Querida coma II. Vocativos.




Querida coma II. Vocativos.


Hello and welcome to Spanishpodcast. I am Mercedes speaking to you from Barcelona. In our 189th episode (Dear Coma 2nd: Vocatives), we are going to review how write the vocatives between two comas and the most common phrases where we found this expressions. 


Hola, queridos amigos, y bienvenidos a Español Podcast. Soy Mercedes y os hablo desde Barcelona. En nuestro episodio nº 189: Querida Coma II: Vocativos y Omisiones,  vamos a repasar como escribir los vocativos entre comas, así como conocer las frases más cotidianas y usadas en las que encontramos estas expresiones. 



Episodio nº 189: Querida Coma II, vocativos y omisiones. ¿Entramos en materia? Aaaadelante, vamos allá.




Hola, amigos. Ya estamos en disposición de “atacar” otro de los contextos escritos en los que siempre hay coma: los vocativos.

¿Qué es un vocativo? Aquello que nos sirve para dirigirnos a una persona llamándola por su nombre, o para llamar la atención de alguien.

El caso más frecuente de vocativo es decir el nombre de la persona con la que estamos hablando y a la que nos dirigimos, así como también el adjetivo que le aplicamos, el nombre familiar o cariñoso con el que la designamos, o la posición social con la que nos referimos a ese interlocutor.


Nuestros primeros ejemplos serán sobre esto, para que veáis rápidamente que este exótico nombre no es otra cosa que esa referencia con la que nombramos a nuestro interlocutor:


  • Ernesto, ven rápido.

(El nombre, Ernesto, es el vocativo)


  • Date prisa, Susana, que ya empiezan las noticias.

(El nombre, Susana, es el vocativo)


  • Dígame si estoy grave, doctor.

(La profesión, doctor, es el vocativo)


  • Sí, señor.

(En este caso, “señor” es el vocativo)


  • Sí, señor, ahora mismo lo hago.

(Lo mismo: señor)


  • Mamá, dame dinero para comprarme un helado.

(Mamá es el vocativo)


  • No puedo ordenar ahora mi habitación, mamá.

(Mamá)


  • Amor, las flores son preciosas.

(“Amor” es como nos dirigimos cariñosamente a nuestra pareja, y es el vocativo)


  • Gracias, amor.

(El mismo caso: amor)


  • ¿Qué decías, Pedro?

(El nombre propio, Pedro)


  • No hagas caso, Silvia, lo ha dicho sin mala intención.
  • (El nombre propio, Silvia)
  • Dime, amor mío, ¿cuándo podremos vernos?

(“Amor mío”)


  • A sus órdenes, mi capitán.

(El vocativo es “mi capitán”)


  • Niños, venid aquí ahora mismo.

(Nos dirigimos a los niños, y ése es el vocativo).


Lo que hay que recordar es que tiene una función apelativa, es decir, de llamar a alguien, de nombrarle, o de llamar su atención, así como de identificación de la persona concreta a la que nos dirigimos y con la que hablamos.


Os habréis fijado en que puede ir en posición inicial -al principio- en la frase, en cuyo caso ponemos la coma detrás; o en medio, en cuyo caso va entre dos comas; o al final de la frase, en cuyo caso la coma va antes.


Sigamos con otros ejemplos tomados de las expresiones y frases más familiares y normales que usamos en nuestra comunicación diaria.


  • Tómate la sopa, Juanito.


  • Claro que sí, señor director.


  • Dígame, López, ¿cuál es su propuesta?


  • No puedo, Luis, no puedo cumplir mi promesa.


  • Chavales, a correr.


  • Anda, Félix, no bebas más.


  • Camarero, dos cervezas, por favor.


  • Cariño, ¿dónde están las llaves del coche?


  • ¿Qué tal estás?, colega.


  • No digas tonterías, Luis.


  • Conductor, ¿está libre el taxi?


  • Buenos días, alumnos.
  • Buenos días, profesor.


  • Carlos, ¿te has acordado de traerme los apuntes de Química?


  • No, Luis, los he olvidado.


  • Me siento muy orgulloso de ti, hijo.


  • Si yo fuera tú, Marta, me buscaría un trabajo creativo.


