Cataluña


Cataluña


Hello dear friends, and welcome to Spanishpodcast. I am Mercedes speaking to you from Barcelona. Today, the 165th episode, is about “Cataluña”.

Hola queridos amigos y bienvenidos a Español Podcast. Soy Mercedes y os hablo desde Barcelona. En nuestro episodio nº 165, “Cataluña”, Isabel y Nuria hablan de la situación sociopolítica en Cataluña. En estos momentos en los que la coalición gobernante propone la independencia de Cataluña, la independencia respecto a España, existe una atmósfera de tensión y debate en todo el territorio catalán, y en el resto de España también, entre los que están a favor de independizarse de España y los que no, con posturas intermedias como los que quieren más autonomía, o los que quieren un Estado Federal, pero sin independencia.

Episodio nº 165: Cataluña. ¿Estáis interesados en conocer este rinconcito del mundo llamado Cataluña? ¿Queréis saber como se siente Cataluña respecto a España? ¿Y España respecto a Cataluña? ¿Cuál es la situación actual? Bien, vamos a intentar dar algunas pinceladas que arrojen un poquito de luz sobre estos aspectos. Venga, vamos.




Isabel:¿Pero cómo pueden colgar eso en un balcón?

Nuria:¿Qué?

Isabel:¿No lo ves? “Freedom for Catalunya”.

Núria:Pues porque éste no es un país enteramente libre.

Isabel:Hombre, tampoco es que el ejército haya tomado las calles y haya toque de queda por la noche. El grito de “freedom” para alguien, o para un sitio, el grito de libertad se refiere a una situación de ocupación y opresión que, francamente, no es el caso de Cataluña.

Nuria:Bueno, todo depende del punto de vista. Es evidente que el ejército no ha tomado la calle -aunque ya se verá en el futuro-, pero también lo es que Cataluña no puede decidir por sí misma lo que quiere y lo que le conviene.

Isabel:Pero, Núria, ¿cómo va a decidir sola, si forma parte de un Estado con 17 Comunidades Autónomas? Las decisiones tienen que estar consensuadas entre todos.

Nuria:Sí, claro, así nos va. Cataluña lleva años y años pagando un montón de dinero al resto de España y recibiendo muy poco a cambio.

Isabel:Nuria, esto se hizo hace tiempo para favorecer a las regiones más pobres del país y permitir un desarrollo igualitario entre regiones ricas y regiones pobres.

Nuria:Ya, pero sin límite de tiempo. Y ahora Cataluña tiene una de las mayores deudas de su historia.

Isabel:Como el resto de regiones.

Nuria:No, Isabel, como el resto, no. Porque podríamos estar mejor. Por eso hay que ser independientes, para gestionar nuestros propios recursos y beneficiarnos nosotros, los primeros, de nuestra riqueza y de nuestra producción.

Isabel:Vale, Núria, no digo que no tengas razón, la tienes. Realmente, el estado de abandono económico de Cataluña por parte del Estado español, es lamentable. Pero lo que hay que hacer es reformar la Constitución, que ya tiene 35 años. En el momento de la transición política del franquismo a la democracia, esa Constitución fue buena e imprescindible para todos.

Pero el tiempo pasa y las cosas evolucionan. Es el momento de profundizar en el Estado de las Autonomías y de hacer un reparto más equitativo entre el dar y el recibir.

Nuria:Pero Isabel, eso ya se ha intentado desde siempre. Y no funciona. El Estado es centralista, por definición. Tolera mal los fenómenos periféricos de identidad (sobre todo, el vasco y el catalán). Todo lo que tiene Cataluña, se lo ha tenido que arrancar literalmente al poder central.

Isabel:Eso no es cierto, Nuria. España está llena de demócratas  y de partidos progresistas que han reconocido el “hecho diferencial catalán” desde siempre.

Nuria:Sí, ya se nota…¡mira cómo estamos!

Isabel:Pero, Núria, estamos como todo el mundo. Todo dios está en crisis. España entera está empobrecida. Catalanes, andaluces, madrileños, valencianos, castellanos, gallegos, extremeños, vascos,…todos estamos en una situación crítica, no sólo Cataluña. Y yo no creo que la independencia vaya a solucionar los problemas económicos de este país.

Nuria:No es sólo por la economía. Es por todo. Cataluña es una nación, tiene una lengua y una cultura propias, una identidad propia, una manera de ser diferente. Tiene derecho a tener un estado propio y a no depender del estado central.

