La paella es deliciosa o está deliciosa





La paella es deliciosa o está deliciosa.

(Ser y Estar 12)





Hello and welcome to Spanishpodcast. I am Mercedes speaking to you from Barcelona. In our 216th episode (La paella es deliciosa o está deliciosa/ Ser y Estar 12), we are going to continue studying adjectives taking “ser” or “estar” in order to express a quality or an state. Let´s go to see these uses.

Very important topic but we are going to explain it clairly and with a lot of examples, as usual.


Hola queridos amigos y bienvenidos a español podcast. Soy Mercedes y os hablo desde Barcelona. En nuestro episodio nº 216: La paella es deliciosa o está deliciosa / Ser y Estar 12, continuamos estudiando los adjetivos que toman “ser” o “estar” según quieran significar una cualidad o un estado, aunque hay excepciones que también revisaremos aquí.






Seguro, queridas amigas y queridos amigos, que recordáis todo lo que estuvimos viendo en el anterior episodio.

En primer término, veíamos adjetivos que mantienen el mismo significado y que se usan indistintamente con los verbos ser y estar, sin que nada cambie sustancialmente.

Era el caso de los diversos estados civiles:

  • soltero
  • casado
  • separado
  • divorciado
  • viudo

Y que usábamos indistintamente con el uno o con el otro, sin que el mensaje variase en lo esencial.

Sí que analizábamos las intenciones del hablante, la actitud o expectativas del interlocutor, o el contexto. Pero incluso teniendo esto en cuenta, se usan indistintamente muchas veces sin comprometer el significado.

También poníamos como ejemplo el adjetivo “interesante”, ¿recordáis?

  • Es una novela interesante.
  • La novela que estoy leyendo está interesante.

O el adjetivo “feliz”, que mostrábamos en el diálogo del episodio. David decía:

  • Estoy feliz porque no he vuelto a tocar el tabaco.

Y más abajo, cuando Lorena le habla del grupo que han formado para comentar novelas, le dice:

  • Yo, leyendo novelas, soy feliz. Me apasiona.

Y ambas frases están correctamente construidas y con un sentido idéntico. Cierto que David podría haber dicho:

  • Soy feliz por haber dejado el tabaco definitivamente.

Y Lorena podría haber dicho:

  • Estoy feliz cuando leo novelas.

Pero lo han dicho de la otra forma, y está bien. Y aún, en este apartado, añadiremos como último ejemplo, los adjetivos “bueno/a”, “exquisito/a”, o “delicioso/a” aplicados a la comida y con el que hemos dado título a este episodio:

  • ¿La paella es deliciosa o está deliciosa?

Hemos tomado un plato español muy conocido y muy rico: la paella. Si se hace bien, la paella es un plato delicioso, es una comida rica: la paella es buena.

Pero hoy vamos a un restaurante marinero donde la hacen impecable: con pescado, con marisco, dejando el arroz en su punto, con un sabor único. Y para referirnos concretamente a esta paella que estamos comiendo hoy, podríamos expresarnos así:

  • Mmm, esta paella está buenísima.
  • La paella está muy buena.
  • Esta paella está deliciosa.
  • ¡Qué buena está la paella, por Dios!
  • Esta paella está realmente exquisita.

Pero ahora mismo, el abuelo dice:

  • Esta paella es una delicia, riquísima.

Y está bien dicho.

Y el niño dice:

  • Es buenísima, abuelo, ¿te pongo más?

Y la madre añade:

  • Es que la paella de este restaurante es exquisita. Está de muerte.

Y el padre también quiere dar su opinión:

  • Es la mejor paella de Barcelona. Es una delicia. Está para chuparse los dedos.

Y así...hasta el infinito.

Ser y estar en danza alternante con este tipo de adjetivos, usados indistintamente y sin cambiar su sentido en lo esencial.

Sin embargo, continuábamos revisando, si recordáis, otro tipo de adjetivos que podían usarse con ambos verbos, con un sentido similar (más similar o menos similar, según los casos) y en los que cambiaba, sobre todo, el tipo de cualidad, estable o transitoria, que uno u otro verbo confería a ese adjetivo, o el tipo de definición de identidad o de descripción de un estado que cada verbo le otorgaba a ese adjetivo.

Citábamos como David estaba más relajado al haber reducido el número de tardes trabajadas. Y cómo David también decía que eso era consecuencia de que el ambiente de trabajo era relajado (él lo estaba como resultado de trabajar en un ambiente que era relajado).