  • ¡Ay, Tomás, qué cansada estoy!


  • ¡Adiós, Barcelona, me llevo un maravilloso recuerdo de ti!


  • Hola, Miguel.


  • Hola, Berta.



¿Veis, amigos? El vocativo es esa palabra que identifica a aquél a quien nos dirigimos, sea mediante su nombre, su profesión (camarero, profeso conductor…), su grado de parentesco (papá, mamá, hijo...), su apelativo afectivo (cariño, amor, amor mío…), etc.

Esa palabra con la que nombramos a alguien, o con la que identificamos a nuestro interlocutor, o con la que llamamos la atención de alguien al nombrarle; esa palabra es el vocativo. Puede situarse al principio (coma detrás), en medio (entre comas) o al final (coma previa) de la frase.


Fijaos. Cuando está al principio, en ocasiones, capta la atención del interlocutor en mayor medida, sobre todo en mandatos, súplicas, ruegos, órdenes, preguntas, etc. Cuando está al final, o va en medio, además de identificar al otro, puede reforzar o enfatizar lo que se expresa.


Otros ejemplos serían:


  • ¿Puede explicar un poco más el tema?, profesora
  • (Por teléfono) Cariño, espérame para comer. Llego en veinte minutos.
  • Ahora no puedo. Estoy haciendo los deberes, mamá.
  • Dime, Miguel, si me quieres de verdad.
  • Este vestido nuevo te está de fábula, Nora.
  • Señor presidente, un placer conocerlo.
  • Mi general, sin novedad en el frente.
  • He venido en cuanto he podido, María.
  • Andrés, estoy notando las primeras contracciones...Vamos a la clínica (las contracciones previas a un parto, por ejemplo).
  • Señor, ¿puede indicarme dónde está la Sagrada Familia?
  • No entiendo lo que quieres decirme, Ágata.
  • Perdona, Juan, ¿qué me decías?
  • Mamá, quiero un bocata de jamón.
  • No lo hagas, Enrique, no seas tonto.
  • Ten cuidado con la moto, hija.
  • Oye, cielo, ¿a qué hora quedamos?
  • Así es, señor director
  • Bien, amigos, quedemos de acuerdo en la hora.
  • Oye, abuelo, no te enfades.
  • Mira, Carlota, no te molestes por esto, no tiene importancia.
  • Hoy estás monísima, Paquita.
  • Qué bien te sienta el pelo corto, Nuria.
  • Mamá, Luisito me ha quitado la tablet.
  • Dime, Luisito, ¿le has cogido el iPad a tu hermana?
  • Profesora, no entiendo bien esta pregunta del test.
  • Niños, ya podéis empezar a escribir la redacción.
  • Eh, vosotros, dejad de hacer ruido. Son las dos de la madrugada.
  • Oye, , ¿pero qué te has creído?
  • ¿Qué me aconseja?, doctor.
  • ¿Qué hacemos ahora?, Paco.
  • Doctor, ¿cuál es su diagnóstico?
  • Dígame, doctor, ¿qué tengo que hacer?
  • Estate quieta, Irene.
  • Estate quieta, Irene, no paras.
  • Estate quieta de una vez, Irene.
  • ¿Qué vas a pedir de primero?, José Luis.
  • ¡Qué bien o pasamos anoche!, tío.
  • Cariño, ¿qué te pasa? Estás muy serio.
  • ¿Qué te pasa?, cariño.
  • Dime, Pepita, ¿qué te debo por la fruta?
  • Aquí tienes, amor mío, tu regalo de aniversario.
  • Dime, cariño, ¿te ha gustado el regalo?
  • Paco, acércame el champú.
  • Gracias, profesor, por la aclaración.
  • Bienvenidos, amigos, a Spanishpodcast.
  • Felicidades, guapa.
  • Feliz cumpleaños, Elvira
  • Venga, campeón, tú puedes.
  • Te lo repito por última vez, hija mía, no puedes volver a casa tan tarde.
  • Oye, escucha lo que tengo que decirte.
  • Hola, mamá, ¿qué tal te encuentras?
  • Papá, ¿me dejas el coche el fin de semana?
  • ¿Puedes corregirme el texto?, Susana.
  • Lo siento, cariño, no voy a poder salir esta noche.


