Emigrar



Emigrar


Hello and welcome to Spanishpodcast. I am Mercedes speaking to you from Barcelona. In our 177th episode (Emigrate or leave your country) Elena, a young girl from Barcelona, is 24 years old and she achieved an employement contract as a researcher in a Boston´s Research Center. So she will leave Spain to go to USA during two years to work and learn there.

In the dialog between Elena and her grand-mother we review some other verb “hacer”, uses and meanings that it´s a pending matter for us.

This is the 4th episode devoted to different uses of “hacer”. We estudied it before in the 172nd, 173d and 174th episodes, and now we are talking it up again in this 177th episode. I know you will like this review.


Hola queridos amigos, y bienvenidos a Español Podcast. Soy Mercedes y os hablo desde Barcelona. En nuestro episodio nº 177 (Emigrar) Elena, una joven barcelonesa de 24 años, ha logrado un contrato como investigadora en un Centro de Boston. Por ello emigrará a Estados Unidos durante dos años para trabajar  y formarse allí. 

En el diálogo entre Elena y su abuela hemos introducido además bastantes diversas formas del verbo “hacer” (pronominales muchas de ellas) que aún teníamos pendientes. 

Es éste el cuarto episodio dedicado a los usos y significados de este verbo español: hacer. Previamente lo estudiamos en los capítulos 172, 173 y 174, y ahora lo retomamos en el 177. Estoy segura de que os va a gustar repasar todo esto.


Epidosido nº 177: Emigrar. Vamos a entrar en materia.



Elena:Abuela, abuela, me han concedido una plaza en el Centro de Biotecnología Médica de Boston.

Abuela :Ay, niña, ya me lo temía yo que te la iban a dar…¿Lo saben tus padres?

Elena:No, no están, se lo diré por la noche. Pero abuela, que es para alegrarse, son dos años de empleo y sueldo.

Abuela :Ya lo sé cariño, pero estarás lejos de nosotros.

Elena:Ya, abuela, pero me hice investigadora para trabajar en la investigación, y no para estar sin trabajo y sin sueldo en mi propio país, y al borde de la desesperación.

Abuela :Ya lo sé, hija. Yo pasé la Guerra Civil en España, y eso me hizo dura y resistente ante las dificultades Pero…era joven, como tú, y podía con todo. Ahora sólo aspiro a estar con vosotros el mayor tiempo posible.

Elena:No te preocupes abuela. Vendré en verano y ,mientras, podremos hablar por Skype.

Abuela :Oye, Elena, no te hagas la valiente que yo sé que también es duro para ti.

Elena:Claro que lo es. Es duro separarme de mi familia y de mis amigos, dejar mi casa atrás, y dejar de hablar mi lengua. Pero quien algo quiere, algo le cuesta. No puedes hacerte una buena investigadora sin trabajar, sin investigar y sin cobrar.

Abuela :Vale, pero no te vayas a hacer hippy, como todos los americanos.

Elena:Ja ja ja….Abu, te has pasado siete pueblos. Los hippies son de los años sesenta y setenta, hace casi medio siglo, y desde luego los americanos no son precisamente hippies…

Abuela :Además, dicho de una manera muy sencilla, a mí, tu marcha, me hace daño, me pone triste, hija. No puedo evitarlo.

Elena:Abuela, no te hagas la mártir, que no es para tanto. Míralo desde mi punto de vista: voy a trabajar en lo que más me gusta, voy a cobrar un sueldo digno al mes, voy a descubrir un mundo nuevo para mí, a conocer otras gentes, otra cultura, otros estilos de vida. Voy a practicar intensivamente el inglés, y voy a aprender muchas cosas allí que luego aprovecharé para seguir investigando aquí, en España.

Abuela :Ah, eso sí, seguro que haces muchos nuevos amigos porque eres muy simpática y muy abierta.

Elena:¡Huy, abuela, qué piropos!

Abuela :La verdad, nena, la verdad. Bueno, voy a ver un rato la tele, que están haciendo Casablanca en la 2.