También citábamos el ejemplo de la cena en la que Pedro estaba hablador (sin serlo habitualmente). Y comentábamos también la diferencia entre que Juanito estaba alto (para su edad y en relación a la última vez que esa persona le vio); o que Juan estaba atractivo porque llevaba un corte de pelo favorecedor y estaba muy moreno porque hacía surfing en la playa.

Si alguno de vosotros no pudo escuchar o trabajar el episodio anterior, el 215 (Estoy feliz y soy feliz), es el momento de hacerlo ya que éste (el 216) es la continuación que completa el anterior.

Bien. Eso es lo que nos pasa con los verbos ser y estar cuando la alternancia de ambos es posible con un mismo adjetivo, y es que nos encontramos con que elegimos uno u otro dependiendo de intenciones comunicativas, contextos, circunstancias cambiantes, comparaciones, etc. Es decir, introducimos nuestra perspectiva, nuestra percepción de la situación, nuestra subjetividad, en una palabra.

Vamos a nombrar algunos adjetivos que conservarían un significado similar con ambos, pero a los que ser o estar confieren una interpretación diferente de su sentido y por lo tanto denotan realidades diversas. Serían:

  • ser gordo / estar gordo
  • ser delgado / estar delgado
  • ser alto / estar alto
  • ser bajo / estar bajo
  • ser guapo / estar guapo
  • ser feo / estar feo
  • ser aburrido / estar aburrido
  • ser divertido / estar divertido
  • ser débil / estar débil
  • ser atractivo / estar atractivo
  • ser amable / estar amable
  • ser desagradable / estar desagradable
  • ser joven / estar joven
  • ser viejo / estar viejo
  • ser mayor / estar mayor
  • ser pálido / estar pálido
  • ser grande / estar grande
  • ser pequeño / estar pequeño
  • ser insoportable / estar insoportable
  • ser hábil / estar hábil
  • ser caro / estar caro
  • ser barato / estar barato
  • ser calvo / estar calvo
  • ser encantador / estar encantador
  • ser raro / estar raro
  • ser antipático / estar antipático
  • ser gracioso / estar gracioso
  • ser triste / estar triste
  • ser alegre / estar alegre
  • ser difícil / estar difícil
  • ser distraído / estar distraído
  • ser despistado / estar despistado
  • ser tranquilo / estar tranquilo
  • ser nervioso / estar nervioso
  • ser un loco / estar loco
  • ser un borracho / estar borracho
  • ser un neurótico / estar neurótico
  • ser un enamorado de.../ estar enamorado de
  • ser un apasionado de.../ estar apasionado por

Cuando usamos estos adjetivos con “ser”, definimos la personalidad de alguien mediante estos rasgos físicos o psíquicos, calificamos una condición inherente a la persona.

Cuando los usamos con “estar”, normalmente implica que conocemos a la persona y al usar ese adjetivo, indicamos que ha habido un cambio en esa persona. Es decir, de alguna manera, está definiendo también a la persona pero en relación a ella misma tal y como la conocíamos, o como la percibíamos en otro momento o en otra situación anterior.

No os preocupéis porque con los ejemplos vamos a acabar de comprenderlo todo. Pero de momento, amigos míos, vamos a seguir charlando sobre esto como si estuviéramos tomando un café entre amigos, preguntando, respondiendo, despejando dudas, pero sobre todo en plan suave y distendido.

Porque en este y en el anterior episodio hemos entrado en el terreno subjetivo para opinar sobre objetos y personas. Y esas valoraciones subjetivas son gramaticalmente correctas, pero no siempre obedecen a la misma norma.

El hecho de que yo diga frases como:

  • ¡Qué guapa estás hoy!
  • Paco está más gordo desde que se ha casado. Antes no era gordo.
  • El cerezo está en flor desde febrero.

O similares, nos pone en la pista de que muchas veces vamos a optar por “ser” o por “estar” según estemos definiendo características estables, que definen cualidades inherentes a la persona, o estemos aludiendo a cualidades transitorias, reales o imaginarias (sí, sí, reales, o imaginarias) o a estados que son el resultado final de un proceso en el que ha habido cambios.

El verbo ser se une a adjetivos muchas veces clasificadores que definen los caracteres naturales o adquiridos de las personas, que las distinguen de otras y que denotan la pertenencia a una clase, a un conjunto, a un grupo o a una especie. Y que a veces definen cualidades esenciales estables.

El verbo estar, por otro lado, elige estados episódicos y la compañía de participios y adjetivos perfectivos, adjetivos que hablan o denotan el resultado de una acción, la cristalización final de un proceso. “Estar” nos  va a informar sobre la situación en la que se encuentra alguien en sus sucesivos estadios.