Isabel:Pues, mira, Núria, yo no soy catalana de origen, pero quiero a esta tierra tanto como tú. Estoy encantada de hablar dos lenguas, el catalán y el castellano, y de usarlas y respetarlas a las dos por igual. Y quiero tanto a esta tierra que me sería imposible vivir en otro sitio. 

Pero quiero de la misma forma a España, pero no a la España de la bandera y el centralismo, sino a la España democrática que está ahí mismo, a nuestro lado. 

Quiero seguir sintiendo que Andalucía, Castilla, Galicia, La Mancha, Valencia, La Rioja, Asturias o Aragón, también son algo mío. Quiero seguir viajando por España sin experimentar que voy a otro país. Y además es que adoro las diferentes partes de España, llenas de historia, de acentos diversos, de gastronomías diversas y de buenas gentes con las que compartimos siglos de historia común.

Nuria:Pues, a mí, Isabel, todo eso me resulta secundario. Yo puedo viajar perfectamente al resto del Estado, sin sentirlo como propio. Y el resto de España no me inspira especial cariño, ni tampoco me identifico con ella.

Sin embargo, mi emoción y mis sentimientos más profundos están en un Estado Catalán independiente, donde podamos decidir cómo vivir, y tengamos el bienestar y las compensaciones que nos merecemos.

Isabel:Vale, Nuria, la independencia como panacea de la felicidad. ¿De verdad crees eso?

Nuria:¿Y tú de verdad crees que España le dará a Cataluña lo que necesita?

Isabel:España no puede dar o dejar de dar, Nuria, son los gobiernos del Estado los que dan o quitan cosas. Y este gobierno actual del PP, ciertamente, está en una posición inamovible con todo: con la Constitución, con las Autonomías,…¡con todo!

Pero, aún y así, yo pondría mi lucha al servicio de articular mejor el actual Estado de las Autonomías, hasta convertirlo en un Estado Federal a la medida de todos.

Nuria:Sí, cuando las vacas vuelen…

Yo pondría, y pondré, todas mis energías en hacer avanzar todo lo que favorezca el proceso hacia la independencia.

Isabel:Pues yo las pondré a trabajar por un Estado Federal Español

Nuria:Uf, es que sólo oigo “español”, y ya me duele la tripa.

Isabel:Y yo, “independencia”, y ya me entra la tristeza.

Nuria:No nos vamos a entender…


Isabel:No, no en este tema…



Queridas amigas y queridos amigos, ¡en menudo lío me habéis metido! Algunos de entre vosotros, me habéis enviado emails sugiriéndome un episodio sobre Cataluña y sobre los últimos acontecimientos políticos y sociales acaecidos en esta tierra.

Siempre he pensado que éste era un tema complejo, difícil,…difícil por las muchas posiciones que se dan en la ciudadanía de Cataluña, pero sobre todo por las muchas sensibilidades que hay en juego, que exigen opinar con sinceridad, pero con mucho respeto, para no herir ninguna de ellas.

Y me dije: ¿por qué no? Es lógico que haya amigas y amigos de Spanishpodcast que sientan una gran curiosidad por lo que está pasando aquí y quieran saber un poco más, conocer el porqué de una u otra posición, saber un poco qué sienten los ciudadanos de Cataluña, intentar comprender mejor los fenómenos culturales, lingüísiticos, sociales y políticos que aquí se dan.

Sólo una cosita más: el diálogo de este episodio refleja dos posturas prototípicas respecto a Cataluña, pero hay cientos de posicionamientos que responden a multitud de factores, sean familiares, de origen, ideológicos, educativos, etc. etc. etc., por lo que es, obviamente, imposible reproducir ni una pequeña parte de ellos.

Pero, ea, seamos atrevidos e intentemos una pequeña aproximación para que podáis tener una idea, aunque muy general, de lo que aquí se cuece.

Nuestras dos invitadas de hoy son Núria e Isabel. Núria es catalana de nacimiento, con varias generaciones de antepasados catalanes tras de sí, con varios miembros de su familia, catalanistas, y otros tantos, independentistas.

Isabel no nació en Cataluña, sino en otro lugar de España. Vino cuando era adolescente y vive aquí desde hace años, tantos, que ya se siente catalana. Es catalanista, adora esta tierra, tanto como otras partes de España. 