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Sí, amigas y amigos míos, aquí nos estamos enfermando de tristeza, y de rabia e impotencia también, al manejar las cifras de jóvenes españoles  que se han visto obligados a dejar su país -España- para buscarse la vida en otros países, de Europa o del continente americano. Un total de 300 000 jóvenes que se han ido en busca de trabajo, entre 2008 y 20014.

Es la nueva oleada de emigrantes españoles que cogen sus maletas y se van en busca de oportunidades laborales y profesionales, y también y en consecuencia, personales. 

La primera oleada de emigración española se produjo a mediados de los sesenta. La gente se iba a Europa o a América a buscarse la vida.

A mediados de los 70, con la crisis del petróleo en el 73, y con la entrada de España en la Unión Europea, la emigración española se acabó. España dejó de ser un país emisor de emigrantes para convertirse en un país receptor de emigrantes, receptor de aquellos que dejaban sus países de origen para venir aquí. El nivel de vida de España en los setenta iba a más y había trabajo para casi todo el mundo.

En aquel tiempo nadie podía pensar que al cabo de 40 años se instalarían en mi país más de cinco millones de trabajadores en paro, los desempleados. Los jóvenes, exhaustos de buscar trabajo, agobiados por los recortes familiares, decepcionados por la falta de ofertas laborales, se van.

Muchos jóvenes se van sin contrato, en busca de algún trabajo; otros, con contrato. Algunos son jóvenes con una buena formación académica, auténtica legión de “cerebrines” (cerebrín, diminutivo de cerebro, usado para describir a personas listas, inteligentes y preparadas) que tienen que irse para ganarse la vida y tener alguna oportunidad de independizarse y vivir con dignidad.

Esta situación deja tras de sí una cantidad inmensa de familias en las que se vive con el duelo en el alma, con el hijo o la hija a cientos, o miles, de kilómetros de distancia, familias llenas de pérdidas afectivas que duelen y marcan la vida en muchos aspectos.

El 75% de los jóvenes españoles emigraba a países europeos, con Alemania a la cabeza (a la cabeza quiere decir que es el país que ofrece más oportunidades laborales), seguido de Francia (7%) y Reino Unido (6%) en 2007, 2008 y 2009. Después la tendencia cambió y la mayoría de jóvenes desde 2010 hasta ahora, ha obtenido trabajo en Reino Unido. Otro pequeño porcentaje ha buscado trabajo en USA, en América.

Parece, realmente, que “éste, no es un país para jóvenes”, parafraseando el título de la película de los hermanos Cohen y cambiando “viejos” (No Country for Old men) por “jóvenes” (No Country for Young People : No es país para jóvenes).

Cifras cantan: desde 2008, un 41% de los jóvenes españoles ha emigrado al extranjero, jóvenes comprendidos en la franja de edad que va de los 18 a los 30 años aproximadamente. Jóvenes, muchos de ellos, cualificados, o lo que es lo mismo, con formación académica superior (Universidad), idiomas y formación complementaria.

Sólo una cosita más: ¿cuándo hablamos de emigración y cuándo de inmigración? Pues dependerá del hablante y de dónde está. Yo estoy en España y explico que mis compatriotras, los jóvenes españoles, emigran a otros países, es decir, se van desde aquí a otros lugares a buscarse la vida. Emigras cuando dejas tu lugar de origen para irte a otro. Emigras cuando abandonas tu propio país para establecerte en otro. Emigras cuando te expatrias y abandonas tu patria para ir a vivir al extranjero, por ejemplo. Y por tanto, eres emigrante cuando haces esto que acabamos de decir.

Hablamos de inmigrantes cuando otras personas vienen a España a buscar trabajo y a establecerse aquí. A España han venido multitud de inmigrantes de la Europa del Este, de América del Sur o de países subsaharianos, del norte de Africa. 

