Palabras de 2014





Palabras de 2014


Hola, queridas amigas y queridos amigos, y bienvenidos a Español Podcast. Soy Mercedes y os hablo desde Barcelona. En nuestro episodio número 186 (Palabras de 2014) vamos a dar la bienvenida a 2015 haciendo un recuento de las palabras más usadas y oídas en los medios durante el pasado año 2014. Es interesante constatar cómo un grupo de palabras han ocupado de manera exhaustiva un gran volumen de tiempo y espacio en las conversaciones de la gente, en los periódicos, en las radios y televisiones, en los tuits de internet, y en las búsquedas en la Red, y cómo han pasado a formar parte de nuestro lenguaje habitual casi sin darnos cuenta. Vamos a conocer esas palabras que nos han traído los Reyes Magos de Oriente como regalo por habernos portado bien y haber seguido practicando, estudiando y amando nuestro español.


Hello, dear friends, and welcome to Spanish Podcast. I am Mercedes speaking to you from Barcelona. In our 186th episode let's welcome to 2015 new year  by a count of the words most used and heard in the media during the last year 2014. It is interesting to note how a group of words have been dealt with exhaustively a large volume of time and space in the people´s conversations, newspapers, radios and televisions, the Tweets of internet, and network´s searches, and how they became  to form part of our usual language almost without realizing. We are going to get to know these words that the Reyes Magos have brought us as a gift because we have behaved well and have continued practicing, studying and loving our Spanish.



Vamos a empezar por la que ha sido elegida “palabra del año 2014” por la Fundación del Español Urgente (FUNDEU), una fundación que cuida y vela por el lenguaje usado en los medios de comunicación, formada por académicos de la lengua, periodistas, filólogos, traductores, escritores y por todos aquellos especialistas en lenguaje que cuidan la corrección del español usado en periódicos, radio, televisión, revistas, internet y en el habla cotidiana de los usuarios del español.

Bueno, pues FUNDEU ha elegido una como la palabra del año 2014, ¿sabéis cuál?, ¿se os ocurre alguna? Pensad por un momento cuál podría ser esa palabra española que alcanza tan alto honor: el de ser la palabra del año, la más oída, la más leída, la más usada, la más famosa. 

Pues esa palabra es “selfi”, sí, sí, como lo oyes, una palabra tomada del inglés y que ha venido usándose profusamente en todos lados y a la que prácticamente todo el mundo conoce.

Ya, ya, ya sé lo que estáis pensando, que “selfi” no es una palabra española, sino inglesa, y que cómo se puede elegir una palabra que no es del propio idioma, como palabra del año para representar la palabra más usada del español. Ay, amiguitos, cosas del lenguaje, o mejor, cosas del uso del lenguaje. 

Resulta que cuando la palabra inglesa “selfie”, con e final, empezó a usarse a troche y moche a partir de la famosa foto que Ellen Degeneres se hizo a sí misma, acompañada de un grupo de estrellas de Hollywood, en la última gala de los Oscars,  aquello se publicó en todos los medios y redes sociales, apareció en Internet como el primer selfie que recorrió el planeta a través de los móviles, losTwitters, los Facebooks, las revistas, las televisiones, las radios o los periódicos. 

Y se produjo el fenómeno. La gente empezó a hacerse autorretratos como locos. Todo el mundo cogía su móvil y se autofotografiaba, solo o en compañía, y subía la foto a Internet para ser inmediatamente compartida con sus amigos.

El selfi empezó a ganar adeptos y a extenderse por todo el planeta de habla hispana como un reguero de pólvora. Y lo digo porque en inglés ya era una palabra archiconocida y muy famosa, elegida como palabra del año por los editores de los diccionarios de Oxford en...¡2013!

Fijaos que cosa más curiosa: ya en ese año, en 2013, esta Fundación de la que estamos hablando, FUNDEU, aconsejó el uso de otras palabras en español con el mismo significado de “selfie”, palabras como “autofoto” o también “autorretrato”, con el fin de evitar el intrusismo de la palabra inglesa..