Esto se ve claramente con el adjetivo “muerto”. Decimos de alguien que “está muerto”. Y entonces saltan todas las alarmas. Vamos a ver, diréis, “estar muerto” no es un estado transitorio en la persona, es un estado definitivo. Estás muerto y muerto estás, y quien muere, muere para siempre -que sepamos. ¿Por qué, entonces, no usarlo con el verbo ser? A ver, ¿por qué no?

Pensemos un momento: una persona está muerta ahora, después de haber estado sana y viva durante mucho tiempo; quizás también después de haber enfermado; quizás después de haber pasado años luchando contra una enfermedad; quizás tras haber atravesado un larguísimo proceso terminal; quizás...caben tantas hipótesis como azares tienen nuestras vidas. Pero lo que quiero que pensemos es que hemos estado vivos y nuestras vidas han ido transcurriendo en mitad de cambios, transiciones, procesos de avances y retrocesos, que van a desembocar a un estado final que es “dejar de vivir”, abandonar la existencia, dejar el mundo, pasar a la otra vida, morir finalmente.

Por eso podemos decir, sin lugar a dudas: está muerto (y no es muerto, en ningún caso). Y estar muerto es el resultado final de un proceso de sucesivas etapas (sanas o con enfermedades) que nos aboca, indefectiblemente, a la muerte, a morir, a estar muertos.

Podemos decir simplemente que alguien “está muerto” porque “ha dejado de vivir”. Ha habido un cambio radical de la vida a la no-vida, del estado de la vida al de la muerte, consecuencia y fase final del proceso existencial.

Oiremos también, sin embargo, decir en español:

  • Ése es un muerto de hambre.

Aunque aquí se produce la alternancia de ambos verbos, pero con un cambio drástico de significado, puesto que decir que alguien “es un muerto de hambre”  es calificar a una persona (viva, por supuesto) como miserable, alguien pobre con necesidades de todo tipo (nada que ver con estar muerto). Incluso se usa de forma sarcástica para hablar de alguien miserable, pero con pretensiones.

Lo mismo sucede con otro adjetivo bien conocido por todos vosotros: “enfermo”, alguien está enfermo. Oiremos decir, no obstante:

  • Ese hombre es un enfermo (ser + un + enfermo), que usamos coloquialmente para calificar a alguien que muestra reiteradamente un comportamiento poco común, o un comportamiento extremado, patológico a veces. Entonces decimos “es un enfermo” (con el “un” delante).

Pero también oiremos:

  • Luis está enfermo, está en la cama con fiebre. La gripe estacional.
  • María está enferma. Ha pillado una infección intestinal en su último viaje.
  • Hola, hoy no iré a trabajar. Estoy en casa, enfermo. Luego vendrá el médico y me dará la baja.
  • Está muy enfermo, dicen que le quedan pocos meses de vida.

Aludiendo en todos los casos a un estado cambiante (de la salud a la enfermedad), sea cual sea la duración de dicho estado: tres días de gripe, seis meses tras un accidente, o padecer una enfermedad crónica durante años. Diremos: está enfermo o está enferma

Cuando estamos delante de adjetivos que pueden acompañar a ambos verbos con similar significado, marcamos la diferencia analizando si hablamos de cualidades permanentes o transitorias, o si hablamos de cualidades inherentes al sujeto o hablamos de estados resultado de una serie de fases previas que han configurado un proceso con un estado-resultado final.

Si yo digo:

  • Messi es muy hábil.

Digo que Messi, el archifamoso jugador de fútbol del Barça, del Barcelona, es un futbolista hábil. Lo que estoy diciendo es que su dominio de la técnica futbolística le hace ser hábil, experto, siempre que tiene una pelota entre los pies. Señalo la característica estable de su juego: su habilidad (por la que le pagan cifras astronómicas, desde luego).

Pero supongamos que yo digo:

  • Messi está muy hábil en este partido.

Puedo decirlo así por varios motivos, como que lleva un tiempo con un juego menos estratégico, que lleva cuatro partidos en los que parece otro y no el gran Messi, que yo lo veo diferente en los últimos tiempos en el Barça, que yo quiero que dé el máximo de sí mismo en cada partido, etc. etc. etc. 

Y que hoy que está jugando muy bien, que ya ha metido un gol en los primeros diez minutos, que regatea como si tuviera alas en los pies, que aprovecha todos los balones, etc. etc. etc. Yo digo que hoy, Messi, está muy hábil en este partido, circunscribiendo su habilidad al estado desplegado en el actual partido que se está jugando. Lo estoy comparando con toda una serie de estados previos que a mí me parecía que le habían restado habilidad. Y en función de todo eso, que es mi percepción personal de la figura de Messi, yo hoy lo percibo diferente y vuelve a mostrar su habilidad, al menos en este partido que se está jugando.