Bien. Pues entre esos jóvenes y esas jóvenes de los que estamos hablando, está Elena. Ella es bioquímica y está especializada en la investigación de los procesos metabólicos implicados en la diabetes. Encontró una oferta laboral en un Centro de Investigación de Boston y envió su curriculum. Para su sorpresa, le contestan desde Boston, diciéndole que están interesados en ella, que su curriculum satisface las demandas del Centro y que si hacen una entrevista y se ponen de acuerdo en los términos del contrato, el trabajo es suyo.

Por eso, un sentimiento agridulce invade a Elena. Es un trabajo, es sueldo, es un reto en un país que sólo conoce por las películas, es una oportunidad de aprender y seguir formándose.

Sus padres no están en casa, por eso va en busca de su abuela, porque si no se lo dice alguien, explota.


- Abuela, abuela, me han concedido una plaza en el Centro de Investigaciones Biomédicas de Boston.


- Me han concedido…

Es:

- Me han adjudicado

- Me han otorgado

- Me han dado

O:

- He ganado una plaza…


Y una “plaza”, en este caso, es un puesto de trabajo. Se dice así: “Hay dos plazas en una empresa informática”, ¿veis?, son dos empleos, dos puestos de trabajo.


Y la abuela dice:


- Ay, niña, ya me lo temía yo que te la iban a dar.


- Ya me lo temía yo…

Es decir, yo tenía miedo de que te la dieran.

Decimos esto, “me lo temía…” o “ya me lo temía yo…” cuando se confirma una mala noticia, o cuando pasa alguna novedad que no nos gusta, pero que era muy probable que pasara.

Por ejemplo:


- ¿Sabes que ha muerto el padre de Alicia?

- Me lo temía. Llevaba años muy enfermo.

(Es decir: lo esperaba, aunque siento mucho que haya muerto)


O:


- Cariño, no podemos salir esta noche, tengo que hacer un informe de diez páginas para mañana.

- Ay, ya me lo temía yo. No hay manera de encontrar tiempo libre para nosotros.


O:


- ¿Sabes que Pepe ha dejado a Silvia?

- Me lo temía. Durante los últimos meses parecían más enemigos que novios.


Elena protesta un poco por el tono de la abuela. Por eso dice:


- Abuela, que es para alegrarse.


O sea:


- Abuela, que la noticia es para alegrarse, y no para lamentarlo.


Y añade:


- Son dos años de empleo y sueldo.


Son dos años de trabajo remunerado mensualmente. Son dos años empleada, trabajando, aprendiendo y cobrando un sueldo cada mes.


La abuela, erre que erre, insiste:


- Ya lo sé, cariño, pero estarás lejos de nosotros.


Pero Elena argumenta su posición:


- Ya, abuela, pero me hice investigadora para trabajar en la investigación y no parar estar sin trabajo y sin sueldo en mi propio país.


Vamos a reparar un momento en la primera frase:


- …Pero me hice investigadora para trabajar en la investigación.


Me hice investigadora” : un nuevo uso del verbo “hacer”, en español, forma pronominal (hacerse investigador) usada para decir en qué te has convertido, qué has llegado a ser tras tu formación. ¿Veis?:


- Hacerse…

- Convertirse en…

- Llegar a ser…

- Formarse como…


Aquí nos metemos de lleno en los usos y significados del verbo HACER  pronominal, reflexivo a veces. Y éste nuevo uso, tan usado y común como el todos los demás que ya hemos repasado en anteriores episodios (172, 173 y 174). Este significado referido a un estatus o a una profesión, es muy usado en este sentido que acabamos de decir: hacerse es llegar a ser, convertirse en.

Hay multitud de ejemplos. Vamos a ver algunos para nombrar la profesión que alguien ha elegido.


* Hacerse médico

- Luis es un ejemplo de esfuerzo y constancia. Primero se hizo ATS (Asistente Técnico Sanitario). Se casó. Y ya con 35 años, estudió y estudió, y se hizo médico.


* Hacerse bailarina

- A pesar de la oposición de sus padres, Olga ha trabajado muy duro para hacerse bailarina. Y lo ha conseguido.