Pero...¡que si quieres arroz, Catalina! Selfie siguió, erre que erre, ganando adeptos y extendiéndose sin freno entre todos los usuarios de las las fotos que los ciudadanos se hacían a sí mismos.

Y, en un momento dado, se vio que nada podía hacerse frente al empuje del uso del término inglés, por lo que la Fundación del Español Urgente decidió que era mejor adoptar una decisión pragmática, aceptar los hechos y asumir que iba a ser selfi, y no otra, la palabra elegida para la autofoto.

Y se paso a castellanizarla, o a españolizarla, lo mejor posible. Se eliminó la “e” final, para adaptar la grafía a la pronunciación y se dejó como “selfi”, sin esa e final, que hubiera obligado a pronunciarla como “selfie” en español.

Y tan profuso y extendido ha sido su uso, que finalmente ha sido elegida palabra de 2014 para elevarla ya a la categoría de palabra española más usada en los medios y en las redes sociales. Y ahí la tenéis, ya podemos hacernos un selfi, decirlo en español y escribirlo en nuestra lengua, aunque sepamos -que lo sabemos- que es una palabra importada de la lengua anglosajona..., bueno, como tantas otras,...


Bien. Pero, además de selfi, ha habido otras palabras que también han sido palabras del año pasado, por las mismas razones que selfi, por su constante presencia en los medios de comunicación y por haber sido masivamente incorporadas a las conversaciones entre los ciudadanos españoles durante este pasado año.

La siguiente palabra que os queremos comentar es “ébola”; sí, sí, nos estamos refiriendo al terrible y mortal virus del ébola, que se identificó por primera vez en seres humanos en 1976, en Sudán (República Democrática del Congo) y que acabó convirtiéndose en el más funesto y mediático virus al llegarnos la información de que estaba matando a miles de personas en África Occidental y que los infectados se multiplicaban sin control.

A raíz de todos esto, dos de los muchos sacerdotes españoles que trabajaban en África se contagiaron del virus del ébola y fueron repatriados a Madrid para ser tratados de la enfermedad. En el hospital en el que se les atendió se produjo un contagio y una de las enfermeras que les cuidaba resultó también infectada por el virus. Afortunadamente, la enfermera -Teresa Rodríguez- se recuperó y la crisis que todos estos acontecimientos habían provocado en España, también se solventó. 

Pero todo esto ha provocado que durante todo el año pasado se haya hablado mucho y muy frecuentemente sobre el ébola, sobre los contagios, sobre su difusión por todo el mundo, sobre los tratamientos, sobre sus posibilidades de cura,...En fin, un enorme montante de información ocupando permanentemente los medios, las redes sociales y las charlas entre ciudadanos de este país, que ha hecho que el término “ébola” se haya convertido en uno de los más usados, oídos, leídos, escritos y hablados en conversaciones del pasado año. 


Otra palabra que ha ocupado ríos de tinta en la prensa escrita y un montón de tiempo en la radio y en las tertulias políticas de la televisión es la palabra “casta”.

Creo que esta palabra no os resultará demasiado familiar, ya que es una palabra que ha puesto de moda un nuevo partido político (Podemos) cuyos líderes  se refieren a sus oponentes políticos, sobre todo a los líderes de los dos grandes partidos políticos en España (Partido Popular -PP- y Partido Socialista Obrero Español -PSOE-) como “la casta”. La casta se refiere a una clase política asentada y establecida, obsoleta, anticuada, anodina y que se aferra a sus cargos y a sus cargos y privilegios como si les estuvieran otorgados de por vida.

También entran en esta denominación todos los que  los favorecen, sean periodistas, empresarios, banqueros, asesores, políticos corruptos, etc. etc.