Bien. El debate independencia sí, independencia no, se reavivó el pasado mes de septiembre, el día 11 de Septiembre, Día Nacional de Cataluña, en el que se había convocado una manifestación que hizo salir a la calle en torno a un millón de personas pidiendo, sobre todo, la independencia de Cataluña

Ese hecho, esa manifestación, cambió la perspectiva de alguno de los partidos políticos catalanes. El partido gobernante mayoritario en Cataluña, Convergència i Unió (Convergencia y Unión), se manifestó abiertamente independentista y convocó nuevas elecciones para tener el respaldo popular suficiente como para poner en marcha un proyecto soberanista, al final del cual, Cataluña se separase de España, convirtiéndose en una Estado independiente.

El primer reproche que se le hizo a este partido fue identificar ese millón de personas con la totalidad del pueblo catalán, que no se manifestó ni con ése ni con otro lema, pero que vive, trabaja, sufre, y siente también esta tierra como suya. Ahí empezaron las disensiones y ahí empezaron a aflorar los diferentes puntos de vista, las diferentes perspectivas.

Fijaos en cómo empieza este diálogo. Isabel dice:


- ¿Pero cómo pueden colgar eso en un balcón?


“Eso” es una bandera catalana, que cuelga de un balcón de un edificio del Ensanche y en la que puede leerse:


“Freedom for Catalunya”

(Libertad para Cataluña)


Nuria no sabe a qué se refiere Isabel cuando dice “eso”, y por eso pregunta:


- ¿Qué?


Y ella dice:


- ¿No lo ves? Freedom for Catalunya.


En la bandera, Catalunya está escrito con “ny”, grafía que corresponde al sonido de la eñe, y cuya letra, tal y como la conocéis en castellano, no existe en catalán. El sonido es el mismo, eñe, pero en catalán se escribe con la ny juntas. Por eso, Catalunya, en catalán se escribe con ny, y con eñe en castellano.

Bueno, pues como Isabel ha exclamado en voz alta y como preguntando:


- ¿Pero cómo pueden colgar eso en un balcón?


Nuria responde:


- Pues porque éste no es un país enteramente libre.


No es enteramente…” quiere decir que no es del todo libre, que no es totalmente libre.


Isabel no entiende por qué su amiga Nuria dice eso. Por ello, le responde con la descripción del que ella considera un país carente de libertad y que necesite gritarle al mundo que no la tiene:


- Hombre, tampoco es que el Ejército esté ocupando las calles o haya toque de queda por la noche.


El grito de “freedom” (libertad) para alguien, o para un sitio,…el grito de libertad se profiere contra una situación de ocupación y opresión, que no es el caso de Cataluña, al menos, no en ese sentido.


Amigas, amigos, ésta es la típica discusión entre ciudadanos catalanes partidarios (a favor) de la independencia de Cataluña respecto de España, y otros que ven muchos problemas en esa relación Cataluña-España, pero no defienden esa independencia como solución.

La de pedir libertad para Cataluña, a Isabel le parece una reivindicación extrema, inadecuada, malintencionada de cara al exterior. Para ella, pedir libertad para un territorio, es considerarlo oprimido, ocupado, sometido a un poder político tiránico, al ejército, o a una injusticia intolerable.

Isabel no ve a Cataluña como a un país que tenga que gritar “freedom”, porque Cataluña es un país libre, con grandes cotas de autonomía, con policía propia, con oficialidad del catalán como lengua propia de Cataluña, con instituciones catalanas de autogobierno y con libertad en todos los sentidos. Menos en el de independizarse de España, ya que ésta es una cuestión a caballo entre Cataluña y el resto de España, a la que lleva siglos perteneciendo.


Nuria, sin embargo, lo ve de otra manera:


- Bueno, todo depende del punto de vista. Es evidente que el ejército no ha tomado la calle -aunque ya se verá en el futuro-, pero también lo es que Cataluña no puede decidir por sí misma lo que quiere y lo que le conviene.


Nuria admite, cómo no, que no hay una situación de ocupación militar, que el ejército no ha tomado, no ha ocupado la calle. Pero ella cree que al pueblo catalán le falta la libertad de poder decidir claramente su futuro. 

A Nuria le gustaría que, en breve, se hiciera una consulta para preguntar a los catalanes si quieren o no la independencia. Y si fuese que sí, iniciar un proceso de negociaciones con el Estado español que culminase en una declaración de independencia que llevase a Cataluña a ser, también, un Estado Soberano.