Este es el tema, queridas amigas y queridos amigos. ¿Se ve claro con los ejemplos, verdad? Hay que recordar que el vocativo es esa palabra o grupo de palabras que se refieren al interlocutor, y que usamos para dirigirnos a él, para nombrarle, para llamarle, para invocarlo, interpelarlo, llamar su atención, identificarlo o dirigirnos a él de forma explícita y/o enfática.

Cuando decimos estas frases, hay una breve pausa y una entonación característica de la invocación, aunque pequeña, pero perceptible.


Si yo digo:


  • ¿Papá me dejas el coche el fin de semana?


Suena diferente que si digo:


  • Papá, ¿me dejas el coche el fin de semana?


Y así, con todos los ejemplos. Hay esa pequeña pausa y ese ligerísimo descenso de la entonación cuando decimos este tipo de frases.


Incluso cuando la frase es muy corta, caso en el que la pausa es aún más breve y la entonación más liviana, incluso en ese caso, es perceptible la manera en que lo diferenciamos de una frase en la que no hubiera coma.

Fijaos qué frases tan cortitas, que decimos de corrido, casi como si no hubiera vocativos ni comas, pero que, sin embargo, en la escritura, siempre tienen que ir correctamente puntuadas con la coma.

(www.spanishpodcast.org)


  • Sí, señor.
  • Claro, mujer.
  • No, señor director.
  • Seguro, María.
  • Hola, Ana.
  • Adiós, Renata.
  • Buenos días, compañeros.
  • No, Juan.
  • Juanito, para.
  • Cállate, niña.
  • Olvídala, Mario.
  • No lo olvides, Sara.
  • Oh, Dios, ¿por qué a mí?
  • Dios mío, dame fuerzas.


Son frases muy cortitas en las que apenas hacemos pausa entre las palabras, en las que la entonación es poco enfática, pero que deben ser escritas con su coma por su carácter vocativo, de interpelación.


Se usa mucho también en invocaciones religiosas y poéticas, como:


  • Dios mío, ayúdame en esta hora tan amarga.
  • Oh, Dios mío, qué desgracia...¡No es posible!
  • Ah, belleza suprema, musa de la poesía...
  • Genio de la lámpara, concédeme un deseo.
  • Oh, Dios, escucha mis oraciones.


Pero lo habitual es encontrarlas en esa multitud de frases que usamos cada día, habitualmente, cotidianamente, para dirigirnos a nuestro interlocutor, y de las que tenemos que conocer su correcta escritura.

Otros ejemplos cotidianos:


  • Oye, colega, ¿me pasas un pitillo?
  • Elena, ¿qué te apetece de cena?
  • ¿Qué te apetece de cena?, Ramón.
  • Aquí esta el informe, director.
  • No, doctor, no tengo fiebre.
  • No tengo fiebre, doctor.
  • Doctor, tengo fiebre, ¿puedo venir hoy a visitarme?
  • Pronuncia bien, David, no te entiendo.
  • Sofía, hazme un favor, pásame el dossier.
  • Fernando, no tengo tu email, pásamelo.
  • Resuélveme una duda, Ricardo, ¿dónde está el dossier?


El vocativo, lo estáis viendo, se usa siempre en segunda persona dado que nos dirigimos a un interlocutor, sea singular, sea plural. Sólo cuando usamos los pronombres “tú” y “usted”, no ponemos coma:


  • Tú sabes que te digo la verdad.
  • Usted no me conoce.


En los demás casos, funciona tal y como venimos explicando. Como en:



  • Compatriotas, es el tiempo de la lucha. La Patria nos llama.
  • (Uf, qué frase…)
  • Soldados, la victoria es de los valientes.
  • (Esto se ve muchas veces escrito en libros, novelas, etc.).


  • Patricia, explícale a tu padre lo que ha pasado con el coche.
  • Papá, no te asustes, no ha sido nada.
  • A ver, hija, explícate de una vez.
  • Pues, verás, papá, íbamos por la autopista y...
  • ¿Por la autopista? Hija, te dije que...
  • Ya, ya, papá, pero es que….