La casta vendría a ser el conjunto de personas que trabajan en los diversos sectores sociales (sanidad, educación, empresas, banca, política, municipios, prensa, medios en general, las grandes fortunas del país, etc.) con el fin de favorecer al poder, y que está al servicio más de una élite social y económica, que no de las clases medias y trabajadoras de la sociedad.

Dado que Podemos ha estado presente permanentemente en los medios desde que ganó cinco escaños en las elecciones europeas, esta palabra ha sido repetida una y mil veces en los debates, en la prensa, y allá donde estaba algún representante de Podemos. Y se ha usado profusamente y se ha dado a conocer exhaustivamente a la sociedad española. Ahí está nuestra tercera palabra de 2014, “la casta”.


Bueno, pues...la cuarta palabra del año pasado en España ha sido el verbo abdicar, que significa que un monarca -un rey- cede, o deja, la soberanía de su reino.

Aquí se armó la de Dios es Cristo hace medio año, en el mes de junio de 2014, el día 2, fecha en la que los medios de comunicación anunciaron una noticia bomba: que el rey Juan Carlos I de Borbón, Rey de España, abdicaba. Tras una serie de situaciones que habían puesto en jaque la corona, el Borbón se decidía finalmente a cederla a su hijo y sucesor Felipe VI, hoy actual rey.

Obviamente, durante meses y hasta que se produjo la abdicación, y muchos meses después, se ha estado hablando de ella en los medios y se ha ido perfilando el uso de este verbo.

Abdicar se puede usar solo, sin ningún complemento, en cuyo caso decimos:


- el rey abdicará


O puede llevar un complemento directo solo, sin ninguna preposición:


- el rey abdicará la corona

O:

- el rey abdicará el trono


Y puede llevar ese complemento con la preposición “de”, igualmente correcto:


- el rey abdicará del trono

O:

- el monarca abdicará de la corona


Y también puede usarse seguido de la preposición “en” para designar en quién abdica, a quién cede el trono, quién hereda la corona, como en:


- el rey Juan Carlos ha abdicado en su hijo, el príncipe Felipe


E incluso el verbo abdicar puede ir seguido de “en favor de”, con el mismo propósito, señalar al sucesor:


- el rey Juan Carlos abdicó en favor de su hijo Felipe


  Aunque lo veáis escrito, “abdicar” no va seguido de complemento indirecto (el rey abdicó al trono, por ejemplo), error que se ha cometido a menudo en la prensa por cercanía semántica con el verbo “renunciar” que sí llevaría ese complemento de objeto indirecto, como cuando decimos: “El rey ha renunciado al trono”.


Pues sí, amigos míos, esa situación produjo un revuelo nacional que ha llenado durante meses todos los medios de comunicación con la noticia de la abdicación de Juan Carlos I de Borbón. Llevaba 39 años de reinado y no parecía dispuesto a abdicar. Había dicho en ocasiones que sólo la muerte le arrebataría el trono. Pero, mira tú lo que es la vida, toda una serie de desafortunadas situaciones ligadas a él personalmente y a su familia, así como una oposición ciudadana clara y rotunda respecto de sus actuaciones, hicieron que Juan Carlos se planteara finalmente renunciar a la corona y abdicar el trono en favor de su hijo Felipe. 

Ahí está, la palabra abdicar.


Vamos con una nueva palabra, vapear. Vapear proviene de “vapor”, y el vapor -como ya debéis saber- es el paso al estado gaseoso de un líquido al que se ha aplicado calor. Cuando pones una olla al fuego para hervir pasta, cuando llega al punto de ebullición, humea, desprende vapor porque el líquido se está convirtiendo en vapor.

Bueno, pues este verbo, vapear, no se ha hecho famoso por algún fenómeno relacionado con la cocina o con la manera de hervir la pasta, sino por estar vinculado a los cigarrillos electrónicos. 

