (quería y otros). 

El tercer subepisodio es sobre el uso del condicional de cortesía de los verbos propios de este uso (entre ellos querer: querría). 

Y el cuarto lo dedicamos, finalmente, al imperfecto de subjuntivo.

Este trabajo ha salido en el Blog de Spanishpodcast a lo largo de ocho semanas consecutivas. En el Blog, cada capítulo contiene el texto y el audio correspondiente, en español, claro está. Ahora, los amigos de Español Podcast que solo nos siguen por iTunes, podrán tener también el trabajo en audio completo, dividido en cuatro partes. 

Aquellos que quieran tener las cuatro guías correspondientes, en PDF, puede visitar la web www.spanishpodcast.org y pueden descargárselas para poderlas leer tranquilamente. Esperamos que este nuevo material os ayude a entender el uso de estos tiempos y modos verbales, así como que os familiaricéis con este mismo uso mediante la multitud de ejemplos a los que tendréis acceso.




 

Queridas amigas y queridos amigos. Siento deciros que no podéis saltaros esta INTRODUCCIÓN, que tenéis que leerla para situaros correctamente en el tema que vamos a tratar. 

A muchas de las personas que estudian español les llega, antes o después, el momento de enfrentarse al trío “quería, querría, quisiera”. 

Estas personas aprenden que estas tres formas verbales tienen un uso muy similar cuando se trata de:



- Pedir permiso


- Pedir favores


- Realizar una petición


- Expresar un deseo


- Pedir consejos


- Dar consejos


- Pedir opiniones


- Dar opiniones


- Hacer propuestas


- Hacer sugerencias


- Expresar afirmaciones personales



Y que todo esto se lleva a cabo en las situaciones comunicativas normales y corrientes de la vida cotidiana, tales como: 

  • comprar algo en una tienda
  • pedir un favor 
  • pedir consejo a un amigo 
  • dar tu opinión educadamente en un determinado asunto 
  • un deseo en una cena íntima 


Etc. etc.

Pero pronto se dan cuenta, estas personas, de que:



  • Estos tres verbos no siempre son intercambiables 

  • No siempre se usan con las mismas personas del verbo 

  • No siempre entrañan el mismo grado de cortesía




La persona que estudia español necesita saber más sobre todo esto, por eso recurre a su instrumento habitual para aclarar dudas : su libro de gramática del español. Ahí busca y acaba por encontrar unas cuantas líneas referidas al imperfecto o al condicional de cortesía. Pero no mucho más.

Eso ha pasado y sigue pasando, pues las gramáticas se ocupan sobre todo del nivel formal de las lenguas: gramática, sintaxis y vocabulario. Hay, por supuesto, gramáticas que tienen un enfoque comunicativo, que incluyen, además, muchas más explicaciones sobre este tema, el de la lengua en situaciones cotidianas de interacción comunicativa. Pero, aún y así, muchas veces no hay suficientes explicaciones ni, sobre todo, suficientes ejemplos.

Para meternos en materia tenemos que decir que hay muchos lingüistas que han escrito magníficos trabajos sobre este tema y que, por ello, hay material -muchísimo- que se ocupa de dar cuenta de la puesta en práctica de la lengua y del habla en diversos contextos. Legión hay de expertos en Lingüística que lo son también en la llamada Pragmalingüística, pero…pero, evidentemente, el estudiante de español no deja su vida a un lado y se dedica durante unos meses a estudiar los fenómenos pragmáticos del habla en interacción, para saber cómo funciona realmente el trío “quería / querría / quisiera”. Las cosas no funcionan así.      

Bueno, en lo que a mí concierne, yo voy a intentar explicaros un poquito y lo más claramente posible este fenómeno. Voy a hacerlo con lo que sabía anteriormente, más lo que he revisado durante los últimos meses y que, dicho sea de paso, me ha hecho disfrutar muchísimo leyendo algunas de las aportaciones de las dos últimas décadas, en este campo.