* Hacerse ingeniero

- Luis se hizo ingeniero, pero nunca trabajó como tal. Ha trabajado siempre en la empresa de alimentación de la familia.


* Hacerse peluquera

- Pues sí, he hecho 3 años de Formación Profesional para hacerme peluquera. Y ahora ya tengo mi título.


* Hacerse deportista

- Juan se ha hecho deportista por sí mismo. Ahora que ha ganado muchas pruebas, parece que los Organismos Oficiales van a ayudarle.


Y así con el resto de profesiones:


- Hacerse político

- Hacerse abogado

- Hacerse audioprotesista

- Hacerse entrenador personal

- Hacerse dietista

- Hacerse pastelero

- Hacerse técnico de laboratorio

- Hacerse investigador


Y así sucesivamente. Allá donde haya una profesión, con una preparación y un tiempo de formación detrás.  ¿Lo veis? Podemos decir que:


- Alguien se ha hecho ( + el nombre de la profesión)

- Alguien se ha hecho abogado, alguien se ha hecho piloto de aviones, alguien se ha hecho modelo, o alguien se ha hecho profesora de idiomas…etc.


Por ejemplo:


- Luis se hizo médico a los 50 años. Un gran esfuerzo, desde luego, pero lo consiguió.

O:

- Me encantaba el Derecho, por eso me hice abogada. Pero me casé, tuve hijos, y no llegué a ejercer mi profesión. Y ahora me pesa.

O:

- Mi hija quiere hacerse Profesora de Educación Infantil. Le encantan los niños y le encanta enseñar.


¿Veis este uso de “hacerse+el adjetivo de un profesional”? Recordadlo porque su uso es común en español. Pero recordad también que es pronominal, y que por tanto no podemos decir:


- Juan hizo ingeniero 

Sino:

- Juan se hizo ingeniero


Sí que diríamos:


- Juan hizo ingeniería (el nombre de la profesión, no del profesional)

Pero siempre:

- Se hizo ingeniero


O:


- Luisa se hizo peluquera

O:

- Luisa hizo peluquería

Pero siempre:

- Se hizo peluquera


O:


- Paloma se ha hecho maestra

O:

- Paloma ha hecho Magisterio

Pero siempre:

- Se ha hecho maestra


O:


- Lola se ha hecho diseñadora

O:

- Lola ha hecho Diseño

Pero siempre:

- Se ha hecho diseñadora


O:


- Pedro quiere hacerse sacerdote

O:

- Pedro quiere hacer el Sacerdocio

Pero siempre:

- Quiere hacerse sacerdote



Y eso es, pues, lo que le dice Elena a su abuela:


- Abuela, me hice investigadora para trabajar en la investigación, y no para estar sin trabajo y sin sueldo en mi propio país, y al borde de la desesperación.


La abuela comprende perfectamente que la gente joven sea capaz de enfrentarse a situaciones difíciles, duras. Ella misma explica que soportó las duras, durísimas circunstancias de la Guerra Civil Española (entonces tenía 19 años y ahora, más de 90) porque era joven y “podía con todo”.

Ahora, la abuela sólo aspira, sólo pretende, pasar el mayor tiempo posible con la famillia.

Elena intenta suavizar la noticia de su marcha, diciéndole a su abuela que volverá en verano, y que, mientras tanto, mientras estén lejos, podrán verse y hablar por Skype. 

La abuela, sincera, le dice:


- Oye, Elena, no te hagas la valiente, yo sé que también es duro para ti.


Aquí nos detendremos un momentito para abordar este uso de hacer, pronominal también, y que significa adoptar falsamente un determinado estado de ánimo, es decir, fingir una actitud, o un sentimiento, o aparentar que se siente algo que en realidad no se siente de verdad.

Esta forma de “hacer” pronominal, se usa mucho, mucho, y con muchos y variados adjetivos, siempre que alguien finge algo que no siente. La frase tiene este orden:


- Hacerse + el/la + adjetivo


En nuestro diálogo, Elena “se hace la valiente” para llevar adelante su marcha, sin dramas, con firmeza. No es que le encante, pero no tiene otra opción. Por lo tanto, saca fuerzas de flaqueza, se sobrepone a la tristeza, y se hace la valiente para no sucumbir al pesimismo de la abuela.