Vapear es un verbo nuevo, antes no constaba en el diccionario de la RAE -y aún no consta. Es un término de nuevo cuño relacionado con el pujante negocio del cigarrillo electrónico que movió 3.000 millones de dólares en 2013 en todo el mundo. 

Pero hace unos meses, la Organización Mundial de la Salud informó de que este cigarrillo no era del todo inocuo, no era simplemente vapor de agua, sino que ese vapor perjudica a quien lo fuma, también a terceros, y además mantiene la adicción a la nicotina. Por todo ello, la OMS aconsejaba prohibir el vapeo (sustantivo) en lugares cerrados y alertaba contra los efectos indeseables del mismo.

Así, centrándonos, vapear sería la acción de aspirar y despedir vapor por la boca cuando fumas cigarrillos electrónicos. El diccionario recoge la forma “vaporear” para indicar que expulsas vapores por la boca, pero este término no ha tenido éxito hasta el momento. Y ese “vaporear” tiene su lógica: si a partir de “sabor”, conjugamos “saborear”; y a partir de “color”, colorear”; lógico sería, de “vapor”, “vaporear”. Pero las cosas de la lengua y del habla pueden, o no, tener lógica, y en este caso se está imponiendo “vapear” a pasos agigantados. Y la prueba es la cantidad ingente de veces que la hemos escuchado en la televisión y en la radio, o la hemos leído en la prensa, en las páginas webs o allá donde se hablara o se comentara este asunto. 

Dicho queda, otra de las palabras usadas masivamente en los medios ha sido ésta, el verbo vapear.


Tenemos ahora otra palabra que a mí me suena muy divertida: el postureo. Supongo que a vosotros os suena a marciano porque es una palabra novedosa que ni siquiera está en el diccionario, todavía, y que ha sido usada primero en las redes sociales, para extenderse después a los medios como una mancha de aceite.

El postureo se refiere a una forma de comportamiento que obedece más a cuestiones de pose, de postura, de imagen o de apariencias, que a una verdadera motivación. 

Toda acción que no es sincera, que está más pendiente de aparentar que de ser, que está muy pendiente de la opinión de los demás, pero que es una acción que se nota que no es sincera, que no es honesta, y que además no es ni tan especial, ni tan brillante, ni tan fantástica como su autor cree, y que ha llegado a convertirse en el arte de aparentar sin ser.

El postureo viene a ser la actitud que adoptan las personas que juegan a ser lo que no son, o que hacen cosas para ser reconocidas o aplaudidas. También se dice  que posturear es hacer cosas de cara a la galería, que no es otra cosa que dar una imagen a los demás, que puede no ser la tuya real.

Por ejemplo, alguien que ha ido dos veces a Nueva York, una en un viaje de fin de semana y la otra cuatro días. Vuelve y le preguntas qué tal. Y dice:


- ¡Ay, no sé! Nueva York ya no es lo que era...


Madre mía, pero si necesitas mucho más tiempo para conocer la ciudad, para captar su esencia, su espíritu, su idiosincrasia...Necesitarías haber viajado muchas veces a esa ciudad, a lo largo del tiempo, o haber vivido ahí una temporada, conocerla a fondo,... en fin, ya me entendéis, otras circunstancias que te permitieran decir esa frase: “Nueva York ya no es lo que era”. Circunstancias como las de ser un viajero experimentado, conocedor del mundo, con años de perspectiva para saber cómo ha ido cambiando esa ciudad. Pero el que dice eso con dos breves viajes en menos de un año, está aparentando lo que no es, está queriendo dar una imagen a los demás que no es auténtica, está presumiendo de lo que no tiene, está aparentando una actitud que es...¡pues eso, pura apariencia! 

El postureo es la búsqueda del reconocimiento personal como objetivo de lo que se hace o de lo que se dice. Practicar el postureo es buscar el aplauso del público, es la necesidad de que nuestros actos sean aprobados y alabados por los demás de una manera compulsiva, casi patológica. El que posturea busca ser aceptado sin condiciones, ser alguien especial, o muy especial mejor, ser reconocido como aquellos a quienes se admira y en quien uno querría convertirse.