El uso de estos tiempos y modos verbales forman parte de las llamadas “expresiones de cortesía verbal”, expresiones que usamos normalmente para pedir permiso o autorización para hacer algo, para pedir algo directamente, para expresar un deseo, o una sugerencia, así como para otras muchas funciones en las que hay un plus de cortesía.

Pero la primera cosa que tiene que quedar muy clara es que cuando hablamos de cortesía verbal no estamos hablando de etiqueta ni de gente exquisita que habla muy educada y cortésmente, o que usa un lenguaje inusual y amanerado propio de personajes principescos.

No es así en absoluto. La cortesía verbal comprende fórmulas comunes de las que se dota el habla -en español- para llevar a cabo los intercambios comunicativos de la vida diaria, en los contextos usuales y normales, y entre gentes que hablan un español común, normal, usual y mayoritario. Y todos estos intercambios se llevan a cabo de manera automática.

Os hablo de esto porque tanto en vuestras clases de español, como en vuestros libros, encontraréis este apartado, el de la cortesía verbal, para explicar estos fenómenos. Y eso puede llevar a confusión por la definición misma de la palabra cortesía.

De ahí que se hable asimismo del imperfecto de cortesía, o del condicional de cortesía. Pero para nosotros, y en adelante, siempre que hablemos de cortesía verbal estaremos hablando de la interacción social y de las estrategias habituales que los hablantes siempre o sistemáticamente usamos en nuestros intercambios y relaciones sociales, para que lleguen a buen puerto…

Las llamadas “normas de cortesía” son reglas que regulan la comunicación entre hablantes y que sirven para atenuar las tensiones que crea esa comunicación si no se regula convenientemente mediante fórmulas lingüísticas compartidas por todos.

En el párrafo anterior hemos dicho una palabra que hay que retener: atenuar. Hemos dicho que las normas de cortesía en el habla cotidiana sirven para atenuar tensiones y conflictos que nacen de todo lo que rodea un acto de habla: lo que dicen los hablantes, el tono que emplean para decirlo, la intención con la que hablan, su expresión facial, su conocimiento recíproco, su estatus social, la distancia social que les impone ese estatus, la presencia o ausencia de otros interlocutores, las expectativas de los unos respecto de los otros, …en fin, los múltiples factores que pueden influir en que una situación comunicativa sea eficaz, exitosa, o suponga, por el contrario, un fracaso comunicativo en el sentido de generar tensiones o conflictos no deseados.

Por eso es importante que nos familiaricemos con este verbo, “atenuar”, porque de él se derivan muchas palabras y expresiones del español que ejercen esta función en la conversación : ejercen como atenuadores, es decir, como elementos de la lengua que todos hemos aprendido a usar para que nuestros intercambios comunicativos, nuestras conversaciones con los otros, sean lo mas eficaces posible.

En estos atenuadores hay, entre otros, determinados tiempos y modos verbales (los que vamos a explicar aquí), hay adverbios,hay conectores o partículas de enlace entre las frases, y todos ellos están al servicio de facilitar la comunicación entre los hablantes y llevarla a buen fin.

Al final de este trabajo, haremos un breve repaso de los atenuadores que usamos en el español hablado, de manera totalmente automática, y que los ajustamos a la situación comunicativa para hacerla más eficaz.

Sirva como ejemplo inicial una serie de formas posibles que pueden darse, supongamos, en una clase de español, cuando un alumno le pide al otro que abra la ventana porque hace mucho calor. No podemos explicar cada contexto en detalle, sería interminable. Sólo daremos un pequeño ranking que va de la frase más amable y explicativa a la frase más agresiva, pasando por una serie de frases neutras que ocuparían la parte central del ranking:


- Chicos, esto parece un horno, ¿no os importa si abrimos un poco, no?


- Uf, con este calor no hay quien trabaje…¿Qué os parece si abrimos un ratito la ventana? 


- Oye, me parece que hace mucho calor, ¿te importaría abrir la ventana, por favor? (O: ¿te molestaría abrir la ventana?)