Os recuerdo también el ejemplo de Juanito, el hijo de mi amiga, que es un niño alto, como sus padres. Ser alto será una de sus características físicas definitorias. Pero si además ahora hace 6 meses que no lo veo y me lo encuentro por la calle con su madre, y me sorprende la altura que tiene para sus 11 años, entonces diré:

  • Juanito está muy alto (para su edad). ¡Cómo ha crecido!

Es decir, está muy alto en una etapa en la que otros niños de esta misma edad, no están tan altos. Juanito está teniendo un proceso de crecimiento muy notable. Y el resultado es que, para sus once años, está muy alto.

Supongamos ahora que yo tengo un familiar que se llama Rodrigo, al que toda la familia considera antipático y poco sociable. Rodrigo es rudo y de pocas palabras. La verdad es que es difícil relacionarse con él porque suele ser grosero, cortante y orgulloso con todo el mundo. Por esa razón, todos dicen que es insoportable. Y todos dicen de él que es insoportable como un elemento de su personalidad, un elemento que le define permanentemente a ojos de todos los que se relacionan con él.

Supongamos que el hermano de Rodrigo, Ernesto, no es tan insoportable como él, pero es serio, poco cordial y tímido, aunque Ernesto se esfuerza todo lo que puede en tener una relación aceptable con los demás. Todo el mundo sabe que tiene algunos días en los que está muy antipático, no quiere ver a nadie o no te contesta si le preguntas algo. Y desfortunadamente hoy es uno de esos días. Por eso digo:

  • Ernesto está hoy insoportable. 

No siempre está así, pero concretamente hoy sí, hoy está insoportable.

Con el término “guapa” puede pasar lo mismo. 

María es una mujer guapa, aunque esté despeinada, cansada o de mal humor. Siempre está guapa y todos la consideran guapa. Es una cualidad que la define cuando se habla de ella: María es guapa y todos están de acuerdo en ello.

Sin embargo, su hermana Ana es una chica mona, pero se la considera normal. Ahora, en verano, Ana está muy morena con el sol; está relajada, se lo pasa bien, y se le nota; lleva el pelo recogido; y hoy se ha puesto un vestido blanco que la favorece mucho. Pedro se encuentra con Ana; la ve así, tan morena, con ese vestido, y le dice:

  • Hola, Ana, pero qué guapa estás. 

Le dice que está guapa ahora, en esta etapa, en verano, en vacaciones, tan morena y con ese vestido tan espléndido, con esa cara tan relajada, con ese brillo en la mirada...Está guapísima.

A ver, amigos, esto no significa que Pedro le dice a Ana que otras veces está fea, no, ni mucho menos, pero sí que ahora está especialmente guapa porque hay muchas circunstancias juntas que han mejorado extraordinariamente el aspecto de Ana, y el resultado es, en esta etapa, que ella está guapa y es evidente.

Y por eso, porque vamos a encontrar muchas veces ese estado final producto de un cambio con el verbo estar, podríamos sustituír “estar” por verbos específicos que hablan de ese cambio:

  • Es alto (Desde siempre, por naturaleza)
  • Está alto (Se ha puesto alto tras el proceso de crecimiento y lo está más que otros de su misma edad).


  • Es sordo (Tiene una discapacidad auditiva)
  • Está sordo (Se ha quedado temporalmente sordo a causa de un accidente).


  • Es imbécil (manifiesta conductas habituales que le merecen ese adjetivo)
  • Está imbécil (Se ha vuelto imbécil, no lo es habitualmente).


  • Es hablador (lo es por naturaleza, en cualquier circunstancia).
  • Está hablador (Se ha vuelto hablador porque está a gusto, divirtiéndose, porque ha bebido, ...).


  • Es alegre (lo es siempre, forma parte de su carácter).
  • Está alegre (Se ha puesto alegre porque acaba de recibir una noticia estupenda).


  • Es insoportable (Lo es constantemente).
  • Está insoportable (Se ha puesto insoportable, se ha vuelto insoportable durante toda la comida familiar).

Es decir, cuando estamos usando un determinado adjetivo con el verbo ser, estamos denotando una cualidad definitoria de esa persona, o un rasgo de carácter habitual en ella, o una parte conocida y estable de su personalidad, o de su físico.

Y muchas veces, cuando usamos ese mismo adjetivo con el verbo estar, hacemos referencia a un cambio en esa persona, un cambio que la ha vuelto así, protagonista de un estado episódico que no es el habitual en ella y con el que comparamos el actual.