Ahí queda, queridas amigas y queridos amigos, el postureo, para que, cuando lo encontréis, sepáis de que se está hablando.


Hay otra palabra que ha entrado en el torrente de las palabras usadas, conocidas y difundidas a lo largo de 2014, que pertenece un poco al universo tecnológico y otro tanto al personal y emocional. Es lo que se conoce como nomofobia.

¡Ay, mamita!, ¿qué es esto? ¿Una nueva enfermedad? Todas las palabras que acaban en fobia denotan algún aspecto humano que no funciona bien. Pero no sabemos qué significa esta fobia concretamente. Al menos yo desconocía su significado la primera vez que la vi escrita.   

Y sí, este nuevo término que aún no está en el diccionario de la RAE, señala un trastorno que sufre la mitad de la población (un 58% de los hombre y un 48% de las mujeres). La nomofobia es el miedo irracional a no estar conectado, fundamentalmente a través de tu teléfono móvil.

Este neologismo es una abreviatura de la expresión inglesa no-mobil-phone fobia, abreviado en “nomophobia” -con ph- que ya se había popularizado en Reino Unido hace unos tres años. En 2011, un Instituto de Demoscopia hizo un estudio para conocer la ansiedad que sufrían los usuarios de teléfonos móviles cuando salían a la calle sin llevarlo consigo, cuando se les acababa la batería, o cuando se quedaban sin cobertura o sin crédito. El estudio mostró que los síntomas de estas persona afectadas por la nomofobia eran totalmente idénticos a los provocados por cualquier otra fobia, fuese ésta ir al dentista, presentarte a un duro examen, tener miedo a los espacios abiertos o el posible ataque de nervios del día anterior a tu boda.

Cuando se da una de estas situaciones, al nomofóbico le sobreviene una terrible sensación de incomunicación, de desconexión con el mundo, hasta tal punto que puede experimentar síntomas tales como ansiedad, taquicardia, pensamientos obsesivos, dolor de estómago o dolor de cabeza. Todo ello hace que ésta pueda ser una adicción que interfiera negativamente en nuestra vida cotidiana y que nos obligue a consultar a un especialista si la cosa se complica excesivamente.

Bueno, chicos, ¿qué? ¿La conocíais? Curiosa palabra y curioso fenómeno, ¿verdad?


Otra palabra profusamente aireada en 2014 ha sido “dron”, sí, sí, sin “e”, aunque es “drone” adaptada al español y escrita tal y como se pronuncia, registrada en la 23ª edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y que significa “aeronave no tripulada”.

Pues eso es un dron, ese pequeño avioncillo, sin piloto, ni copiloto, ni azafatas, ni pasajeros, ni nada que tenga que ver con el estatus humano, que va a velocidades endiabladas y que está teledirigido -o pilotado por control remoto- para que realice misiones militares, o al menos así era hasta hace poco.

Pero el uso masivo de la palabra dron en los medios vino dado al usarse con otros fines. 

Hace meses salió la noticia de que Naciones Unidas había empezado a usar drones para misiones de paz. Después, otra noticia sobre el uso de los drones para controlar la inmigración. Más tarde, el uso de drones para detectar y localizar incendios. Poco tiempo después se publicó el importante papel de los drones en la llamada agricultura inteligente, ya que el dron puede detectar las necesidades de las plantas y cultivos, tales como el riego o la fumigación. Más tarde se habló de la espectacular función de vigilancia de los drones en vías ferroviarias, líneas de alta tensión, estudio de los sitios propicios a las catástrofes con el fin de detectarlas y optimizar las ayudas, además de estudiar en detalle los volcanes más peligrosos y con más riesgo de erupción. Hace poco tiempo también se habló de la posibilidad de que Amazon y otras empresas de comercio online repartieran sus pedidos mediante drones. Y ya la guinda del pastel la puso la noticia de que se estaba inventando un dron para atender urgencias médicas asistiendo al lugar del accidente en tiempo récord y proporcionando a los primeros sanitarios que fuesen allá todo el material necesario para atender al enfermo.