- Oye, por favor, ¿te importaría abrir la ventana? Es que el aire acondicionado no funciona


- ¿Podrías abrir la ventana? Hace mucho calor


- ¿Puedes abrir la ventana? La has cerrado antes, pero es que hace calor


- Oye, abre la ventana. Ya te lo he dicho antes.


(Uno se dirige a otro que siempre se opone a abrir la ventana):

- Oye, ¿por qué no abres la ventana, que nos estamos asando!


(Con discusión previa porque uno no quiere abrir la ventana y otro, sí)

- ¿Quieres abrir la ventana de una vez?



Habría muchas más frases posibles, pero no se trata de darlas todas, sino de entender que hay elementos que suavizan, que atenúan un requerimiento, una petición, un deseo, o una sugerencia, y los hacen asumibles por parte del interlocutor. Así como que hay otras formas que lo imposibilitan.

Cuando alguien pide algo, quiere algo, sugiere algo, necesita algo, o desea algo, se lo pide a otro, y ese otro tiene que recibir la petición de la manera establecida convencionalmente en una lengua para querer cooperar con el primero, para atender su petición o su deseo, para hacer lo que le pide, y querrá hacerlo porque se siente bien tratado, se coloca en una situación comunicativa que no le compromete ni le amenaza.


Fijaos. Todos nos hemos encontrado alguna vez en la calle con alguien que pregunta dónde está un lugar. Hemos ordenado algunas posibilidades con preguntas que van desde la más descortés (o maleducada) hasta formas amables y correctas de preguntar. Veamos.



(Alguien se te acerca, no te saluda previamente y sin ningún atenuante usual como “perdone”, “disculpe”, “por favor”, etc. Sin mirarte a la cara y con una actitud descortés, dice:)


- ¿La Sagrada Familia?

O:


- ¿Dónde está la Sagrada Familia?



Quizás contestes:


- A tres calles de aquí


(Secamente)


Pero a alguien que pregunta así, puedes perfectamente no contestarle, o decirle, sin pararte y sin mirarle:


- ¡Ni idea!





Otra persona te preguntará así:


- Buenos días, ¿me puede decir dónde está la Sagrada Familia?

Y tú:

- Sí, claro. Siga andando unos 300 metros por esta calle y la encontrará.




O:




- Buenos días, disculpe, ¿me puede decir dónde está el templo de la Sagrada Familia?


Y tú:


- Por supuesto. Mire, está muy cerquita, a cinco minutos caminando.





O bien:


- Disculpe, por favor, ¿podría indicarme dónde está la Sagrada Familia?


Y tú:


- Claro que sí. Mira, está al final de esta calle, allá se ve. Es un cuarto de hora a pie.




O:


- Hola, señor, disculpe, me he perdido. ¿Puede decirme dónde está la Sagrada Familia?

Y tú:

- No te preocupes, yo te indico. ¿Ves aquellas torres? Pues ese es el templo. Diez minutos caminando.

- Muchas gracias

- No se merecen




¿Veis? Hay muchas formas corteses para introducir una petición de información, formas que preparan favorablemente al interlocutor para cooperar con nosotros. En caso contrario, ante una actitud descortés, maleducada o directamente grosera, esas ganas de cooperar, se evaporan.



Algunas de esas fórmulas  que favorecen la cooperación en las interacciones comunicativas, pueden ser:



- Por favor, …

( Por favor, ¿hay una parada de autobús por aquí?)


- Perdón, …

(Perdón, ¿pasa algún bus por aquí?


- Perdone, una pregunta…

(Perdone una pregunta, ¿cómo puedo ir al campo del Barça?)


- ¿Me permite?

(¿Me permite? ¿Podría indicarme Las Ramblas aquí, en este mapa?)


- ¿Me hace el favor de…?

(¿Me hace el favor de indicarme la parada de Metro más cercana?)


- ¿Me haría el favor de…?

(¿Me haría el favor de indicarme una parada de taxis?)


- ¿Tiene la amabilidad de…? 