Eso es realmente lo que aquí ha armado un buen lío en los últimos tiempos.

Por un lado, muchos demócratas catalanes y españoles, creen que los pueblos tienen el derecho a votar para decidir cómo quieren ser, aunque para ello haya que reformar la Constitución Española y adaptarla a los nuevos tiempos, permitiendo, por ejemplo, esa consulta sobre el derecho a decidir.

Por el otro, el derecho a decidir quiere decir sólo eso, que la gente debe poder ser libre para expresar lo que quiere mediante el voto. Luego ya se verá qué se quiere decidir y qué se decide.

Además, está la cuestión de que una decisión así tiene que ser negociada; si no, sería el caos. Y ciertamente, mucha gente del resto de España, vive este deseo de independencia de una parte de los catalanes, como algo negativo, como si desde aquí se despreciara al resto de España. Y viceversa. Desde aquí, desde Cataluña, una parte de los catalanes tampoco se cansa de decir que el resto de España no quiere a Cataluña, no la entiende, no le reconoce su diferencia, ni su identidad.

Para algunos ciudadanos de Cataluña, éste es un sentimiento que no pueden evitar, un sentimiento, a veces, basado en realidades, y otras veces, un sentimiento histórico, de siglos, inevitable y fatal, que hace que no se sientan españoles, ni identificados con símbolos, valores o formas de ser de otras partes de España. 

Son posturas, posiciones (la de una parte de los catalanes y la de una parte de los españoles) que se alimentan recíprocamente, que no encuentran la manera de romper el círculo vicioso, que se perpetúan en el tiempo hasta hacerse crónicas y heredarse de generación en generación.

Y Nuria es una de esas personas que siente que le falta libertad, la libertad para votar a favor de una opción independentista y que vive de manera traumática el formar parte de ese conjunto llamado España.

Isabel, sin embargo, se siente parte de él. No le gustan muchas cosas de esta relación, cree que hay un montón de aspectos que hay que mejorar, está convencida de que Cataluña puede tener más autonomía, fiscalidad incluida, pero cree que eso puede hacerse dentro del Estado, negociando sin descanso,…cosa que Nuria ya no cree. Antes, sí; ya, no.


Pero Isabel le dice:


- Pero, Nuria, ¿cómo va a decidir sola -Cataluña- si forma parte de un Estado con 17 Comunidades Autónomas? Las decisiones tienen que estar consensuadas entre todos.


Cada uno ve este tema de una manera diferente. Los catalanes partidarios de la independencia creen que España jamás contemplará esta opción y que, en consecuencia, esta independencia hay que conseguirla como sea, con o sin el consenso de España. 

El resto de España, o mejor, los partidos políticos españoles y los sucesivos gobiernos del Estado español, han dado siempre un no rotundo a cualquier planteamiento independentista procedente de vascos o catalanes, por lo que se plantean posturas enfrentadas, irreconciliables muchas veces.

Por eso, cuando Isabel dice que las decisiones tienen que consensuarse entre todos, y que la independencia de una parte implica al todo, y el todo decide también sobre la parte, Nuria se rebela.

A ver, un momentín, este verbo, consensuar, lo miramos un instante porque lo vais a encontrar constamente si leéis prensa española, por ejemplo.

Consensuar quiere decir tomar una decisión de común acuerdo entre dos o más partes, adoptar una decisión negociada entre todos, como en:


- Tras semanas de discusión, todos los partidos políticos adoptaron una decisión consensuada sobre el tema de subir las tasas universitarias


O:


- En la reunión anual de vecinos de mi edificio, se tomó la decisión consensuada de pintar el portal el próximo año.


El verbo es consensuar. El sustantivo es consenso. El consenso es el acuerdo entre las partes, la conformidad de todos, el consentimiento de todos. Se dice llegar a un consenso, pero sobre todo: alcanzar un consenso. Como en:


- El Gobierno y la oposición no han logrado alcanzar un consenso sobre el tema de los desahucios.


Bueno, retomamos el hilo donde lo dejamos, en el momento en que Nuria muestra su desacuerdo ante el deseo de consenso de Isabel. Dice:


- Sí, claro, así nos va…


O lo que es lo mismo: así estamos, así nos va, o sea, fatal, por intentar hablar de este tema con el gobierno central. Nos va fatal.


Ella dice:


Cataluña lleva años y años pagando un montón de dinero al resto de España y recibiendo muy poco a cambio.