Así, pues, este uso de hacer vamos a encontrarlo muy frecuentemente con adjetivos como:


- Hacerse el tonto/a


- Hacerse el listo/a


- Hacerse el duro/a


- Hacerse el tierno/a


- Hacerse el/la inocente


- Hacerse el misterioso/a


- Hacerse el despistado/a


- Hacerse el distraído/a


- Hacerse el loco/a


- Hacerse el sueco/a


- Hacerse el/la longuis


- Hacerse el/la interesante


- Hacerse el/la mártir


- Hacerse el santo/a


- Hacerse el dormido/a


- Hacerse el muerto/a


¿Vemos unos ejemplos para comprender mejor? Venga, los vemos. Pero antes una cosita: muchas veces se usa como recomendación, usando imperativo en forma negativa (con subjuntivo, seguro que lo recordáis…).


- No te hagas el tonto

O:

- No te hagas el despistado


Al igual que es muy frecuente usarlo cuando describimos la actitud o el estado de ánimo de un tercero:


-Se hizo el dormido, pero yo sabía que estaba despierto (fingió estar dormido…)



Hacerse el tonto, la tonta:

- Pedro cobra dinero en negro, no puedes disculparlo. Sabes perfectamente que actúa de forma incorrecta. No te hagas el tonto, como si no tuviera importancia. Hay que hablar con él y parar este asunto.


Chicos, no hay que confundir “hacerse el tonto” (es decir, aparentar que no te enteras de algo, fingir ignorancia) con “hacer el tonto”, que es comportarse como un idiota:

- Juanito, no hagas más el tonto y cómete los espaguetis. Llevas una hora con el plato delante.

 


Hacerse el dormido, la dormida:

- ¡Uf, menos mal! Silvia ya ha llegado a casa. Cariño, hazte el dormido, que no vea que la esperábamos despierta.

O:

Los dos hermanos: Eeeeh, Diego, hazte el dormido, que viene mamá para que la ayudemos a ordenar el garaje. ¡Chssss, cierra los ojos!…

La madre     : Eeh, chicos, arriba, venid a ayudarme a ordenar el garaje. Venga, no os hagáis los dormidos, que sé que estáis despiertos.



Hacerse el despistado, la despistada:

- Hijo,  no te hagas el despistado, que sabes muy bien de qué estoy hablando. Estoy hablando de tu habitación y el desorden que hay en ella. ¡Y esto se acabó!



Hacerse el duro, la dura:

- ¡Claro que duele romper con la pareja! No te hagas el duro con eso. Lo normal es que estés fatal.



Hacerse el sueco, la sueca:

Esta es una de las frases más usadas en español cuando le dices a alguien que pasa de algo, que se desentiende de un asunto. Es similar a “hacerse el loco”, o a “hacerse el despistado”, pero con esta expresión “hacerse el sueco” quieres decir que alguien aparenta no enterarse -en absoluto- de lo que está pasando. Hacerse el sueco es aparentar que no estás implicado en algo que debería importarte.

La verdad es que yo no conocía el origen de esta expresión. Por eso he buscado y parece relacionarse con el antiguo calzado romano usado por artistas y comediantes, cuyo término en latín era “soccus”, y que luego fue evolucionando en “zueco” (zapato de madera de una pieza), “zocato” (zurdo), hasta llegar “zoquete”. Y un zoquete es un tonto, un torpe, es una persona terca, obtusa, estúpida e incluso irresponsable.

Por lo que “hacerse el soccus”, “hacerse el sueco” sería comportarse como un tonto, como un bobo y como un irresponsable.

Otros lingüistas, sin embargo, localizan el origen de la expresión en la época en la que los marineros suecos llegaban a los puertos andaluces, ya en la costa española, en busca de aceite y vino. Dicen que entendían sólo lo que les convenía, excusándose en su parco dominio del idioma, y que decían que sí a todo.