  • No te olvides de traer comida preparada, Paco, tenemos la nevera vacía.
  • ¡Corre, Carmen, que empieza la película!
  • Dime, mi amor, ¿qué prefieres?
  • Oye, cariño, no encuentro mi móvil
  • No encuentro mi móvil, cariño.
  • Ayúdame con las maletas, Jorge.
  • Tú eres, amor mío, la prioridad de mi vida.
  • Dime, vida mía, ¿cuándo nos casamos?
  • Tesoro, ¿cuándo vas a decidirte?
  • Jaime, para de hablar, déjame dormir.
  • No me molestes más, hermanito, tengo que dormir un poco.
  • Hola, guapa, ¡cuánto tiempo!
  • Dime, solete, ¿de qué quieres el helado?
  • Claro que sí, tesoro mío, vamos a jugar a pelota.
  • Ayúdame, Dios mío, a aprender el vocativo.
  • No podrás con nosotros, maldita crisis, resistiremos.


Veis que en este ejemplo último invocamos la crisis. No es una persona, pero ocupa el lugar de la invocación y funciona de la misma manera.


  • Hola, chiquitín, ya está aquí mamá.
  • Dime, querida, ¿a qué hora tenemos la cena con los Rodríguez?


Fíjate en la siguiente oración:


  • María escucha la música.


Una frase con un verbo en tercera persona, referido a María, sin ninguna coma en ningún sitio, puesto que no sería correcta en esta frase.


Pero fíjate cómo cambia la frase, si pongo coma detrás de María:


  • María, escucha la música.


Ahora es un vocativo. María es mi interlocutora, recibe mi mensaje. Me dirijo a ella, nombrándola, para sugerirle que escuche una música que suena en la radio y que a ella le gusta mucho.

Aquí, la pausa es fundamental para saber de qué oración se trata, si de una en la que describimos lo que hace María:


  • María escucha la música.


O si de una en la que interpelamos a María, nombrándola para atraer su atención, y aconsejándole que escuche la música que está sonando.


  • María, escucha la música.


¿De acuerdo? Ahora se ve más claro, ¿verdad?, con este ejemplo.


Unas cuantas frases más:


  • Pero, Jorge, ¿aún no has hecho tu maleta?
  • ¿Por qué no has hecho aún tu maleta?, Rosa.
  • No digas estupideces, Carmen, tu desconfianza hacia Miguel es absurda.
  • Oye, Víctor, ven un poco antes hoy.
  • Desde que nos separamos, Lara, no he dejado de pensar en ti ni un solo día.
  • Déjanos solos, Rubén, por favor, tenemos que hablar de un asunto privado.
  • Catalina, espérame despierta, llego enseguida.
  • No te preocupes, Sonia, el asunto está resuelto.
  • Reflexiona, Leonor, es un paso decisivo en tu vida.
  • Piénsalo bien, hija mía, es un trabajo en el extranjero.
  • Papá, mamá, tengo que deciros algo importante.
  • Oye, listillo, ¡a ver si te atreves con este enigma!
  • A ver, so chivato, dime ahora a la cara lo que vas diciendo a mis espaldas.
  • Renata, abrígate, hace mucho frío.
  • Abrígate, Renata, hace mucho frío.
  • Hace mucho frío; abrígate, Renata.
  • Escúchame con atención, Pilar, voy a darte una noticia bomba.
  • Siéntate, Cristina, estás agotada.
  • Señor García, es usted un sinvergüenza y un estafador.


Decir una vez más, queridos amigos, que el vocativo requiere su entonación propia, peculiar de la interpelación, la cual, sin ser exagerada, tiene su tonalidad característica que seguro que estáis percibiendo a través de los ejemplos. Es importante que, en este caso, podáis cotejar estos ejemplos orales del podcast con los ejemplos escritos de la Guía Didáctica (www.spanishpodcast.org), ya que estamos hablando de signos ortográficos escritos que se corresponden, también, claro, con formas de habla propias, sobre todo en cuanto a pausas y tonos se refiere.


Pasando a otro tema y dejando ya atrás el vocativo, comentaremos también hoy que ponemos coma para sustituir un verbo omitido, un verbo ya dicho antes, o un verbo que ha sido expresado anteriormente, o simplemente que se sobrentiende por el contexto. Esto se produce cuando hay dos oraciones, separadas por punto y coma.