Esto, amigos, que puede sonaros raro, es una verdad como un templo, una realidad asumida por todos los partidos políticos de este país y por todos aquellos ciudadanos que se han informado sobre este tema, dejando de lado los prejuicios.


Y el tema es que, cuando se configuró el Estado de las Autonomías para que las llamadas regiones de España pasasen a ser Comunidades con autogobierno y autonomía en muchos aspectos, se hizo también un pacto de solidaridad entre regiones ricas, menos ricas, y pobres, con el fin de equiparar al máximo los niveles de bienestar y desarrollo de todas ellas. 

Pero, claro, eso se hizo hace más de treinta años. Los avatares de la historia han hecho que Cataluña se haya quedado atrás en muchas cosas y que ante las repetidas peticiones de los gobiernos catalanes de revisar y actualizar ese pacto económico, la respuesta del gobierno central haya sido, la mayoría de las veces, la negativa a negociar, a revisar las cosas, a ser más equitativo con los que dan más, …en fin, a poner las cosas en su sitio cada cierto tiempo.

Mira, os pondré un ejemplo. En 1990, había que empezar las obras para hacer llegar el tren de alta velocidad, el AVE, de Madrid a Barcelona, de cara a las Olimpiadas de 1992. Bueno, pues el gobierno socialista en esos años, pidió a Cataluña hacerlo llegar primero a Sevilla, con el fin de promocionar la Expo de 1992, que coincidiría con los Juegos Olímpicos del mismo año, y darle así un empujón  económico y social a Andalucía. Cataluña accedió, bajo la promesa de que el AVE (el tren de alta velocidad) llegaría a Cataluña en 1994 o 1995.

Ya, ya,…Ni en el 95, ni el el 98, ni en el 2000, ni… En fin, veintitantos años después de aquella promesa, llegaba, en 2008, el AVE desde Madrid a Barcelona, y viceversa. ¿Podéis creerlo? Pues  creedlo porque es cierto.

O la cuestión de la contribución económica que Cataluña dona al resto de España y que ha generado el llamado “déficit fiscal” que ha ido acumulando Cataluña tras más de 30 años de contribución ininterrumpida, y siempre bajo la promesa de ser revisado y actualizado, pero nunca revisado ni actualizado. 

Cataluña es una de las regiones más ricas de España y por eso ha estado contribuyendo al Estado con una mayor aportación económica que el resto. Pero las contrapartidas que debería haber recibido, en servicios por ejemplo, no se han producido de forma correlativa a los impuestos que desde aquí se ceden al Estado.

El Gobierno de Cataluña ha intentado, desde hace muchos años, ha intentado, digo, por activa y por pasiva, negociar con el gobierno central un sistema de retorno, o de compensaciones, para no pagar 6 y que te devuelvan 1. Pues esas negociaciones siempre han fracasado. Los gobiernos del Estado siempre han hecho gala de un inmovilismo y de una estrechez de miras realmente irritante.

Está amplia y profusamente documentado que el déficit fiscal de cada ciudadano catalán es de 1780 euros por persona y año, es decir, para que se entienda aún mejor, de 7120 euros para una familia de cuatro miembros.

Todo esto limita la capacidad de los gobiernos catalanes para crear los servicios necesarios para el país, mientras asiste al espectáculo bochornoso de ver algunas comunidades del resto de España, en las que se hacen aeropuertos en los que no hay aviones, universidades en las que no se matriculan alumnos, o autopistas por las que no circulan coches, autopistas gratis, por supuesto, no como en Cataluña, que las pagamos a tocateja.


Sinceramente, ¿os parece que eso es tolerable? No, no lo es. Y la práctica totalidad de los catalanes así lo piensan.

Y eso no ha sucedido solamente en los últimos tiempos. Esta situación se remonta al s.XIX y ha sido estudiada, documentada y demostrada por economistas, sociólogos y políticos catalanes, españoles y europeos.


Hay muchos más ejemplos y muchos más datos, pero no puedo abusar de vuestra paciencia, que ya es mucha, cuando los temas son tan complejos.

Isabel le recuerda a Nuria las que ella cree las razones de este agravio permanente:


- Esto se hizo hace tiempo para favorecer a las regiones más pobres del país y permitir un desarrollo igualitario entre regiones ricas y pobres.


Nuria está de acuerdo, pero cree que a estos pactos hay que ponerles un límite de tiempo, tras el que hay que revisarlos. Como esto no se ha hecho, Núria señala:


- Ahora Cataluña tiene una de las mayores deudas de su historia.