(¿Tiene la amabilidad de indicarme un restaurante con menú del día, por aquí cerca?)


- ¿Tendría la amabilidad de…?

(¿Tendría la amabilidad de indicarme la parada del Bus Turístico?)


- ¿Sería tan amable de…? 

(¿Sería tan amable de señalarme el hotel Barcelona en el mapa?


- ¿No le importa que…?

(¿No le importa que cierre la ventanilla? Entra demasiado aire


- ¿No le importaría …?

(¿No le importaría cambiarme la cerveza? Ésta no está fría. Gracias 


- ¿No le molestaría…?

(¿No le molestaría darme una factura? La necesito para la empresa


- Siento molestarle, pero ¿podría…?

(Siento molestarle, pero ¿podría cerrar su ventanilla? Mi bebé está estornudando por el aire. Gracias)



Veis que son fórmulas posible para introducir una frase hacia alguien de quien queremos cooperación, ayuda. También la fórmula de cortesía puede ir detrás de la frase, tanto dirigida a alguien que conocemos -tuteo- como a alguien con quien mantenemos una distancia -tratamiento de usted-, como en estos casos:



- …si eres tan amable

(¿Puedes indicarme dónde está La Pedrera, si eres tan amable?


- …si no te importa

(¿Me dejas las vinagreras, si no te importa? El camarero se ha olvidado de nosotros…)


- …si te parece bien  

(Oye, podemos ir al cine, si te parece bien)


- …si te da lo mismo

(Yo prefiero quedarme en casa y descansar…, bueno, si te da lo mismo…)


- …si te va bien

(Podemos quedar después de las ocho, si te va bien. Antes, hace demasiado calor)



Y no, no nos hemos olvidado de que hemos empezado nuestra charla hablando de esos tres tiempos y tres modos verbales que sirven para expresar peticiones, necesidades, requerimientos, consejos, favores, avisos, deseos o demandas, de una forma más suave y atenuada. Vamos con ello.

Pero eso va a ser en unos días, en la segunda parte de esta reflexión sobre los llamados verbos de cortesía verbal.




Muchos de vosotros os habéis preguntado alguna vez: Pero, vamos a ver, ¿por qué usar el tiempo del imperfecto de indicativo, por ejemplo, pudiendo usar el presente? ¿Por qué decir ”hola, quería una barra de pan”, si puedo decir “hola, quiero una barra de pan”? Bien, pues la respuesta es por todas las razones que venimos exponiendo en la introducción a este trabajo. Porque usar otro tiempo, que no el presente, introduce una distancia entre los interlocutores, una distancia que le quita urgencia y exigencia a la expresión, y que la suaviza y la hace más educada, más estándar, y mucho más cortés.

Esto es muy importante de entender. En español, y en este caso, el tiempo del verbo implica una distancia respecto al interlocutor. El uso del presente, no siempre, pero sí a veces, es el que marca una mayor urgencia y carácter impositivo al mensaje. Sin embargo, el uso del imperfecto de indicativo, o de subjuntivo, o el uso del condicional, marcan ya una atenuación en la premura de la petición, suavizan el requerimiento.

Si vais a una panadería española a comprar pan, es evidente que oiréis un montón de fórmulas de petición del pan. Y también muchas de ellas en presente, y perfectamente educadas y habituales. Pero también oiréis las que usan “quería” como inicio cortés de la frase, porque estamos acostumbrados a usarlo de manera normal, automática y habitual.


Probablemente, podrás oír todo esto:


Clienta :Una barra de medio

Panadera :Aquí tiene, ¿algo más?

Clienta :No (da la moneda y se marcha)



O:



Clienta :Hola, una barra de medio

Panadera :¿Tostada?

Clienta :Sí, ésa está bien. ¿Qué le debo?

Panadera :Un euro



O:



Clienta :Hola, quiero una baguette

Panadera :Aquí tiene, son 80 céntimos



O:



Clienta :Buenos días, quería dos baguettes, ¿las tiene blanquitas? 