  • Marta se fue de compras; Lidia, a estudiar.


¿Veis? Acabamos de decir que Marta se fue de compras, con el indefinido de “ir”, “se fue”.  Y queremos usar el mismo verbo en la oración de Lidia. Pero, en lugar de repetirlo, no lo ponemos, lo omitimos (se llama “elipsis” verbal, para los que tengan examen de ELE), y lo sustituimos por una coma en el lugar en el que iría el verbo.


En el próximo ejemplo, no es una repetición, sino que no ponemos el verbo porque se sobrentiende, “sabemos” cuál es:


  • Los que estén en contra, papeleta roja.


Se sobrentiende, sin problemas, que los que estén en contra de la propuesta, levanten, o enseñen la papeleta roja para votar, por ejemplo.


Y así, el resto de ejemplos.


  • Pedro es peluquero; Jorge y Manuel, masajistas.
  • El hijo es rubio y guapo; el padre, calvo y feo.
  • Yo soy profesora; mi hermana, no.


El caso de las omisiones es típico también de las frases hechas, de algunos proverbios y refranes. Como en:


  • Perro ladrador, poco mordedor.


Sin omisiones, sería:


  • Un perro que es ladrador, es poco mordedor.


Pero así suena redundante. Por eso omitimos el verbo y sobrentendemos cuál es:


  • Perro ladrador, poco mordedor.


Otros:


  • En agosto, frío en rostro.

(Sería: En agosto notas el frío en el rostro, sin ninguna coma)


O:


  • A río revuelto, ganancia de pescadores


(Sería: Los pescadores obtienen ganancia porque pescan mucho cuando el río está revuelto).


Otros ejemplos generales:


  • El primer grupo empezará ya a subir la montaña; el segundo, en media hora.
  • Mi padre trabaja en un hospital; mi madre, en una peluquería.
  • Luisito, a la cama

(sería: “Luisito, tú te vas a la cama, ya”).

  • Yo soy arquitecto; mi novia, diseñadora.
  • Estoy enamorado de María; ella, de mí, no.
  • Su hijo mayor es muy estudioso; el pequeño, no.
  • Azucena ha nacido en Madrid; Montserrat, en Barcelona.
  • Ayer llegaste tarde a nuestra cita; hoy, también, ¿qué pasa?
  • En la cena hubo dos temas: unos hablaron de política; los otros, de negocios.
  • A mi novio le gusta bailar; a mí, ir al cine.
  • En Barcelona tienen el mar; en Madrid, la sierra.
  • Unos iban gritando; otros, cantando; pero todos, borrachos.
  • Mi padre es muy extrovertido; mi madre, muy tímida.
  • Gerardo estudia arquitectura; Luis, psicología.
  • En las grandes ciudades hay mucha polución; en el campo, aire puro.


Ahora me acuerdo de dos frases hechas más, que son muy bonitas.Una es:


  • A buen entendedor, pocas palabras bastan.
  • Obras son amores, y no buenas razones.



Nuestros últimos ejemplos:


  • A los partidos de fútbol va mucha gente; a las corridas de toros, muy poca.
  • En Navidad vamos a casa de mis padres; en Año Nuevo, a la de mis suegros.
  • Carmen llevará vestido de noche largo; Berta, tejanos.
  • Si estudias, apruebas; si no, no.
  • Nos gusta mucho el cine; el teatro, no tanto.
  • El año pasado hicimos un mes de vacaciones; este año, una semana.
  • Rogelio toca el piano; yo, la flauta.
  • Ayer fui a trabajar con el catarro; hoy, ni hablar.
  • Los que tienen invitación, por aquí; los que no, por aquella puerta.



Queridos amigos, nos vemos en unos días. Espero que este material os haya resultado útil, os haya resuelto algunas dudas, y os ayude a interpretar mucho mejor los textos escritos en español, así como a elaborar vuestros propios textos con mucha más facilidad y corrección.

Que os vaya muy bien y que sigáis progresando un poquito cada día. Un abrazo para todos.

Nos vemos. Adiós.





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