Una deuda es lo que se debe, en este caso, el dinero que Cataluña debe al gobierno central y a las instituciones y servicios catalanes, a los que no puede pagar porque no tiene fondos, no tiene dinero, porque el país está asfixiado por un injusto déficit que permite que quien más da, reciba menos, y así durante décadas, creando un estado crónico de asfixia que afecta gravemente al país.

Isabel cree que es injusto describir esa situación de asfixia económica sólo en el caso de Cataluña, ya que la crisis, el paro o los recortes están afectando a toda España y a otros países. Por eso, cuando Nuria dice:


- Cataluña tiene una de las mayores deudas de su historia


Isabel responde:


- Como el resto de regiones


Regiones”,  después “Comunidades Autónomas Españolas”, desde la Constitución de 1978. Hay 17 Comunidades Autónomas en España: 

  • Andalucía
  • Extremadura
  • Castilla-La Mancha
  • Castilla y León
  • Comunidad Valenciana
  • Región de Murcia
  • Madrid
  • Cataluña
  • País Vasco
  • Principado de Asturias
  • Cantabria
  • Galicia
  • La Rioja
  • Aragón
  • Navarra
  • Baleares
  • Canarias
  • Y  Ceuta y Melilla

que se añaden, formando diecinueve.

Bueno, pues cuando Isabel dice que “como el resto de regiones”, también en crisis, sin dinero y asfixiadas, Nuria dice que no, que no como el resto, sino más, y más injustamente.

Por eso dice:


- No, como el resto, no. Porque podríamos estar mejor. Por eso hay que ser independientes, para gestionar nuestros propios recursos y beneficiarnos nosotros, los primeros, de nuestra riqueza y de nuestra producción.


Desde luego que cualquier ciudadano de cualquier país quiere eso: que el gobierno de su país reparta bien los recursos. Y “bien” quiere decir equitativamente, con coherencia, con justicia, con perspectiva. No hace falta asfixiar a quien más da, por ser quien más tiene, ¿dónde se ha visto disparate semejante?

Hay que revisar los pactos cada equis tiempo, hay que negociar y renegociar cada cierto tiempo para poner al día los acuerdos, hay que alcanzar un equilibrio constante entre lo que el Estado recibe y lo que da, hay que tener sensibilidad y altura de miras para no considerar como ofensas los justas peticiones de una determinada comunidad.

Isabel está totalmente de acuerdo con Nuria en que esto es así. En lo que no está de acuerdo es en la forma de conseguirlo:


- Vale, Nuria, no digo que no tengas razón. Realmente, el estado de abandono económico de Cataluña por parte del gobierno central, es lamentable.

Pero lo que hay que hacer es reformar la Constitución, que tiene ya 35 años. En el momento de la Transición política del franquismo a la democracia, esa Constitución fue buena e imprescindible para todos. Pero el tiempo pasa y las cosas evolucionan. Es el momento de profundizar en el Estado de las Autonomías, y de hacer un reparto más equitativo entre dar y recibir.


Es verdad. Aquellos tiempo fueron difíciles. A finales de los años setenta, la dictadura franquista expiraba y había que instalar una democracia donde establecer las libertades sociopolíticas por las que una gran parte de las españolas y españoles habían luchado, habían sido perseguidos, encarcelados, torturados, asesinados, y obligados a vivir en una Estado represivo, en el que había una feroz censura ideológica, cultural, sociopolítica y religiosa, para todo aquello que no era afín al régimen franquista.

Mucha gente había sufrido mucho, y aquella Cosntitución de 1978, ya muerto el dictador, era la primera vía de apertura a la democracia, a la libertad, a la modernidad y a la normalidad democrática del pueblo español.

Y en esa Constitución trabajaron políticos de todos los partidos, hasta lograr una Carta Magna consensuada por todos, que nos permitía empezar a andar por el camino de la democracia.

Pero, lo dicho, el tiempo pasa (más de 35 años ya) y las cosas evolucionan. La Constitución también tendría que evolucionar y eso no debería considerarse ningún pecado, sino todo lo contrario, una necesidad inaplazable.

Pero Nuria está convencida de que su amiga se equivoca:


- Pero, Isabel, eso ya se ha intentado, desde siempre. Y no funciona. El Estado es centralista, por definición. Tolera mal los fenómenos periféricos de identidad (sobre todo, el vasco y el catalán). Todo lo que tiene Cataluña, se lo ha tenido que arrancar literalmente al poder central.