Francamente, parece más plausible la primera opción, pero no lo sé. Lo que sí sé es que esta expresión es muy, muy usada en español y que si venís a España y os comunicáis con nativos españoles, en un momento u otro la vais a escuchar en cualquier conversación.

Por ejemplo:

- A ver, niños, ¿quién le ha tirado la tiza a la profesora?No os hagáis los suecos, o castigaré a toda la clase.


O:


- ¿Te ha dicho Luisa por qué no vino ayer a tu fiesta de cumpleaños?

- ¡Qué va! Le he preguntado y se ha hecho la sueca, y ha empezado a hablar de las vacaciones.

- ¡Qué fuerte!


O:


- Siempre que le pregunto por la herencia millonaria que le ha dejado su abuelo, se hace el sueco y cambia de tema.

- Bueno, es normal,  no tiene por qué dar explicación de algo privado y personal.


O:


- Cada vez que le preguntan por la corrupción en España, el presidente del gobierno se hace el sueco.

- Sí, es un maestro en hacerse el sueco frente a los temas espinosos.


O:


- Cuando le preguntaron por su reciente divorcio, el actor se hizo el sueco y siguió hablando de su película.



Etc. Etc. 



Hacerse el longuis, la longuis:

Expresión que me parece muy divertida. Tiene un significado muy parecido a “hacerse el sueco”. Por ello, “hacerse el longuis” significa desentenderse de algo, fingir un total desinterés por algo, no hacer ni caso sobre algo que te han dicho, hacerte el distraido como si la cosa no fuerta contigo.

Parece provenir también del antiguo latín, de la palabra “llongus” y cuyo significado era “lejano”, “apartado”. Esa palabra -llongus- evolucionó y derivó en “llonguiso”, o persona que se aleja de sus responsabilidades, persona que huye de sus obligaciones, aquel que se aparta de sus deberes. Así, “hacer el longuiso” derivó en “hacerse el longuis” (o también “el longui”, ambos correctos) que es desentenderse de sus obligaciones, o “escurrir el bulto” -preciosa expresión que significa los mismo- huír de situaciones en las que estás implicado.

Veamos un par de ejemplos:


Madre :A ver, hijo, ¿a qué hora volviste anoche?

Hijo :Mamá, ¿qué hay para desayunar?

Madre :Ah, muy bien, hijo. Tú hazte el longuis con lo que no te interesa. Pero así no vamos a ningún sitio. Tú verás…



O:



- En la reunión de vecinos, la viejecita que riega las plantas y echa agua a la calle, se hizo la longuis cuando se tocó el tema. No abrió la boca, como si no fuera con ella. Escurrió el bulto sin inmutarse.



O:



- Los políticos son la pera. Cuando les preguntas por cosas que han hecho mal, se hacen el longui y contestan con frases vacías, sin sentido.




Hacerse el duro, la dura:

- María, no te hagas la dura en estos momentos. Si estás destrozada por la ruptura con Luis, sácalo todo fuera. ¡Venga, aquí tienes mi hombro para llorar un poco!



Hacerse el inocente, la inocente:

- ¿Quién se ha comido el medio pastel de queso que quedaba en la nevera? Abuelo, no te hagas el inocente, que tu mirada te delata…¡Venga, confiesa!



Hacerse el interesante, la interesante:

- ¿Diego, misterioso? ¡Qué va! Es un tío de lo más normal. Pero se hace el interesante para ligar más.



Hacerse el mártir, la mártir:


- Mira, no soporto a Mónica. Hace lo mismo que todas nosotras, pero ella para acaparar la atención de todo el mundo, se hace la mártir todo el tiempo. ¡Qué gente tan ególatra!



Hacerse el santo/a:

- Es un tío lleno de defectos, pero nunca los reconoce. Siempre que le afeas un conducta, se hace el santo y parece que no ha roto un plato en su vida. Es un hipócrita.