Por todo ello, uno puede:

  • Ser pesimista / Estar pesimista (Juan es un pesimista redomado, siempre ve el lado negro de las cosas. Y: La verdad es que estoy muy pesimista con lo del trabajo, no me sale nada).
  • Ser optimista / Estar optimista (Da gusto pedirte consejo; eres tan optimista que siempre me animas. O: Creo que me van a dar el trabajo, estoy optimista respecto a ello).
  • Ser agresivo / Estar agresivo (Pedro es tan agresivo que tienes que hablarle con cuidado para que no te conteste mal. O: Hijo mío, no estés tan agresivo con tu madre, que yo no tengo la culpa de tus malas notas).
  • Ser cariñoso / Estar cariñoso (¡Qué cariñosa es tu abuela! Siempre tiene una palabra amable. O: ¡Qué fiesta tan estupenda! Todos habéis estado muy cariñosos conmigo. Gracias).
  • Ser callado / Estar callado (No, Sergio no está enfadado, no habla porque es muy callado. Y: Huy, qué te pasa, estás muy callado hoy, ¿te ha pasado algo?).
  • Ser generoso / Estar generoso (Mi madre es muy generosa, vive para su familia. O: Gracias, papi, hoy estás muy generoso, gracias por los cien euros).
  • Ser perezoso / Estar perezoso (Eres muy perezoso, nunca te apetece pasear. O: Me voy a quedar una hora más en la cama, estoy muy perezoso esta mañana).
  • Ser pesado / Estar pesado (Paco es un pesado, se pasa la vida hablando de programas de la tele. O: Uf, qué pesado estás hoy con lo de comer espaguetis. Voy a hacértelos, hijo, a ver si paras).
  • Ser serio / Estar serio (Me da un poco de respeto ir a cenar a tu casa, es que tu padre es muy serio. O: ¿Por qué estás tan serio? Venga, alégrate. Ya verás como todo se soluciona).
  • Ser tonto / Estar tonto (Este nuevo compañero es tonto, tonto, se pasa el rato diciendo estupideces. O: ¿Pero estás tonto? ¡Acabas de borrar el informe definitivo del ordenador!).
  • Ser trabajador / Estar trabajador (Mi marido es muy trabajador, tiene dos empleos y jamás se queja. O: Hijo, hoy que estás tan trabajador, ayúdame a poner la mesa).
  • Ser torpe / Estar torpe (Qué torpe soy, siempre necesito ayuda con las matemáticas. O: ¡Estás muy torpe hoy! Lo haces todo al revés).
  • Ser fenomenal / Estar fenomenal (Es fenomenal la idea de montar un viaje a la India. O: Esta mañana he visto a Marta, estaba fenomenal, espléndida).
  • Ser igual / Estar igual (Hija mía, eres igual que tu madre, físicamente y de carácter. O: Hacía tiempo que no veía a mi amiga Pepi, pero está igual que siempre, joven y alegre).
  • Ser raro / Estar raro (El jefe es muy raro, es una persona extraña e impredecible. O: Hijo, estás muy raro estos días, ¿son los exámenes? / No, mamá, las chicas...).

De ahí que alguien “normal” (entre comillas), en virtud de cambios e influencias accidentales en su vida, se vuelve tonto, raro, callado, agresivo, hablador, simpático, tranquilo, lento o despistado y se instala en un estado transitorio en el que está tonto, está raro, está callado, está agresivo, está hablador, está simpático, está tranquilo, está lento o está despistado circunstancialmente, sin serlo de manera habitual.

Ya vais viendo, queridas amigas y queridos amigos, que hay aspectos gramaticales y comunicativos que nos ayudan a optar por el verbo ser o por el verbo estar con un mismo adjetivo, pero veis también cómo entra en escena nuestra subjetividad a la hora de darle significación a lo que percibimos.

Supongamos que mi amiga Marta está casada con Diego desde hace diez años. Cuando se conocieron, Diego tenía todo su pelo, pero con el paso del tiempo lo ha ido perdiendo y ahora ¿es calvo?, ¿está calvo? Pues ya veréis, para mí, Diego es calvo; para mi amiga, su mujer está calvo, ¿por qué? Fijaos en este diálogo entre ella y yo:

Ella:Diego quiere hacerse un trasplante de pelo.

Yo:¿Ah, sí? No le gusta ser calvo, ¿verdad?

Ella:Es que no es calvo. Está calvo desde hace unos años, pero es una situación que puede cambiar.

Yo:Perdona, quería decir que es calvo porque yo siempre lo he conocido así, sin pelo.

Ella:Ya, pero Diego antes tenía un pelo precioso: negro, denso, rizado,...