Y eso es así, ¿no? El Estado es centralista, mira más el centro que la periferia. Por eso decimos “el gobierno central” para referirnos al gobierno del Estado español, con sede en Madrid.

La periferia de un país, de un Estado, son las zonas más alejadas del centro, las áreas que rodean el núcleo, las partes de un país que están en los bordes del mismo: en el caso de España, todas las comunidades que no están en el centro, como Andalucía, Galicia, País Vasco, Cataluña, …y otras, aunque estas que acabo de citar son las llamadas “Comunidades Históricas”, y entre ellas sólo el País Vasco y Cataluña, al menos una parte de su ciudadanía, han mostrado el deseo de independizarse de España.

Recordad, el verbo:


- Independizarse


El sustantivo:


- (La ) independencia


2 adjetivos, uno, para masculino y femenino:


- Independiente (que no depende de otro, autónomo)


O:


- Independentista (acabado en -a tanto en masculino como en femenino). Independentista es el partidario del independentismo, el que está a favor de la independencia, del secesionismo, de la separación de una parte de un país para ser independiente).


Isabel le dice a Nuria que no confunda a los gobiernos de España, con los ciudadanos de este país, porque no es lo mismo:


- Nuria, eso no es cierto. España está llena de demócratas y de partidos progresistas que han reconocido el llamado “hecho diferencial catalán”, desde siempre.


Demócrata”, el que defiende y practica la democracia, palabra terminada también en “a” para ambos géneros: un hombre demócrata o una mujer demócrata; siempre ha sido un demócrata; es una demócrata convencida; etc.


Nuria no se rinde, y dice, irónica:


- Sí, ya se nota,…¡mira cómo estamos!


Isabel se desespera porque ella cree que aquí, en Cataluña, estamos como en todas parte, en crisis. No son sólo los catalanes, también los madrileños, los extremeños, los castellanos, los andaluces, los vascos, los gallegos, los asturianos, los valencianos, los canarios, los aragoneses, los ceutís, los riojanos, los baleares, los navarros, todos, todos,…¡todos están en crisis! Los españoles estamos en una situación crítica.


Isabel añade:


- Y yo no creo que la independencia vaya a solucionar los problemas económicos de este país (ahora se refiere a Cataluña)


Pero…, pero, pero, pero,…ahí aparece el otro lado de la cuestión: los ciudadanos partidarios de la independencia de Cataluña, no lo son solamente porque creen que así mejorará la situación económica, lo son en todos los sentidos: se sienten catalanes, no españoles; quieren una nación catalana, en la que la lengua catalana, la cultura catalana y la identidad catalana tengan más espacio para sí mismas, sin tener que compartirlo constantemente con la lengua, la cultura y las maneras de ser propias de otras partes de España.

Nuria expresa su opinión:


- No es sólo por la economía. Es por todo. Cataluña es una nación. Tiene una lengua y una cultura propias, una identidad propia, una manera de ser diferente. Tiene derecho a tener un Estado propio y a no depender del Estado Central español.


Y sí, gustará o no gustará, se entenderá o no se comprenderá, pero una parte de la ciudadanía de Cataluña, piensa así. 

Aunque otra parte, no. Y los porcentajes que suponen ambas partes varían extraordinariamente dependiendo de la época por la que se atraviesa. Hay otros ciudadanos que están a favor de un Estado Federal, al modo de Estados Unidos, por ejemplo. Y hay otros que no se plantean ningún cambio en ningún sentido y quieren que las cosas sigan como están.


Ante los argumentos de Nuria, Isabel responde con la mayor sinceridad, tal y como ella ve las cosas:


- Pues mira, Nuria, yo no soy catalana de origen, pero quiero a esta tierra tanto como tú. Estoy encantada de hablar dos lenguas, el catalán y el castellano; las uso, las quiero y las respeto por igual. Y quiero tanto a esta tierra que no podría vivir en otro sitio.

Pero quiero de la misma forma a España, pero no a la España de la bandera y el centralismo, sino a la España democrática que está ahí mismo, a nuestro lado. Quiero seguir sintiendo que Andalucía, La Mancha, Galicia, Castilla, La Rioja, o cualquier otra comunidad, también son algo mío. Quiero seguir viajando por España sin experimentar que voy a otro país. Y además, es que adoro las diferentes partes de España, llenas de historia, de acentos diversos, de gastronomías diversas, de buenas gentes con las que compartimos siglos de tradición e historia común.