Panadera :Sí, claro, éstas están poco tostadas

Clienta :Perfecto, tenga (le da el billete)



O:



Panadera :Hola, ¿qué quería?

Clienta :Pues un pan redondo cortado y una barra rústica

Panadera :Muy bien, ¿se lo corto fino o grueso?

Clienta :Fino, por favor



Todos estos ejemplos, y muchos más, podréis oír en una panadería española cuando vayáis a comprar vuestro pan. Pero creo que muchos de vosotros continuáis preguntándoos:


- ¿Por qué no puedo usar habitualmente el “quiero”, en presente, cuando quiero algo, cuando pido algo o cuando deseo algo?





Nos preguntábamos si podíamos usar el presente de indicativo para pedir algo, para expresar un deseo, una necesidad, etc., del presente. Bueno, claro que sí, por supuesto que puedes usar ese presente. Ese “quiero” lo usamos constantemente en las situaciones en las que hay confianza entre los hablantes, situaciones en las que estos se conocen -por ejemplo-, en las que ambos interlocutores saben que la propuesta del otro no compromete su estatus, o su recíproca relación. O también lo usamos en situaciones directa y abiertamente amables.

Imaginemos que yo estoy con un amigo, muy amigo, mío. Estamos planificando un viaje y nos vamos dando información cada vez que nos vemos. Por eso, ahora yo puedo decirle:


- Oye, Luis, quiero comentarte lo de los billetes del viaje para decidir fechas. Hoy mismo tenemos que decidir los días.


Aquí, en este ejemplo, no haría falta decirle:



- Oye, Luis, quería comentarte lo de los billetes del viaje…


Es más, en este segundo caso, este uso sonaría quizás un tanto raro, aunque tiene que quedar claro que no sería incorrecto.

Es decir, entre estas dos personas hay una interacción comunicativa amistosa y cordial, la típica entre colegas. Insistimos, se trata de una situación de amistad, de camaradería. Ambos llevan ya un tiempo hablando de ese viaje, ambos saben que está pendiente la decisión de las fechas y que hay que hablar de ello, y ambos son amigos y saben que esa información no compromete ningún aspecto personal de ninguno de los dos.

Lo mismo pasaría en casos ligados a situaciones amables y corteses en sí mismas.

 

Supongamos que Pedro quiere regalarle un anillo de compromiso a Rebeca, su novia. Está impaciente por decírselo, enamorado, contento, y sabe que a ella le hará mucha ilusión ese regalo. Le dice:


- Rebeca, quiero regalarte un anillo de compromiso en nuestro primer aniversario.


No haría falta establecer ninguna distancia preventiva en esta comunicación. Ambos son cómplices de su amor, están encantados con su relación y con todos los detalles que la rodean.


Otros ejemplos similares:



- Marga, quiero que las cosas cambien en casa. Quiero asumir mi parte de las tareas domésticas desde hoy.


O:


- Carlos, quiero felicitarte por tu nuevo puesto de trabajo. Te merecías ese ascenso y me alegro sinceramente por ti.


O:


- Quiero haceros una confesión a todos, ya que sois mis mejores amigos : me caso y estáis todos invitados a mi boda.



Ahora bien, retomemos estos mismos ejemplos e introduzcamos otro tipo de elementos que implican más compromiso en la interacción comunicativa, o que implican una información un poco más compleja y que hay que suavizar o atenuar.

Supongamos que yo tengo que comentarle a Luis algo comprometido. Por ejemplo, que he visto a su compañero de trabajo haciéndole la pelota al jefe para conseguir el puesto que Luis se merece más por méritos profesionales y por antigüedad en la empresa. Podría decirle algo así:


Yo : Luis, …esto, quería comentarte un par de cosas

Luis : ¿Sobre qué?

Yo : Sobre el trabajo. ¿Sabes algo de si te van a proponer a ti para el puesto vacante?

Luis : Pues no, no sé nada, pero confío en poder optar a ese puesto, ¿por qué?