Yo:Ya...

Ella:La verdad es que está acomplejado por el estado de su pelo.

Yo:Ya, lo comprendo. La calvicie es un problema para mucha gente. Unos no le dan importancia, pero para otros es como una pesadilla.

Ella:Yo lo animo a que se haga el trasplante. Se le quitarían todos loscomplejos.

Yo:¿Por qué no? Si puede volver a tener pelo, ¿por qué no intentarlo?

Queridas amigas y queridos amigos, éste es sólo un ejemplo, porque este diálogo podría haber sido de muchas maneras diferentes. Pero lo que quería mostraros es que, para mí, Diego es calvo. Le conocí cuando mi amiga y él se casaron, y entonces ya era calvo. Nunca lo conocí con pelo. Por lo tanto, para mí, es calvo. No es ninguna ofensa. Sin embargo, mi amiga lo conoció con su pelo, y tanto él como ella tienen esa experiencia previa que ha cambiado al estado de no tener pelo, en perderlo, y en volverse calvo. Para ellos dos, Diego está calvo. Y no sólo porque comparan su estado actual con el anterior, sino que además ha venido a sumarse ahora esta nueva posibilidad de volver a tener pelo mediante el trasplante, con lo cual podría volverse un estado transitorio, con futura solución.  Dos aspectos que apoyan el hecho de que mi amiga y su marido hablen de “estar calvo”: la comparación con una etapa anterior en la que no lo era (es decir, no siempre fue calvo) y la posibilidad de un cambio mediante un trasplante que le devolvería el pelo a Diego.

Mirad, otro ejemplo que os resultará muy familiar. Decimos que una persona es sorda, habitualmente, cuando ha nacido con una discapacidad auditiva que le ha privado desde siempre de la capacidad de oír. Decimos que una persona está sorda cuando le ha sucedido algún accidente por el que está sordo de forma transitoria: por ejemplo, ha oído una explosión muy cercana que le ha afectado el tímpano del oído; o ha tenido una otitis (una inflamación del oído interno) por la que ha perdido audición durante un tiempo. 

Incluso, recordad qué nos pasa cuando bajamos del avión y oímos fatal durante un rato por efecto de la presión en el vuelo. Tu pareja te dice algo y tú le contestas:

  • Perdona, no te oigo nada, estoy sorda total. Espera un poco.

¿Verdad que alguna vez os habéis encontrado en esta situación? Y no es que seáis sordos, es que estáis sordos circunstancialmente, os habéis quedado sordos durante un rato.

Veamos también este minidiálogo:

Sara:¿Has visto últimamente a Carmen?

Yo:No, ¿por qué?

Sara:Porque está super delgada.

Yo:Bueno, nunca fue gorda.

Sara:Gorda, no; pero estaba llenita. Pero es que ha hecho dieta y ha perdido doce kilos.

Yo:Ah, son muchos kilos. No me extraña que esté delgada.

Alguien se vuelve más delgada porque hace dieta. Como resultado, esa persona está delgada ya que, en comparación con su estado anterior (era “llenita”), ahora está delgada. Y además una dieta tiene consecuencia final: una pérdida de peso y un estado de más delgadez.

Por el contrario, de una persona que siempre ha sido delgada, se dice:

  • Es delgada.

Usamos  “ser” porque definimos una cualidad que define a su vez a esa persona porque siempre ha sido delgada y se la ha conocido a lo largo de todas las etapas de su vida como tal.

Pasa lo mismo con el adjetivo “torpe”. Hay un compañero de la oficina que tiene fama de torpe, ¿por qué? Porque lleva unos archivos en las manos y se le caen; pide ayuda muchas veces porque se lía con el ordenador; se le olvidan cosas importantes...; el otro día me trajo un café, tiró el vasito y derramó el café al dejarlo sobre la mesa. En fin, es un poco torpe el chico, qué le vamos a hacer.

Pero supongamos que un día de los que tú estás en la oficina, te pasan esas mismas cosas por primera vez, es decir, te has olvidado una cosa importante, te la has liado con el ordenador y has tirado tu café sobre los papeles de tu mesa. Todo ello se debe a que ayer tuviste una tremenda discusión con tu novio a causa de sus celos. No has podido dormir en toda la noche, te encuentras cansada y notas que no rindes bien en el trabajo.

Al verter el café, miras a Sonia, tu compañera en la oficina, y le dices:

  • ¡Uf! Hoy estoy muy torpe. Todo lo hago mal.

Y ella te contesta:

  • ¡Tranquila, chica! Todos tenemos días tontos. No te preocupes. Mañana será otro día.