Evidentemente, la mitad de todas estas noticias son proyectos, diseños o simples fantasías, pero sólo de momento. Está claro que estos robots voladores tendrán un papel primordial en multitud de tareas sociales y de todo tipo, en el futuro, cuando las leyes del espacio aéreo hayan regulado su tráfico y cuando pueda ofrecerse un servicio impecable.

Pero, claro, fijaos, todas estas noticias han salido en los periódicos y han llenado páginas y páginas de artículos y comentarios, han llenado las noticias de la tele, han sido comentadas en todas las radios del país, y la gente ha empezado a manejar cómodamente la palabra dron, cuando antes no sabía exactamente qué era, cómo funcionaba y le sonaba a algún tipo de pequeño avión kamikaze con el que los militares se lo pasaban en grande...

Bueno, ahí está, esa otra palabra protagonista del año pasado y que los Reyes Magos han recuperado para regalarla a Spanishpodcast.


La siguiente palabra es la monda. Es una palabra que el diccionario de la RAE ha incorporado a su última edición  y que parece ser que, en algunos países de Latinoamérica, era usada con normalidad desde hace años.

Esa palabra es “amigovio”. Sí, sí, habéis oído bien: amigovio. ¿A qué te suena esta palabra? ¿Verdad que te resulta familiar en cierto modo? ¡Claro! Porque es la fusión entre dos palabras que seguro que conoces: amigo y novio--> amigo+vio= amigovio. Una palabra híbrida que aúna dos palabras bien conocidas del español. 

Bueno, pero...¿qué quiere decir amigovio? Pues, verás, ser amigovios es tener una relación que es más que una amistad, pero con un compromiso menor que el que entraña un noviazgo formal. La síntesis entre amigo y novio viene a ser lo que veníamos llamando “un amigo con derecho a roce”, o una relación sin el compromiso de fidelidad propia del noviazgo, por ejemplo. Es decir, una relación-relación, pero sin las ataduras de un compromiso, o sin las exigencias formales de éste. Vendría a ser como un noviete informal que podría -o no, ya se verá- llegar a ser un novio formal si la cosa funciona.

Es un término usado desde hace décadas en países como Argentina, Uruguay, México, o Paraguay. Fijaos si allí es una palabra común que en 1995 un canal de la televisión argentina emitió una telenovela de 248 capítulos titulada “Amigovios”. 

Lo que tiene que quedar claro es que la diferencia entre ser novios o ser amigovios es ni más ni menos que el nivel de compromiso, es decir, en una relación de amigovios no hay expectativas de relación formal futura.

Esta palabra se incluyó en la última edición del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (la vigésimo tercera edición, 23º) y se ha hecho omnipresente en prensa, televisión y conversaciones habituales, por lo que también está en la lista de las palabras de 2014.


Bien, otra palabra relacionada con el submundo financiero y político, además de corrupción, ha sido el uso de estas dos palabras juntas: tarjetas black, tarjetas negras o tarjetas opacas. La prensa y los medios en general se han referido a estas tarjetas de crédito con estos tres nombres. ¿Y qué son las tarjetas opacas? Pues las que han usado un grupo de sinvergüenzas y chorizos, disfrazados de personas honorables, que ocupaban la cúpula de los cargos directivos de élite de una entidad bancaria: Caja Madrid. Este atajo de delincuentes disfrutó, durante años -también los de la crisis-, de una tarjeta VISA de crédito que les permitía gastar hasta 50.000 euros al año, sin tener que rendir cuentas a nadie, ni siquiera a Hacienda, a la Fiscalidad española. Ochenta y seis (86) miembros del Consejo de Dirección de Caja Madrid, llamada después Bankia, tenían una tarjeta de crédito para gastos varios, además de sus retribuciones personales y gastos de representación. Entre 2009 y 2012, estos 86 directivos se pulieron, sin que se les moviera un pelo del flequillo, 15 millones de euros, por supuesto en restaurantes de lujo, regalos millonarios, viajes, casas de masaje, y lindezas por el estilo, y ya digo, sin mover una pestaña. Evidentemente, todo esto, aparte de sus remuneraciones como directivos que, durante esos años, ascendió a 70 millones de euros. ¡Vivir para ver!