Hacerse el dormido/a:

- Pero mamá, ¿otra vez esperándome en el sofá? No, no te hagas la dormida, que sé que me esperas despierta. Mañana hablamos. Tengo 19 años y esto se tiene que acabar.



Hacerse el muerto/a:

- Salvó la vida porque se hizo el muerto. Los soldados lo vieron inmóvil y lo dieron por muerto. ¡Y eso le salvó!



Bueno, creo que hemos puesto ejemplos de todos, o de casi todos. Es importante que entendáis bien este uso de “hacerse el…+adjetivo” porque este tipo de locuciones con “hacer” son de uso cotidiano, normal y muy frecuente . ¿De acuerdo?


Por eso la abuela le ha dicho a Elena:


- Oye, nena, no te hagas la valiente, que yo sé que también es duro para ti.


Es como si dijera:


- Elena, no finjas que eres valiente al enfrentarte a esto, porque yo sé que es duro para ti.

O:

- Elena, no finjas que eres valiente y que te da igual irte a Boston. Yo sé que es duro para ti.

O:

- Aparentas que te da igual, que no te importa, pero no es así.

O:

- No te hagas la valiente, que sé que tú también estás asustada ante este reto de la vida.


Elena no lo niega:

- Es duro separarme de mi familia y de mis amigos, y dejar mi casa atrás, y dejar de hablar mi lengua. Pero quien algo quiere, algo le cuesta. No puedes hacerte una buena investigadora, sin trabajar, sin investigar y sin cobrar.


¿Veis cómo aquí, Elena usa el verbo “hacer”, de nuevo, en el sentido que comentábamos hace un rato?


- No puedes hacerte una buena investigadora sin trabajar

O sea:

- No puedes llegar a ser una buena investigadora, sin investigar

O lo que es lo mismo:

- No puedes convertirte en una buena profesional, sin trabajar


¡Ah, que no se me olvide! En este párrafo hay un dicho, o un refrán, muy, muy bonito, del español, que es:


- Quien algo quiere, algo le cuesta

O también dicho así:

- El que algo quiere, algo le cuesta


Y que significa que cuando queremos conseguir algo, tenemos que esforzarnos en conseguirlo, tenemos que luchar duro por ello.


Por ejemplo:


- Huy, Diana lleva un año muy duro. Montar la tienda le está costando mucho esfuerzo, mucho dinero y mucho tiempo.

- Pues sí, pero ya se sabe, el que algo quiere, algo le cuesta.


O:


- Jorge está luchando mucho para que le seleccionen para los próximos Juegos Olímpicos. Entrena seis horas diarias y sigue con la Universidad al mismo tiempo.

- Pues sí, pero si le seleccionan, habrá valido la pena. Hay que hacer un gran esfuerzo, nadie regala nada. Quien algo quiere, algo le cuesta.



La abuela le gasta una pequeña broma:


- Vale, pero no te vayas a hacer hippie, como todos los americanos.


Y Elena se parte de risa, en primer lugar porque su abuela sigue creyendo que toda Norteamérica se quedó en los años 60-70 y que todos los ciudadanos de los EE UU se hicieron hippies, Norte, Sur, Este y Oeste del país.

Su abuela ha dicho un despropósito, un sinsentido, porque es muy mayor y su memoria le juega malas pasadas. Por eso Elena le dice:


- Abu, te has pasado siete pueblos. 


Una frase que se dice muchísimo cuando queremos calificar algo de despropósito, de muy, muy exagerado, de sinsentido, o cuando nos referimos a una gran metedura de pata.

Se dice con diferente número de pueblos: pasarse tres pueblos, pasarse siete pueblos, etc. Y es…como…como si vas coche, por ejemplo, por carretera y no ves la señal con el nombre del pueblo al que vas. Y sigues conduciendo y pasando…, o dejando atrás un pueblo, y otro, y otro,… hasta haberte pasado tres, cinco o siete pueblos. O sea, te has pasado un montón de peublos. De ahí, la frase. 