Nuria le dice a Isabel que esos aspectos no son tan importantes para ella, son secundarios. Nuria puede viajar por el resto de España sin sentirla como propia y sin sentir ningún tipo de cariño especial por ella.

Es así. Y eso le pasa a mucha gente catalana. No es que odien al resto de España, ni mucho menos, pero tampoco sienten afecto por ella, ni se identifican con ella, ni la sienten como propia.


Nuria añade:


- Sin embargo, mi emoción y mis sentimientos más profundos están en un Estado Catalán independiente, donde podamos decidir cómo vivir, y donde tengamos el bienestar y las compensaciones que nos merecemos.


Sí, amigos, los ciudadanos tienen puntos de vista contrapuestos sobre este tema. Hablan de razones históricas, sociales, políticas, económicas, lingüísticas,…pero también de sentimientos, de lo que sienten, de lo que aman, o de lo que no soportan, de una u otra opción. Y sobre los sentimientos no se manda. Es, un poco, el fin del camino, el fin de la discusión. Ahí llegamos, ahí están mis razones, estos son mis argumentos…¡y estos son mis sentimientos! Esto es lo que siento y no puedo cambiar.


Isabel está un poco picada. Por eso dice:


- Vale, Nuria, la independencia como panacea de la felicidad. ¿De verdad crees eso?


Y Nuria se la devuelve con la misma amargura:


- ¿Y tú de verdad crees que España le dará a Cataluña lo que necesita?


Isabel está cansada de que Nuria hable de gobiernos y ciudadanos, como si fueran lo mismo. Porque son ellos, los gobiernos, y no el resto de los españoles, ni España en genérico, los que dan o quitan cosas y los que se niegan a negociar.

Por eso, Isabel añade:


- Son los gobiernos del Estado los que dan o quitan cosas, y este gobierno actual del PP, está ciertamente en una posición inamovible con todo: con la Constitución, con las Autonomías,…

Pero, aún y así, yo pondría mi lucha al servicio de articular mejor el actual Estado de las Autonomías, hasta convertirlo en un Estado Federal a la medida de todos.

Fijaos. El PP, el Partido Popular, la derecha española, es una de las fuerzas políticas más conservadoras de España. Tan conservadora que se muestra inflexible, inamovible, o sea, no se mueve, no negocia, no soporta ni siquiera que se hable de actualizar la Constitución española o de hacer avanzar el Estado de las Autonomías. Todo esto es, para el Partido Popular, una ofensa a la patría, una injuria a la bandera, algo que debe ser reprimido, borrado, castigado y expulsado del discurso político oficial.

Fuera de ahí, el mundo no existe, la diversidad de los pueblos de España es anatema, las opciones como el federalismo, un pecado de secesionistas. 

Claro, con este panorama político, no es extraño que, a lo que acaba de decir Isabel, Nuria conteste:


- Sí, (todo lo que dices, pasará…) cuando las vacas vuelen.


Y ya sabemos que las vacas no vuelan…

Ella contrapone sus opiniones a Isabel:


- Yo pondría, y pondré, todas mis energías en hacer avanzar todo lo que favorezca el proceso hacia la independencia.


Isabel:


- Pues yo las pondré a trabajar por un Estado Federal Español.


Nuria está ya estresada de tanto oír la palabra “español” por todos sitios, en todos los argumentos. Le duele la tripa de aguantar tanto.

Isabel responde con lo mismo. Y dice que tan sólo oye la palabra “independencia” y le entra la tristeza.


Nuria dice:


- No nos vamos a entender


Isabel está de acuerdo:


- No en este tema…

--------------------------------------

Sí, amigos, como muchas veces pasa por estos lares, hay amistades entre personas que viven en Cataluña, que sobreviven por encima de opciones políticas tan divergentes. Y esto es así. Y así ha sido durante muchísimos años. Y así será otros tantos. Os lo aseguro. Como la vida misma, bailando entre tensiones, conciliando la amistad más allá, incluso, del sentimiento. Y sobre todo, respetando extraordinariamente la opinión y los afectos del otro, para seguir andando juntos. 

¿Qué cómo acabará esto? Qui lo sa…El tiempo lo dirá.


Adiós amigos. Un abrazo para todos y hasta pronto. Chao.


**************************



 © Spanishpodcast, 2007-2017