Obviamente, tú no le has dicho: “Sonia, es que ya sabes que yo soy torpe”, sino que te has excusado diciendo: “Hoy estoy muy torpe, todo lo hago mal”.

Es verdad que otras veces, ante un error accidental y esporádico, también usamos el verbo ser y también es perfectamente correcto.

Supongamos que tropiezo y le tiro el café caliente a mi compañero, justo en sus pantalones. Yo, totalmente avergonzada y llena de culpa, le digo:

  • ¡Oh, qué torpe soy! Lo siento muchísimo. ¿Qué puedo hacer para remediar esto? ¡Cómo lo siento, Luis! Discúlpame.

¿Veis, amigos? Ciertamente, y a pesar de toda la información que os estoy dando, habrá muchas ocasiones en las que el uso de ser o estar va a depender de todas esas características que venimos repitiendo (intención de los interlocutores, expectativas, contexto, situación transitoria, comparación con épocas anteriores, resultado final de un proceso, etc.), sujetas en muchos casos a parámetros subjetivos, y que probablemente solo los nativos españoles podrán usar bien, aunque no siempre sabrán justificar el por qué. Pero, tranquilos, eso sucederá pocas veces. Os estoy dando la información necesaria para que pase lo menos posible.

Con el adjetivo “atractivo” nos pasa algo similar. Toda la vida se ha dicho de algunas personas que son atractivas. O de actores de cine. Por ejemplo, se decía de Cary Grant que era un actor muy atractivo. Ahora se dice también, por ejemplo, de Antonio Banderas. Suele decirse de quien no es sólo guapo, sino que además tiene encanto, puede ser seductor, fascina a los demás por algún rasgo físico o algún detalle de su personalidad, es una persona interesante, agradable, etc. etc.

Supongamos ahora que mi amigo Bruno, que es un tío de lo más normal, ha vuelto de su viaje a París, con una estancia de dos años que ahora ha concluido. Y ha vuelto a España. Me llama y quedamos para vernos. Y ¡oh, sorpresa!, Bruno está muy cambiado: viste con más estilo, lleva el pelo más moderno, está más seguro de sí mismo, está más guapo..., más...atractivo. ¡Exacto! Está atractivo. No diré que lo es, porque no es una característica que le haya acompañado a lo largo de su vida. Pero ahora, por una serie de cambios físicos y psicológicos, Bruno está mejor (al menos, para mí), ha ganado mucho en aspecto y en maneras. Y, desde mi punto de vista, está atractivo.

Seguro, queridas amigas y queridos amigos, que lo vais entendiendo cada vez mejor a través de los ejemplos. Y de eso se trata.

Fíjate. Yo tengo dos hermanos, Carlos y Pilar. Carlos es nervioso (habitualmente lo es). Pilar es bastante tranquila. Sin embargo, tanto Carlos como Pilar están nerviosos antes de un examen. Los dos se ponen nerviosos cuando tiene exámenes. Ambos están nerviosos antes del examen.

El personaje de Harry el Sucio, de aquellas tremendas películas de Clint Eastwood, del año catapum, era un tipo violento. Trabajaba supuestamente del lado de la ley, pero sus métodos eran violentos y su conducta también lo era. 

Tomemos otra situación: dos amigas están hablando de que una de ellas quiere divorciarse.

Amiga A:No puedo más. Luis está insoportable. Parece otra persona a la que conocí hace años.

Amiga B:¿Por qué no probáis con un consejero matrimonial?

Amiga A:Ya lo intentamos. Luis estuvo violento conmigo, verbalmente claro. No soporta la idea de separarnos.

Etc.etc.etc.

O sea, una cosa es ser violento como cualidad que te define. Otra, estar violento o ponerse violento con alguien. 

Y otra estar violento (con un significado totalmente diferente) a causa de una situación embarazosa que puede avergonzarte, como por ejemplo:

  • Falló el playback y todo el mundo se dio cuenta. A partir de ahí, el cantante estuvo violento durante toda la actuación.

O:

  • Cuando Emilio contó aquel chiste tan sexista en la cena de ayer, me sentí fatal, sentí mucha vergüenza. Y luego ya estuve violenta y sumamente incómoda toda la noche.