La justicia española ha considerado que el uso indebido de estas tarjetas puede ser objeto de denuncia en tanto en cuanto se ha cometido un delito contra la sociedad bancaria y otro de apropiación indebida, siempre sin tener que declararlo a nadie, ni al propio Banco, ni a los clientes, ni a la Fiscalidad. Delito y crimen inmoral innegable, teniendo además en cuenta que este banco tuvo que ser rescatado con dinero público (con nuestro dinero, el de todos los españoles) por un montante de 23.500 millones de euros...Podéis comprender la indignación de toda la ciudadanía española cuando supimos que estos indeseables se estaban forrando a nuestra costa, sin el más mínimo cargo de conciencia. 

Este feo y corrupto asunto ha ocupado páginas y páginas de la prensa escrita, así como horas y horas de programas radiofónicos y televisivos, hasta que todos los ciudadanos normales, los de a pie, nos hemos aprendido de memoria el objeto del delito: las archifamosas tarjetas black, o tarjetas opacas, o incluso tarjetas negras, como han venido denominándose en los entornos periodísticos. Y os aseguro que esas tres formas de calificarlas son igual de conocidas y de usadas, por eso las pongo aquí las tres.


Viene ahora otra palabra ligada a la tecnología, ésta vez muy cuca, muy cortita y muy fácil de usar. Es la palabra apli, que viene de “aplicación” en el terreno virtual, informático. Recordaréis que una aplicación informática es un tipo de software que permite al usuario de ordenadores realizar un determinado tipo de trabajo. Por ejemplo, un procesador de texto, o una hoja de cálculo, o las que contiene el paquete de Microsoft Office, o las aplicaciones diseñadas para los teléfonos móviles inteligentes (smartphones) o para las tabletas (tablets) tales como la WhatsApp, Instagram, Pinterest, Angry Birds, y tantas y tantas y tantas otras, son aplicaciones que circulan hoy día, gratuitas o de pago, para ser usadas en ordenadores, tabletas y móviles.

Aquí se empezaba ya a decir una app, o una apps, o una aps, ... con lo que el universo de este concepto se dilataba más y más entre diversas abreviaturas del término anglosajón. Por ello, y recurriendo al término español “aplicación”, se ha establecido esta fácil y ágil abreviatura, rápida de pronunciar, fácil de recordar y fiel a su origen, y que puede ya usarse sin cursivas, sin comillas y con toda corrección, diciendo que has obtenido una nueva apli que es una chulada y con la que vas a dejar a tus colegas...¡sin habla!

Nuestra última palabra de hoy es una palabra bonita, romántica, estética,..y se ha impuesto como palabra precisamente por los miles de fotos que de su objeto se han tomado. Es una sola palabra y tal cual se pronuncia, superluna. ¿Y qué es una superluna? 

La superluna es un fenómeno por el que la luna llena está en el punto máximo de su proximidad a la Tierra. Su término astronómico es “perigeo”. Y eso sucede porque la órbita lunar es elíptica, y no redonda. En esa máxima cercanía a nuestro planeta, la luna se ve un 14% más grande y hasta un 30% más brillante. 