Otro ejemplo:


- Ayer salió la noticia de que alguien había visto vivo a Elvis, pero esta vez era verdad, te lo prometo…

- ¡Pero cómo puedes creer eso, por Dios! La prensa se pasa siete pueblos dándole credibilidad a este tipo de noticias delirantes.


¿De acuerdo?


Ah, otra cosita importante. Nuevas locuciones con “hacer”. En este párrafo hay un nuevo uso (hacerse hippie) para significar que alguien se vuelve adepto a una determinada filosofía, o a un determinado movimiento político, o social, o a una determinada religión, etc. etc.

En este caso la abuela teme que Elena se haga hippy, o sea que se vuelva hippy, o lo que es lo mismo: teme que abrace la ideología hippy, teme que se vuelva adepta a la filosofía hippy, que se convierta en una hippy.


Encontramos este uso en todos estos casos:



- Hacerse de derechas


- Hacerse de izquierdas


- Hacerse comunista


- Hacerse de un partido político

- Hacerse del PSOE

- Hacerse del PP


- Hacerse católico


- Hacerse protestante


- Hacerse cristiano


- Hacerse agnóstico


- Hacerse ateo


- Hacerse budista


- Hacerse religioso


- Hacerse adicto al juego


- Hacerse adicto a la comida sana


- Hacerse adicto a las compras


- Hacerse adicto al ejercicio (desmesurado-vigorexia)


Etc.



Unos cuantos ejemplos:



-  Jorge se hizo del Partido Popular y desde entonces es imposible hablar con él de política. Se pone histérico.


O:


- Diego, antes, era agnóstico. Pero desde que estuvo viviendo en la India y en otros países del Lejano Oriente, se hizo budista y dice que ahora es feliz con estas creencias.


O:


- Emilio vivió en California en los 70. Allí se hizo hippy. Cuando volvió, siguió con ello. Y ahora es un viejecito de 80 años, hippy hasta la médula. O sea, se hizo hippy de por vida.



¿Se entiende, verdad?


La abuela dice que la marcha de Elena le hace daño, le provoca dolor, la pone triste. Y Elena le dice:


- Abuela, no te hagas la mártir, que no es para tanto. ¿Veis, verdad? “Hacerse la mártir” en el sentido que explicábamos hace un ratito, ¿recordáis?


Elena le dice que lo mire desde su punto de vista:



- Míralo desde mi punto de vista: voy a trabajar en lo que más me gusta, voy a cobrar un sueldo digno al mes, voy a descubrir un mundo nuevo para mí, a conocer otras gentes, otra cultura, otros estilos de vida. Voy a practicar intensivamente el inglés, y voy a aprender muchas cosas allí que luego aprovecharé para seguir investigando aquí, en España.


Y la abuela le dice que eso sí, que con lo simpática y abierta que es Elena…:


- …Seguro que haces muchos nuevos amigos


No quería que nos faltara esta locución verbal con “hacer”, que es “hacer amigos”, tener la facilidad para entablar nuevas amistades.


Finalmente, la conversación se acaba porque la abuela quiere ver su película favorita en la tele: Casablanca.

Por eso dice:


- Voy a ver un rato la tele, que están haciendo Casablanca en el Canal 2.


Lo decimos con estas diversas formas:


- ¿Qué hacen esta noche en la tele?

- Pues creo que dan un buen thriller a las 10 


O:


- ¿Qué peli dan en el cine del pueblo?

- Están dando la última de X-Men


O:


- ¿Qué peli ponen después?

- Creo que hacen la de Tarantino


O:


- Corre, corre, que están haciendo en la tele el concurso donde participa nuestra amiga Rosa. Corre, va, que te lo perderás…



Bien, amigos, un buen repaso, ¿verdad? Recordad que tenéis la oportunidad de volver a repasar, y/o aprender, muchos y diversos usos de “hacer”, en los cuatro últimos episodios: 172, 173, 174 y éste, el 177. Un tesorillo para incrementar vuestro nivel de español.


Abrazos y buenos deseos para todos vosotros, queridas amigas y queridos amigos. Nos vemos. Cuidaos. Hasta la próxima.



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