Es muy común también la alternancia de los verbos ser y estar con el adjetivo “raro”. Por ejemplo:

Yo tuve, hace años, un vecino de escalera del que todo el mundo comentaba que era raro. ¿Por qué? Buenoooo...., hacía cosas poco habituales, poco corrientes: no saludaba nunca a nadie, se ponía a cantar a gritos de noche, o subía y bajaba con enormes sacos llenos de algo, en plena madrugada. Era extraño, poco sociable, hacía cosas raras. Era raro. En su caso, ser raro era una cualidad que le definía prácticamente a los ojos de todos

Sin embargo, uno puede encontrarse raro en un momento dado o un día, o durante una temporada. Y así se dice. Supongamos que alguien considerado “normal” (en el bien entendido de que la “normalidad” no existe...ja ja ja ja ...)..., bueno, alguien considerado “normal” empieza a hacer cosas raras, cosas no habituales, no esperadas. Entonces, vamos a decir que “está raro”. Como en estos ejemplos:

  • Oye, estoy sorprendida. Desde que sale con ese chico tan religioso, Julia está rara.
  • ¿Por qué?
  • No sé...Ya no viene nunca con nosotras para tomar el café de la mañana; está muy seria; no habla con nadie durante toda la jornada...Lo que te digo, está rara.

Con hechos, cosas u objetos, suele usarse “ser”:

  • Esto de hacernos trabajar una hora más, sin pagarla, es raro. Yo creo que es ilegal.

O:

  • Es muy raro que Saúl no te haya dado explicaciones de por qué ha dejado lo vuestro. No es su estilo. Es muy raro.

Veamos qué pasa con “despistado”. Pues lo mismo. Mi hijo es un poco despistado: suele olvidarse de recoger su habitación, suele dejarse todas las luces de la casa encendidas cuando sale, no llama si llega tarde, va leyendo en el Metro y se pasa de parada...En fin, es despistado, suele tener despistes, fallos, lapsus.

Mi otro hijo, supongamos que es meticuloso y cuidadoso. Sin embargo, hoy, al salir de la ducha, ha dejado el cuarto de baño hecho una jungla. Se ha olvidado el bocadillo para media mañana y ha olvidado su móvil en su cuarto. Cuando ha vuelto, le hemos dicho:

  • Víctor, ¿qué te pasa?

Y Víctor ha contestado:

  • Disculpadme, deben se las noches que llevo sin dormir preparando exámenes, pero estoy muy despistado últimamente.

Con “triste”, la diferencia es meridiana. Si decimos de alguien que “es triste” es porque ese alguien tiene una personalidad que tiende a la tristeza, quizás al pesimismo. Alguien es triste porque muestra pena, o porque tiene un carácter melancólico, o porque suele estar decaído de ánimo, apagado, oscuro, serio por todo. Y esa persona es así normalmente. Se muestra frecuentemente apesadumbrado, compungido, lloroso a veces. Es triste. Se dice de él cuando alguien le describe: es triste.

Sin embargo, tú puedes ser alegre como unas castañuelas, cantarín como un cascabel, risueño y alegre, optimista y jovial habitualmente, pero vas a estar triste, ¿por qué? Pues por ejemplo:

  • Porque se ha muerto una persona muy querida para ti.
  • Porque tienes un trabajo fuera que te mantendrá dos meses separado de tu novia.
  • Porque te han denegado tu beca de estudios en el extranjero.
  • Porque este año no puedes permitirte hacer vacaciones.
  • Porque una moto ha atropellado a tu perrito y le ha roto una pata.
  • Porque tu novio acaba de decirte que se ha enamorado de tu mejor amiga.
  • Porque te han diagnosticado un problema de corazón y probablemente tendrán que operarte.
  • Porque te has quedado sin trabajo.
  • Porque no soportas el desprecio de los políticos respecto al cambio climático.

O por cientos y cientos de potenciales causas más que puedan provocarte tristeza. Ante esas causas que te provocan tristeza, tú te pones triste, y estás triste (un momento, un rato, un día, unas semanas o una temporada larga).

Queridas amigas y queridos amigos. Vamos a quedarnos con estas ideas y con estos ejemplos. Vamos a repasar a fondo, y varias veces, este episodio para retener el sentido de la alternancia ser y estar y aprender a usarla cuando la necesitemos. Insisto, una vez aprendida y entendida, es para toda la vida...

Y  completaremos todo esto en los próximos episodios, en los que seguiremos revisando y repasando una buena parte de todos estos adjetivos que tienen un significado similar con uno u otro verbo, pero que, sin embargo, tendremos que optar por ser o por estar para decir exactamente lo que queremos decir y encontrar las palabras exactas para describir lo que percibimos.

Bien, amigos, vamos superando etapas. Con estos 12 episodios dedicados a los diversos usos de los verbos ser y estar, conexiones y diferencias, vamos incorporándolos a nuestro español y a nuestras conversaciones. 

Chao, chicos, nos vemos prontito. Que os vaya genial y que lo paséis lo mejor posible.

Hasta pronto. Un abrazo.

Junio de 2016.


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