Es un fenómeno que se da cada quince o veinte años para poder ser visto en todo su esplendor. Sin embargo, en 2014 se ha dado la circunstancia de que ha habido tres fases (cuatro para algunos) de luna llena durante las que nuestro satélite se vio enorme, con un tamaño extraordinariamente grande y llena de luminosidad. Las fechas fueron el 12 de julio, el 10 de agosto y el 9 de septiembre y 7 de noviembre, todas en 2014. La próxima superluna será el 14 de noviembre de 2016, aunque hay quienes aseguran que la próxima superluna será el 18 de febrero de 2015. Habrá que estar atentos e intentar ver este precioso fenómeno.

Ahora ya lo tenemos más claro, ¿verdad? Una superluna es la coincidencia entre una luna llena y el momento en que  está más cerca de la Tierra. Justo en esa fase, la luna suele estar a unos 356.000 kilómetros del punto de la Tierra más cercano, frente a los 406.000 km de media, distancia a la que suele estar.

La gente, que está muy bien informada sobre todo lo que pasa, cuando tiene noticia de que va a haber otra superluna, coge a su amigovia, su cámara de fotos con su fantástica apli para hacer fotos geniales, y se va a un punto desde el que va a poder sentirse en plena eclosión romántica con su partenaire, observar la superluna, disfrutarla, fotografiarla y sentir que lo que nos ofrece la naturaleza no tiene parangón posible con apli alguna, por más fantástica que ésta sea. 

Por ello, miles, decenas de miles, o millones -que no lo sé- de personas en todo el mundo han obtenido unas fotografías espectaculares de lunas bellísimas, enormes, brillantes, mágicas, hipnóticas, hermosas y amorosas como pocos fenómenos astronómicos visibles, y esas fotos con sus comentarios han dado lugar a que millones de personas hayan hablado de las superlunas, que antes eran dos palabras, con el “súper” acentuado, o con un guión en medio, y a partir de ahora será una sola palabra fácil y cómoda de decir, superluna, y fácil y cómoda de escribir.

Aquí os dejo la dirección electrónica de un video maravilloso sobre unas superlunas idem, no os lo perdáis. Venid a hacernos una visitita a www.spanishpodcast.org, y podréis ver en la Guía Escrita (no en la transcripción que no nos permite la inclusión de fotos) las fotos que os ilustrarán todas y cada una de las palabras del año 2014 que os hemos traido aquí para que podamos compartirlas entre toda la gente que adoramos el español.


http://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2014/07/11/superluna/00031405094244195140172.htm


Queremos, cómo no, dar las gracias a sus Majestades, los Reyes Magos de Oriente (Melchor, Gaspar y Baltasar) por haber respondido a nuestra Carta a los Reyes, en la que les pedíamos un regalo especial para Spanishpodcast, un regalo que pudiéramos compartir con todos vosotros. Y nos han escuchado y nos han traído el mejor de los regalos posibles: las palabras más usadas, dichas, leídas, escritas, habladas y manejadas por los españoles durante 2014. Los Reyes descansaron en nuestros balcones, comieron las frutas que les habíamos dejado en una cesta, y los camellos se bebieron toda el agua que les habíamos puesto en unos platos. Nos dejaron todas las palabras en una bolsa cerrada que, al ser abierta, dejó escapar miles de diminutas y brillantes estrellas, cientos de superlunas y líneas de luz que viajaban hacia todas las direcciones del planeta. En el fondo de la bolsa brillaban un montón de letras sueltas que iban saliendo, revoloteando como pequeñas plumas brillantes y se iban agrupando, una por una, en las palabras que aquí os hemos contado, las palabras españolas más famosas del año. La magia de ese momento ha sido una gran experiencia.

Cada año escribiremos una carta a los Reyes Magos, a ver si tenemos la misma suerte que éste. Seguro que sí.

Queridas amigas y queridos amigos, nos gusta mucho compartir lenguaje con vosotros, nos gusta mucho que ello os sirva para progresar con vuestro español y nos encanta que disfrutéis con ello. 

Abrazos, buenos deseos y amistad para todos.

Nos vemos.

Chao.








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