Yo :Bueno, verás, me han comentado que Alvaro se está entrevistando con el jefe con mucha frecuencia y quería que lo supieras.

Luis : ¿Ah, sí? ¡Interesante información!


Etc.


¿Veis? El hecho de decir:


- Luis, quiero comentarte algo del puesto vacante de tu empresa…


Podría sonar, así, de entrada, un tanto inquietante inicialmente, o poner al otro a la defensiva por la contundencia del enunciado, o atemorizarle sobre cosas que desconoce, o…algo similar.

No es que sea incorrecto, insisto, pero, en español, estamos acostumbrados a manejar muchas fórmulas verbales que pueden atenuar el impacto de una información, de una conversación, etc.

Volvamos asimismo al ejemplo de nuestra pareja de novios, Pedro y Rebeca. Ahora Pedro no va a hablarle de ningún regalo, sino que va a plantearle algo frustrante : no podrán hacer un viaje al Caribe que deseaban muchísimo. Todos los vuelos y hoteles de bajo coste se han terminado y no pueden permitirse los otros precios disponibles.


Pedro :Rebeca, quería comentarte una cosa respecto al viaje.

Rebeca :Dime, dime, ¿cuándo nos vamos?

Pedro :Bueno, pues…, de eso quería hablarte. La verdad es que las cosas se nos han puesto un poco difíciles.

Rebeca :Ay, ay, ay, que me vas a dar una mala noticia, ¿verdad?


Etc.


O los otros ejemplos:


- Oye, Marga, quería decirte que he estado pensando en lo que me dijiste sobre las tareas del hogar y no lo veo claro, la verdad. Yo trabajo muchas horas fuera de casa y…


Etc.


O:


- Víctor, quería decirte que siento mucho que no te hayan concedido el ascenso, porque te lo merecías, compañero.


O:


- Amigos míos, quería haceros una confesión a todos vosotros: me he casado en secreto. Ya sé que os vais a enfadar porque sois mis mejores amigos, pero también sé que vais a comprender mis razones.




Mirad, necesitaría poner mil ejemplos para dar cumplida cuenta de una pequeña parte de la diversidad de situaciones comunicativas que pueden darse y de cómo usar verbalmente la llamada cortesía para realizar con éxito nuestros intercambios verbales, pero sólo puedo daros algunos indicios que os permitan comprender estos usos y a qué tipo de reglas obedecen. 


Bien es cierto que, en este campo, la multiplicidad de los contextos comunicativos marcan los usos de la cortesía verbal, pero podemos entender qué factores hacen válida y exitosa la comunicación y cuáles no.

Con esto quiero decir que puede entrar alguien en una tienda a comprar una cartera de piel y decir:


- Quería ver carteras de piel

Y decirlo con la cara seria, en voz muy baja y un poco inquietante, con las gafas oscuras puestas, con el gesto enfadado y sin mirar al dependiente, con aire de cliente ofendido y con un actitud un tanto desafiante. Y entonces, por mucho “quería” que haya introducido en el enunciado, su actitud es exigente, poco amable, desconfiada, poco cortés, lo cual pone al dependiente en una situación extraña en la que prevé problemas en esta interacción (quizás sí o quizás no, ya se verá…).


O, por el contrario, en esa misma tienda, entra un señor que dice:


- Quiero ver carteras de piel

Mirando amablemente al dependiente, sonriendo, con maneras normales, con voz de querer encontrar allí un bonita cartera de piel. Ha dicho “quiero”, sin más, pero el resto de factores que rodean esa interacción comunicativa, está garantizando su buen funcionamiento; está garantizando que esa interacción llegue a buen puerto.


Esa es la idea: hay reglas que rigen el uso de la cortesía verbal y situaciones en las que se aplica, pero sin olvidar también el contexto en el que se da ese acto de comunicación, y que es el que determina y redondea la significación del mismo. 


Aquí se acaba la introducción que hemos considerado necesaria para abrir la explicación sobre los tiempos y modos verbales de cortesía.


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